Aranda de Duero, la capital del lechazo y del vino, en 10 imprescindibles

Un lechazo asado acompañado de una torta de Aranda y de vino de la Ribera del Duero es una felicidad tan grande y un reclamo tan poderoso que muchos viajeros vienen a esta villa burgalesa, comen eso y se marchan sin hacer nada más. Ver a un tonelero en acción, huir de una escape-room medieval y visitar un museo de aromas son otros planes imprescindibles, sobre todo si se es vegetariano.

EL LECHAZO DE LA ETERNA JUVENTUD

En 1943, el niño Martiniano Palomero era pastor. En los 60, abría una casa de comidas en Aranda. En 1983, un asador en Madrid. Hoy hay 17 restaurantes Asador de Aranda (asadordearanda.com) repartidos por España, incluido el de la propia villa burgalesa. Solo aquí se asan 50 corderos a la semana. Los cuartos de lechazo churro se meten en el horno sobre las 12 del mediodía con agua, manteca, sal y las brasas de 20 kilos de leña de encina, y a las 14 horas ya están en su punto. Como lo está Martiniano, que a sus 87 años sigue al pie del cañón, saludando a los comensales y cantando alegres jotas que él mismo escribe. Demostrado: el elixir de la eterna juventud es el lechazo asado de Aranda.

TORREMILANOS: HOTEL, BODEGA Y TONELERÍA

En tierra de vinos apetece descansar en un lugar como Torremilanos (torremilanos.com), un hotel de cuatro estrellas rodeado de hermosos viñedos. Porque, además de hotel, es una bodega centenaria que elabora excelentes caldos (recomendamos el Peñalba López Pinot Noir), que hace cava (caso único en Castilla y León) y que fabrica sus propias barricas. De esto último se ocupa Gheorghe Tutulea, que lleva hechas más de 4000 barricas en 15 años. En España tienen tonelería propia Torremilanos y cuatro bodegas más.

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VIAJE AL FONDO DE LA EDAD MEDIA

En Aranda hay 135 bodegas subterráneas medievales, que forman un laberinto de siete kilómetros bajo el casco antiguo. Bodegas como la de Las Ánimas, que ahora es parte del CIAVIN, Centro de Interpretación de la Arquitectura del Vino, y se visita con guía (tel. 947 51 04 76). En el asador El Lagar de Isilla (lagarisilla.es) también se puede ver una bodega del siglo XV, a 12 metros bajo tierra. Subiendo y bajando sus 59 escalones se quema la comida.

UNA ESCAPE-ROOM DEL SIGLO XIII

La bodega subterránea más curiosa de Aranda, con diferencia, es del siglo XIII y está situada en la calle Cascajar, a 100 metros de la iglesia gótica de Santa María, que la empresa Ribiértete (ribiertete.com) ha transformado en una escape-room. Un monje aterrador recibe e informa a los participantes: «Cuanto más bebáis y más comáis, más fácil os será hallar la salida». Es evidente que el vino y las tapas se sirven a continuación no son un piscolabis de cortesía y que la clave para huir (la primera de muchas claves) está en acabarlo todo. Hay 50 minutos para escapar.

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ARTE SACRO Y SURREALISTA

No todo va a ser comer y beber en Aranda. Además de bodegas y asadores, hay museos. Vale la pena acercarse al de Arte Sacro (museosacro.es), aunque solo sea para ver su ubicación (la iglesia de San Juan, con una soberbia portada gótica) y su entorno (la morería, el puente medieval…). Justo enfrente está el Museo Casa de las Bolas, donde se expone una parte de la importante colección artística reunida por el ingeniero de minas segoviano Félix Cañada, que pasó su infancia en esta villa burgalesa, así como las 100 ilustraciones que Dalí hizo para la Divina comedia por encargo del Gobierno italiano en 1965, al cumplirse 700 años del nacimiento de Dante.

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MUSEO DE LOS AROMAS

La mayoría de los museos están pensados para que el visitante vea, oiga y, los más interactivos, toque. En Santa Cruz de la Salceda, a 16 kilómetros de Aranda, hay uno para oler: el Museo de los Aromas (museodelosaromas.com). Es un museo único en Europa e ideal para ir con los más pequeños de la casa, pues el recorrido es un puro juego: todo se examina, se compara y se adivina husmeando. En el museo hay los aromas del recuerdo, los que sanan, los que enferman, los de peligro, los del vino, los del café, los del aceite, los perfumes… Y así hasta 92 aromas.

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LLEVARSE UN CORDERO A CASA

Yendo a Aranda, o volviendo, se ha de parar en Fuentespina, a 4,5 kilómetros de la ciudad, para adquirir en Bodegas Fuentespina (vinosribera.com) el lechazo envasado al vacío de Paradilla 143 (paradilla143.com), que Eduardo Abad cría, cocina y conserva de forma meticulosa en su finca de Pardilla. Lo hace con tanto amor que nadie nota la diferencia entre un cordero suyo precocinado y otro asado de forma tradicional. De hecho, buenos asadores echan mano de estos lechazos envasados los días en los que no compensa encender el horno. También se puede aprovechar la parada en Bodegas Fuentespina para llenar el maletero de vino, morcilla, paté, miel y dulces artesanos de la comarca.

BUENAS TORTAS Y MEJOR HOJALDRE

El lechazo asado se puede comer sin entrantes, sin ensalada, casi sin beber vino ni agua. Pero no sin pan, y qué mejor que la tradicional torta de Aranda. Esta torta dorada, aceitosa y de miga esponjosa la hacen en Pastelerías Tudanca (grupotudanca.com). Hay una tienda en la céntrica calle Isilla, 13, pero el obrador está en Antonio y Manuel Cebas, 3. Aquí además se elabora y se vende congelada una masa de hojaldre que usan en sus restaurantes prestigiosos chefs, como Pepe Rodríguez o Mario Sandoval, porque hacerla mejor es casi imposible.

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MÚSICA EN DIRECTO

El Café Central (cafecentralaranda.com) es un local clásico y acreditado de la ciudad, con más de 30 años de vida, que está decorado con guitarras, sombreros y otros recuerdos de famosos rockeros y donde se escucha buena música en directo. La alternativa para esto último es esperar al Festival Sonorama (sonorama-aranda.com), que se celebrará en Aranda del 12 al 16 de agosto. Tocarán Amaral, Leiva, Loquillo, Coque Malla, Celtas Cortos, El Drogas y 57 más.

DEPORTE A ORILLAS DEL DUERO

Para hacer vida sana en Aranda está la senda del Duero (lasendadelduero.com), un sendero de 755 kilómetros que bordea el río desde su nacimiento en Soria hasta la frontera portuguesa, pasando por aquí. Si cruzamos el Duero por la pasarela que hay a la altura del parque El Barriles y avanzamos aguas abajo por la margen izquierda, veremos que el camino está perfectamente acondicionado los siguientes cinco kilómetros, con bancos en la orilla. 

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