De faro en faro por Formentera, magia sobre el mar

Mágicos, misteriosos y muy fotogénicos. Para celebrar el Día Mundial de los Faros el próximo 7 de agosto, ponemos nuestra mirada en algunos de los más emblemáticos de esta isla de Baleares.

De la pequeña de las islas pitiusas gusta su tranquilidad, sus playas de aguas cristalinas y sus espectaculares paisajes. También las espléndidas puestas del sol. Todo ello tiene un nexo común: sus faros, que, en verano, son un lugar perfecto para hacerse los mejores selfies y ver caer el sol. En invierno, en cambio, se transforman en escenarios de paz y calma.

En el punto más meridional del archipiélago balear, entre rocas y acantilados, se encuentra el faro de Cap de Barbaria (Cabo de Berbería), rodeado de un impresionante paisaje rocoso. Aunque no está muy claro el origen de su nombre, es posible que se deba a la cercanía de las costas africanas, conocidas como bárbaras, desde donde se atacó varias veces a la isla. Observar en este lugar el tono rojizo, dorado o púrpura del cielo durante el ocaso es asistir a uno de los mejores atardeceres del Mediterráneo.

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Caminando 150 metros hacia el oeste se encuentra la torre de defensa de Des Garroveret, que formaba parte del conjunto de vigilancia contra los ataques piratas. También interesante en la zona es Cova Foradada, un pequeño agujero en el suelo por el que, a través de una gruta, se llega a un balcón sobre el mar.

El faro de la Mola, el más antiguo de Formentera, está situado en uno de los enclaves más espectaculares de la isla. Construido sobre un acantilado de más de 120 metros de altura, ofrece todo un espectáculo nocturno con un despliegue de doce haces luminosos que giran entre el mar y la tierra. Tan solo ha dejado de funcionar en dos ocasiones desde que se inauguró en 1861.

Cuenta la historia que Julio Verne escribió su novela Hector Servadac inspirándose en la isla y en este faro. Una placa conmemorativa de 1978 recuerda que el escritor convirtió la Mola en el lugar donde transcurre la acción de dicha novela y que seguramente también inspiró su obra El faro del fin del mundo. Alrededor de él existen varios senderos por los que se puede pasear cerca del acantilado y disfrutar de la inmensidad del mar.

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El faro de Pou está situado en otro pequeño islote frente a la isla de Espalmador llamada Illa d´es Porcs (Isla de los Cerdos). Tiene destellos de haces de luz cada 20 segundos y hasta una distancia de once millas. Su lámpara se eleva a 28 metros sobre el nivel del mar.

Levantado por Emili Pou para balizar la zona del Freo Grande, que separa Ibiza de Formentera, el faro fue inaugurado en 1864 y consistía en una construcción de planta cuadrada en cuyo centro se elevaba la torre. Tal es su proximidad al mar, que el agua llegaba a entrar en las viviendas de los torreros, las personas que lo cuidaban, vigilaban y vivían en él. Fue uno de los primeros en automatizarse.

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El faro de La Savina se encuentra en las rocas cercanas a su puerto principal. Es el primero que se ve cuando se entra en la isla y el que despide a los viajeros cuando se sale de ella. Está situado muy cerca del bello estany del Peix, un magnífico lago con entrada al mar, que crea un puerto casi totalmente cerrado y donde toman asiento numerosas embarcaciones de pesca y deportivas.

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