Un hermoso recorrido por la costa vasca francesa entre Hendaya y Bayona

Antiguos puertos balleneros y casas de entramado de madera. Imponentes acantilados y olas óptimas para el surf. Es lo que encontraremos en este cercano tramo de costa, la más bella al otro lado de la frontera, en una ruta que parte de Hendaya y nos lleva hasta Bayona por la Corniche Basque.

POR PLAYA DE HENDAYA

Hendaya es el punto de partida de esta ruta que se inicia a apenas 24 kilómetros de San Sebastián atravesando la frontera por la autopista del Cantábrico. Una vez llegamos a esta localidad es como si alguno de los genios de la mitología vasca hubiera cogido lo más bello de la costa vasca española (los palacetes de Getxo, los acantilados de Zumaia, el inmenso arenal de Zarautz con sus surfistas y sus casetas a rayas…) y lo hubiera reunido justo a este otro lado de la frontera, en Ondarraitz, la deliciosa playa de Hendaya. Es la perfecta playa vasca, mide tres kilómetros y está bordada de casas de estilo neovasco de principios del siglo XX. En medio se alza el antiguo Casino Croisière, y al fondo, frente a la punta de Santa Ana, lo hacen las icónicas rocas Gemelas.

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SAN JUAN DE LUZ

De Hendaya se sale por la carretera D-912 bordeando la Corniche Basque, diez kilómetros de costa acantilada donde la erosión ha dejado al descubierto un alucinante paisaje de estratos rocosos. En un extremo de este espacio natural, el más próximo a Hendaya, se levanta el extravagante castillo-observatorio Abbadia. En la otra punta, el fuerte de Socoa, que protege la bahía que comparten Ciboure y San Juan de Luz.

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Atravesando la localidad marinera de Ciboure y la desembocadura del río Nivelle se entra en San Juan de Luz. Aparte del propio puerto, que está rodeado de nobles edificios y dos preciosos faros, lo más curioso de esta villa es la iglesia de Saint-Jean-Baptiste, con unas monumentales galerías.

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GETARIA Y BIDART

De San Juan de Luz hay que partir hacia Getaria (Guéthary), población homónima a la guipuzcoana, que estuvo consagrada en su día a la caza de la ballena. Tiene un puerto tan bonito y tan pequeño, que es poco más que un rompeolas y una rampa donde se apiñan una docena de barcas. Al ladito está Bidart, un pueblo vasco de manual, con sus casas blanquirrojas de entramado de madera arracimadas alrededor del frontón, la iglesia y el ayuntamiento, sobre una cornisa desde la que se divisa toda la costa que se lleva recorrida.

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BIARRTIZ

Desde Bidart, en apenas 15 minutos de carretera, se llega a Biarritz, la reina de la playa y la playa de los reyes, la ciudad de las ruletas y de los hoteles palaciegos y la capital europea del surf. La localidad cuenta con 18 escuelas de surf, entre ellas la de Jo Moraiz (jomoraiz.com), la más veterana del lugar (desde 1966), por la que pasan cada año cerca de 3.000 alumnos, desde los 6 hasta los 77 años. Se ofrecen desde clases de una hora para niños por 35 €, hasta cursos intensivos de cinco días (tres horas al día) por 340.

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Y para los que no quieren mojarse, en Biarritz, además de en su playa, es posible surfear virtualmente en La Cité de l’Océan (citedelocean.com/es/), un edificio en forma de ola donde realizar experiencias interactivas y de inmersión además de conocer mejor los océanos.

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BAYONA, ÚLTIMA PARADA

Ocho kilómetros hacia el interior separan Biarritz de la última parada de nuestra ruta, la localidad de Bayona. Situada en la confluencia de los ríos Nive y Adur, que reflejan como un espejo sus casas de estilo vasco, conserva parte de sus murallas y un hermoso casco histórico sobre el que sobresalen las agujas de su catedral gótica.

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A un paso, en la peatonal rue de Port Neuf, varias confiterías, la más antigua Cazenave de 1854, justifican por qué Bayona es la capital francesa del chocolate. También hay un secadero, un museo y varios comercios con el jamón de Bayona como protagonista que se cura durante al menos siete meses usando sal de la cuenca del Adur y pimentón de Espelette.

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¿DÓNDE DORMIR?

El sueño de cualquiera es alojarse en el Hotel Du Palais (hotel-du-palais.com) de Biarritz, el que fue palacio de la emperatriz Eugenia de Montijo. Una opción más asequible en la misma población es el Mirano (hotel-mirano-biarritz.fr), un hotelito de alegre decoración setentera y atención personalizada en una tranquila zona residencial. 

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En San Juan de Luz, Les Almadies (hotel-les-almadies.com), un hotel de solo siete habitaciones sito en una casa tradicional de la rue Gambetta, la principal calle peatonal de la villa.

Y en Bayona una elección acertada es el Hotel Des Basses Pyrenees (hotel-bassespyrenees-bayonne. com), un cuatro estrellas con mucho charme, vistas a la muralla y restaurante aceptable.

¿DÓNDE COMER?

Si gusta comer bien a cualquier precio, hay que probar alguna de las muchas estrellas Michelin que hay en esta costa, como Kaiku (kaiku.fr), en San Juan de Luz, Briketenia (briketenia.com), en Getaria, o Les Rosiers (restaurant-lesrosiers.fr), en Biarritz.

Para presupuestos más ajustados también hay buenas alternativas, como los ricos bocadillos de Barmout en Hendaya, el curioso bufé de cocina vasca y malgache de Bonnat Vola, en Bidart, o el menú casero de Auberge du Petit Bayonne (auberge-du-petit-bayonne.fr), en Bayona.

Y para los dulceros, dos imprescindibles: los macarons de Maison Adam (maisonadam.fr), en San Juan de Luz, y el chocolate caliente de Cazenave (chocolats-bayonne-cazenave.fr), en Bayona.

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