Castilla-La Mancha

Las hoces del río Júcar: un paisaje de riscos y gargantas

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Una vista panorámica del pueblecito de la Jorquera.

Una imagen del caserío de Tolosa, otro pueblecito con encanto.

La Jorquera y las cuevas prehistóricas

Cerca de Alcalá se encuentra el pequeño caserío de Tolosa, que parece un Alcalá en pequeño, y, pasado Tolosa, aún quedan muchos otros pueblos interesantes a lo largo de toda la garganta del Júcar.
El principal es Jorquera, cuya estratégica situación, sobre un recodo del río Júcar, fue aprovechada por romanos y árabes. Dicen que su actual nombre proviene de cuando estos últimos tuvieron que abandonar la plaza en manos cristianas, dejándola mejor que era. Jorquera conserva murallas, castillo, una monumental iglesia, casas con escudos y el torreón conocido como «de la reina blanca», relacionado con la leyenda de una bella dama raptada del castillo. La torre fue levantada por orden del enigmático marques de Villena, por lo cual se la supone acompañada de historias increíbles, extrañas y seguramente verdaderas.

En las paredes del barranco por el que circula el río se divisan numerosas cuevas, en su mayor parte inaccesibles, excavadas en la propia roca. No se conoce con certeza si fueron habitadas ni quiénes las habitaron, pero se han encontrado en su interior restos de animales prehistóricos, de modo que se ha disparado el interés por desentrañar su historia.
Entre las más espectaculares se encuentra la del "cerro de la horca", situada en medio del farallón en una zona sobrevolada por halcones. La única manera de entrar en ella, como en casi todas, pasa por descolgarse con cuerdas desde lo alto, como quizá hacían, habitualmente, sus habitantes hace miles de años.
La cueva más famosa de todas las llamadas, en La Manchuela, «cuevas de moros», es la que sirvió de vivienda al Rey Garadén (la palabra «garaden» significa precisamente cueva en árabe). Está situada cerca de la ermita de San Lorenzo, lugar de tradicional romería en agosto, y es uno de los pocos ejemplos en nuestra Península de cueva fortificada. No podían fallar en ella historias de tesoros escondidos, aunque más abundantes que el oro son otro tipo de hallazgos, como las hachas pulimentadas de Alcozarejo o el cementerio tardorromano del «cerro pelao».

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