Juan Pablo II

Karol Józef Wojtyla se convirtió, el 16 de octubre de 1978, en Sumo Pontífice. Aquel joven que soñaba con dedicarse a la filología, y el estudio de los clásicos, cambió su decisión al encontrarse frente a frente con el cardenal Sapieha. Desde que supo con claridad que su opción de vida pasaba por el sacerdocio, la vida de Juan Pablo II se hizo Historia.

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18 Mayo 1920 - 2 Abril 2005
Wadowice, Polonia
Horóscopo : Tauro

Nombre: Carol Jozef Wojtyla
Nacimiento: 18 de mayo de 1920
Lugar: Wadowice, Polonia

16 de octubre de 1978. Fumata blanca. El cónclave de cardenales ha tomado su decisión. Después del breve pontificado de Juan Pablo I, 33 días, la Iglesia católica tiene un nuevo líder. Se trata de un cardenal polaco que parte haciendo Historia: después de 455 años, se nombra un Papa que no tiene origen italiano. Y así, con el talante de romper suavemente tradiciones, y a favor de la reconciliación, Carol Wojtyla emprende un pontificado en el que ha recorrido más de un millón de kilómetros (récord que batió el 4 de octubre de 1995). Si se le ha conocido como el Papa viajero ha sido, sin duda, por este afán por llegar a cuantos más puntos del planeta, mejor.

Nació Carol Jozef Wojtyla en un pequeño pueblo al sur de Polonia, el 18 de mayo de 1920. Su padre, Karol Wojtyla, era un oficial del ejército austro-húngaro, y su madre, Emilia Kaczorowsky, una maestra de origen lituano, que murió cuando Carol tenía ocho años.

Su infancia no fue fácil, como tampoco lo fue su adolescencia y juventud. A la muerte de su madre le siguió, tres años después, la de su hermano. Y, con 21 años, su padre, una de las personas más importantes de su vida, moría. En ese momento, y alentado por el cardenal Sapieha, quien le había oído hablar en una recepción y quedó gratamente sorprendido por la elocuencia del joven, decidió prepararse y emprender el camino del sacerdocio.

Pero a finales de los años treinta, la realidad política de Europa andaba más que revuelta. Cuando el 1 de septiembre de 1939 las tropas de Hitler ocupan Polonia, el joven Carol Wojtyla decide organizar, junto a otros jóvenes, una Universidad clandestina para poder estudiar. Su situación es muy delicada, así es que termina trabajando como obrero en una cantera para evitar la deportación a Alemania. Durante este tiempo ayudó a escapar a familias judías de la brutal persecución del régimen nacionalsocialista. Su compromiso con los más necesitados llegó a ser tan fuerte que él mismo hubo de esconderse en los subterráneos del obispado de Cracovia. Muchos años más tarde, y ya convertido en líder espiritual de los católicos, Juan Pablo II recordó que el hecho de haber vivido en un país que luchó por su existencia le enseñó el significado de la explotación: "Me puse inmediatamente al lado de los más pobres, de los desheredados, de los oprimidos, de los marginados y de los indefensos". Una opción de vida que ha sido su guía durante tantos años de complicaciones y luchas.

En 13 de mayo de 1981 fue herido, casi mortalmente, en el atentado de la plaza de San Pedro. Pero Juan Pablo II acabó yendo a visitar a la prisión a su agresor, Ali Agca, para perdonarle públicamente por su acción.

Juan Pablo II, durante sus casi 25 años de Pontificado, ha demostrado su interés por romper resquemores pasados. De hecho, en 1983 entró en una iglesia luterana de Roma. Era el primer Papa desde el cisma de Lutero que lo hacía. Dos años más tarde, en Casablanca, habla por primera vez en una asamblea islámica. En 1986, se convierte en el primer Pontífice en entrar a una sinagoga judía. Quince años más tarde, y con un estado de salud claramente debilitado, pero una voluntad de hierro, Juan Pablo II inicia una visita de 24 horas a Grecia por primera vez desde el cisma de Oriente que dividió a la cristiandad en católicos y ortodoxos. Ese mismo año, 2001, entra en la mezquita de los Omeyas de Damasco. Es, de nuevo, el primer Papa que da este paso de acercamiento con otras culturas y religiones.

El Papa viajero, conocedor de ocho idiomas, ha basado su pontificado en tratar de unir, una vez más, lo que el hombre, década a década, guerra a guerra, se dedica a separar: la concordia y el respeto, cimientos imprescindibles para una convivencia pacífica.
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