Pavarotti

Luciano Pavarotti, la mayor leyenda del bel canto del siglo XX, creció rodeado de música y pronto supo que la vocación de su padre era también la suya. En el Concurso Internacional de Canto en Llangollen (Gales), obtiene el primer premio del certamen y en 1961 Pavarotti se presenta al Concurso Internazionale de Opera, de Reggio Emilia. Es la primera vez que interpreta una ópera completa, nada menos que “La Bohème”, de Verdi, dando vida a su protagonista, Rodolfo. Su éxito es clamoroso. Pavarotti obtiene el Primer Premio del certamen y automáticamente se le abren las puertas del circuito operístico mundial. Ha nacido un mito.

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12 Octubre 1935 - 6 Septiembre 2007
Módena, Italia
Página oficial: http://www.lucianopavarotti.com/
Horóscopo : Libra

Quién iba a decirle a Fernando Pavarotti, aquel humilde panadero de Módena aficionado a la ópera, que Luciano, su único hijo varón, iba a ser la mayor leyenda del bel canto del siglo XX. Nacido el 12 de octubre de 1935, Luciano Pavarotti creció rodeado de música y pronto supo que la vocación de su padre era también la suya. Junto a él dio sus primeros pasos artísticos, en el coro del Teatro de la Comunna de su ciudad, y junto a él vivió por primera vez esa sensación mágica de subir a un escenario y emocionar al público con su voz. Fue durante el Concurso Internacional de Canto en Llangollen (Gales), donde padre e hijo obtuvieron el primer premio del certamen junto a la Coral de Gioachino Rossini.

Estamos en 1955. Ya no hay marcha atrás. El joven Luciano ha decidido dedicarse profesionalmente al canto y hacer carrera como tenor, por eso, mientras cursa estudios en la "Scuola Magistrale" -donde después de graduarse trabajó como maestro de primaria- decide continuar estudiando canto, primero con Arrigo Polo, en Módena, y luego con Ettore Campogalliani, en Mantua. El 29 de abril de 1961 Pavarotti se presenta al Concurso Internazionale de Opera, de Reggio Emilia. Es la primera vez que interpreta una ópera completa, nada menos que “La Bohème”, de Verdi, dando vida a su protagonista, Rodolfo. Su éxito es clamoroso. Pavarotti obtiene el Primer Premio del certamen y automáticamente se le abren las puertas del circuito operístico mundial. Ha nacido un mito. 

Sus primeras apariciones internacionales son en Amsterdam, Viena, Zurich y Londres en 1963. Para el año 1965, ya debuta como Edgardo, de “Lucia di Lammermoor”, en Miami, junto a la conocida soprano Joan Sutherland, en una producción que les llevaría hasta Australia y que marcaría el inicio de lo que sería una brillante historia conjunta. Pero sin duda, el hito de este año fue su debut La Scala, de nuevo en el papel de Rodolfo, el personaje que más alegrías le proporcionaría a lo largo de su carrera. Años después regresaría a Milán para interpretar a personajes como El Duque, de “Rigoletto”, Tebaldo (“I Capuleti e i Montecchi” de Bellini) y Des Grieux (“Manon” de Massenet), o el “Réquiem” de Verdi para celebrar el centenario de Toscanini en 1976.

Diez años antes el nombre de Pavarotti ya se ha consolidado internacionalmente en el Convent Garden de Londres, donde le conceden el título de “Rey de la Octava Do”. En 1967 debuta en San Francisco y en 1968, en el Metropolitan Opera House de Nueva York, donde realiza la proeza de cantar nueve do agudos en un aria de “La fille du régiment”, le vale una portada de la revista Time. Amén de su capacidad y expresividad vocal, su actuación escénica también alcanza la genialidad, sobre todo en los papeles cómicos, en los que resulta especialmente convincente. Con el paso de los años, en la medida que su voz crece y se oscurece, amplia su repertorio y a los grandes papeles para tenor lírico agrega otros más dramáticos como el Radamés de “Aida” o el príncipe Calaf de “Turandot”, culminando en 1992 con Otello, el papel más importante y difícil en la carrera de este inigualable cantante lírico.

Mucho más que un cantante
Durante la década de los ochenta y a principios de los noventa, Pavarotti se hizo popular en todo el mundo gracias a sus frecuentes recitales populares y colaboraciones con estrellas del pop. Él es el primero en concebir la ópera como un espectáculo de masas. Aún se recuerdan sus actuaciones en el Hyde Park de Londres (donde cantó frente a Carlos y Diana de Gales), el Central Park de Nueva York, en un concierto retransmitido en directo por la televisión a millones de personas en todo el mundo, o bajo la Torre Eiffel de París ante 300.000 entregados seguidores. Las actuaciones junto a sus colegas José Carreras y Plácido Domingo bajo el nombre de “Los tres tenores” marcaron un hito indiscutible en la popularización del género. A partir de 1991 y durante varios años seguidos, Pavarotti se implicó activamente con la organización War Child para recaudar fondos para la construcción de un centro de musicoterapia en Mostar. De esta forma, anualmente se organizaron conciertos en su ciudad natal, Módena, bajo el título de “Pavarotti and friends", donde además participaban otras personalidades de la música internacional.

Entre la larga lista de compañeros con los que ha trabajado se encuentran, además de los ya mencionados Domingo y Carreras, los de Montserrat Caballé, Kiri Te Kanawa, Renata Scotto, Andrea Bocelli o los directores Claudio Abado, Herbert Von Karajan y Leonard Bernstein, por citar sólo a algunos de los más conocidos. Su discografía incluye colecciones de arias y recitales, un concierto en vivo en el Carnegie Hall, antologías de canciones napolitanas e italianas y varias interpretaciones junto a cantantes ajenos al bel canto como Sting, Bryan Adams, Caetano Veloso, Celine Dion o el vocalista de los U2, Bono, con los que Pavarotti, además de dejar grabados temas para la historia, ha fraguado una gran amistad. Su disco antológico “Essential Pavarotti” fue el primer disco clásico en mantenerse en el puesto número uno de la lista de ventas inglesas… durante cinco semanas.

En enero de 2003, su compañera Nicoletta Mantovani dio a luz prematuramente a dos mellizos, pero sólo uno de ellos, Alice, ha sobrevivido. Pavarotti ya tenía tres hijas (Lorenza, Cristina y Giuliana) de su anterior esposa, Adua Veroni, de la que se separó cuando comenzó su relación con Nicoletta, hasta entonces su secretaria personal. En diciembre de 2003 y con 68 años, se casó en segundas nupcias con ésta, de 33, en una ceremonia civil celebrada en el teatro de su ciudad natal, Módena. El 7 de julio de 2006 el cantante es intervenido en un hospital de Nueva York a causa de un cáncer de páncreas. A su salida, mientras se recupera de la operación en su casa frente al Adriático, declara al Corriere della Sera: “Soy optimista y lo seré hasta la muerte".

La última vez que se escuchó la voz del gran tenor fue en julio de 2007. Luciano Pavarotti se comunicó, vía telefónica, con una ceremonia celebrada en la isla italiana de Ischia en la que se le otorgaba un premio. Para recogerlo en su nombre estaba su esposa Nicoletta Mantovani a quien se dirigió el emocionadísimo artista: “Amor, qué bonito que estéis todos ahí”. Junto a ella en el escenario, amigos y compañeros como Laura Pausini y Andrea Bocelli, al que se dirigió personalmente: “Eres la voz perfecta para hacer un dueto en mi próximo disco”. Y es que fue entonces cuando Nicoletta aseguró que su esposo seguía trabajando, preparando un disco de música sacra.

Su optimismo le llevó a disfrutar, al lado de su mujer y de su hija Alice, de los últimos días de su vida interrumpidos por sus visitas clínicas. El 8 de agosto de 2007 fue hospitalizado víctima de un estado febril y aquejado de un problema respiratorio. Tras serle realizadas varias pruebas fue dado de alta el día 25 de agosto para continuar la convalecencia en su casa de Santa Maria di Mugnano, al sur de Módena.

El estado del artista empeoró en la noche del miércoles día 5 de septiembre y perdió varias veces la consciencia, según informaron los médicos que le atendían. A primera hora de la mañana del jueves día 6 su representante, Terri Robson, comunicaba el fatal desenlace: “Luciano Pavarotti ha muerto hace una hora”. La capilla ardiente del tenor quedó instalada ese mismo día en el Duomo de Módena, para que todos los que lo desearan diesen su particular despedida al gran artista.

Los funerales por su alma se celebraron el día 8 de septiembre en el mismo templo, y a hasta él se acercaron miles de personas para dar un multitudinario último adiós a una de las voces más impresionantes de los últimos tiempos. Entre ellos, se encontraban el jefe de Gobierno, Romano Prodi, acompañado de su mujer, Flavia Franzoni, varios ministros italianos y el ex secretario general de la ONU Kofi Annan, entre otros. Asimismo, Bono, líder de la banda musical U2 y que fuera gran amigo del tenor, también quiso dar su último adiós a Luciano Pavarotti. Italia no había vivido una respuesta popular tan alta en un funeral desde la muerte del papa Juan Pablo II, hace dos años y medio.

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