Un paseo por los pueblos más bonitos de La Vera

Una naturaleza desbordante, buenas muestras de arquitectura popular y una gastronomía de primera unen a los pueblos de esta mágica comarca a apenas dos horas de Madrid, que bien merece una visita.

A La Vera hay que ir a degustar el mejor pimentón del mundo, a pasear por sus bellos senderos, a darse un baño en sus gargantas –mejor en verano si no se quiere arrecir (morir de frío)–, a descubrir sus pueblos de arquitectura popular y a sentarse al fresco para escuchar las historias de los pocos vecinos que permanecen todo el año en él, hombres y mujeres curtidos de trabajar el campo y siempre dispuestos a compartir un trozo de pan de pueblo y un chorizo de matanza. Porque de estas tierras uno sale tupío (lleno) de comer, en paz consigo mismo y con la cámara llena de fotos.

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GUIJO DE SANTA BÁRBARA

A 900 metros de altitud, Guijo de Santa Bárbara es el pueblo más alto de la comarca, por eso se le conoce como el balcón de la Vera. Un pueblo encantador, con casas de adobe y madera y calles de piedra donde en un paseo descubrirás su lavadero –al que todavía acuden algunas guijeñas a lavar a la antigua usanza–, con la iglesia de Nuestra Señora del Socorro y con el antiguo ayuntamiento, convertido en Centro de Interpretación de la Reserva Regional de Caza La Sierra. Para disfrutar también, su privilegiado entorno, que invita a calzarse las botas y a echarse a andar sierra arriba, siguiendo alguna de sus rutas senderistas, como la que lleva a la garganta natural El Trabuquete o a la ermita de Nuestra Señora de las Nieves. No se puede ir uno de este lugar sin probar su pan, famoso en toda la comarca. 

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JARANDILLA DE LA VERA

A Jarandilla también llegó Carlos V antes de retirarse al monasterio de Yuste. Pasear por sus calles, visitar la iglesia de Nuestra Señora de la Torre y, por supuesto o admirar la antigua residencia de verano de los Condes de Oropesa –hoy convertida en parador– en la que descansó el monarca son algunos de sus imprescindibles. Los amantes del senderismo encontrarán en este pueblo con vistas a la sierra de Gredos el punto de partida de la ruta del Emperador, que sigue sus pasos por el antiguo camino que unía Jarandilla de la Vera con Cuacos de Yuste, pasando por Aldeanueva de la Vera, un recorrido de 10 kilómetros (solo ida)

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GARGANTA LA OLLA

Hasta Garganta la Olla nos lleva una leyenda, la de La Serrana de la Vera, quien, abandonada por su amado cuando iba a casarse, decide retirarse a vivir a la sierra y cobrar su venganza seduciendo a los hombres para después matarlos. Pero no solo de historias vive este pueblo. Su arquitectura popular, con sus casas señoriales, la Casa de la Seda –residencia ocasional de los Duques de Alba–, la casa de las Muñecas –antiguo prostíbulo delatado por su fachada azul–, la iglesia del siglo XVI de San Lorenzo o la porticada plaza mayor con la picota del suplicio en el centro dan buena fe de la riqueza que le ha valido el título de conjunto histórico. Para los que quieran darse un baño, a la entrada del pueblo está la Garganta Mayor, una zona tranquila en la que perderse por sus senderos.

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CUACOS DE YUSTE

Que el emperador Carlos V escogiera esta villa verata –declarada conjunto histórico– para pasar sus últimos años dice mucho de su riqueza patrimonial y natural. El monumental monasterio-palacio de Yuste en el que se alojó el monarca, hoy residencia de los monjes paulinos, contrasta con las casas apiladas de adobe y entramado de madera y con su plaza mayor porticada, lugar de encuentro de sus vecinos. Para ver también la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en cuyo interior destaca un órgano del siglo XVI fabricado en Amberes y que tiempo atrás estuvo en el monasterio.   

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VILLANUEVA DE LA VERA

Dar un plácido paseo por las callejuelas de su encantador casco antiguo es la mejor opción para conocer Villanueva de la Vera. Tiene una de las plazas más bonitas de la comarca, en la que hacer un alto para degustar un vino de pitarra acompañado de unos tasajos (carne seca de cabra) A las afueras del pueblo espera la cascada del Diablo, una sucesión de saltos de agua de más de 20 metros digna de admirar. En Carnaval, no hay que perderse el Peropalo, fiesta de interés turístico nacional que simula un juicio a un malhechor encarnado en un muñeco de tamaño natural con el cuerpo relleno de paja y la cabeza de madera. Música, bailes y buena comida se aúnan en esta cita tradicional.

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LOSAR DE LA VERA

Rodeado de charcos naturales –especialmente de la espectacular garganta de Cuartos– Losar de la Vera es un referente nacional del arte de la jardinería. En sus calles, además de arquitectura popular, verás diferentes esculturas de setos que parecen obras sacadas de la mítica película de Tim Burton, Eduardo Manostijeras, y que se han convertido en la seña de identidad de este pueblo. A las callejuelas de su casco antiguo asoman fachadas con balconadas, que se tiñen de rojo en otoño por las ristras de pimientos que cuelgan de ellas. 

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VALVERDE DE LA VERA

Es en este pueblo dispuesto en forma de cruz donde más se aprecia la arquitectura popular verata. Llaman la atención las regueras de sus empinadas calles, en las que en días lluviosos el agua corre como un río. De imprescindible visita son el castillo de Don Nuño, la construcción militar más importante de la comarca, y la iglesia del siglo XVI de Nuestra Señora de Fuentes Claras. Si se visita en Semana Santa, no hay que perderse Los Empalaos, fiesta de interés turístico nacional en el que, como penitencia personal, los empalaos realizan un vía crucis descalzos por las calles del pueblo la noche del Jueves Santo acompañados de los cirineos.

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