El Algarve en flor o una escapada de invierno al sur de Portugal

Como cada año, entre enero y marzo, esta región portuguesa cambia de color. Es el momento en que florecen los almendros y sus campos se transforman en un cuadro impresionista de tonos rosas y blancos. El espectáculo invita a hacer rutas por la naturaleza, a disfrutar de la gastronomía y, este año como novedad, a participar, el 1 y 2 de febrero, en el primer Festival de los Almendros en Flor.

A la zona agrícola del sur del Algarve, una gran línea horizontal entre la montaña y la playa, se la conoce como el Barrocal. En ella crecen miles de almendros que, durante su floración, regalan un espectáculo único del que ya podemos disfrutar. Que estas grandes extensiones de almendros existan en este rincón luso tiene su explicación, al menos la leyenda cuenta que en los tiempos en los que el Algarve era Al-Gharb, el califa Ibn-Almundim quiso contentar a su mujer, una joven princesa nórdica que se sentía muy triste porque echaba de menos los paisajes nevados de su tierra, plantando miles de almendros en este rincón portugués para que, una vez al año, los alrededores del castillo se vistiesen de blanco.

Esa es la leyenda, la realidad es que la presencia de este cultivo responde al clima benévolo de la zona, a las condiciones del terreno y a la rentabilidad de su fruto. Y hoy esas grandes extensiones de almendros, además, atraen a miles de visitantes durante su floración.

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FESTIVAL DE LOS ALMENDROS EN FLOR

En Alta Mora, un pequeño pueblo del municipio de Castro Marim, se celebra este acontecimiento por todo lo alto, con rutas guiadas y propuestas gastronómicas, pero este año, como novedad, suma la primera edición del Festival das Amendoeiras em Flor, el Festival de los Almendros en Flor. Un evento que combina naturaleza, gastronomía y cultura y permite descubrir el lado más natural y tradicional del Algarve, el de sus pueblos de montaña.

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A lo largo de dos días se puede participar en recorridos a pie por los alrededores para descubrir la orografía serrana: los arroyos que recorren los valles, las montañas de alrededor y los campos de almendros. Y, además de caminar, podemos comprar productos típicos, como el queso de cabra en el mercado local, participar en juegos tradicionales, disfrutar del teatro, de fados, de conciertos de música folk y asistir a talleres gastronómicos.

CAMINO DE LOS ALMENDROS

Si no se llega a tiempo para el primer fin de semana de febrero, siempre están los senderos que rodean al minúsculo pueblo de Alta Mora, como el llamado PR8 o Camino de los Almendros, una ruta circular de unos 11 kilómetros que conecta Cruz de Alta Mora, Soalheira, Caldeirão, Pernadeira, Funchosa de Baixo e de Cima.

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Desde el camino, se vislumbran los campos de almendros floridos, los paisajes montañosos, las jaras y las higueras. Y, con un poco de suerte y atención, se descubre el rastro de conejos, perdices, liebres y jabalíes que habitan en el entorno.

CON MUCHO SABOR

Y del paisaje, a la mesa. Como no podía ser de otra manera, la almendra, la amêndoa, es un ingrediente fundamental en la gastronomía algarvía. Acompaña todo tipo de recetas, pero sobre todo se utiliza en repostería. Con ella se elaboran dulces como la azevia, una especie de empanadilla dulce, tradicional de la Navidad, que lleva almendra, batata y calabaza; también los famosos queijinhos de figo que mezclan dos de los ingredientes básicos de la zona, el higo y la almendra, los bolinhos y el morgadinho, con almendra y cabello de ángel. Y para degustar también uno de los licores más populares de la región, la amarginha, que incorpora altas dosis de la variedad amarga de este fruto.

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