Aveiro, la Venecia portuguesa y otras sorpresas en la ría

Los barcos de proa curva que surcan los canales de Aveiro son la imagen más conocida de esta ciudad de la costa central portuguesa. Pero a su alrededor se ven campos de dunas, salinas tradicionales, un acuario de bacalaos y la cuna de la famosa porcelana Vista Alegre. Todo perfecto para ir enlazando en una ruta.

Hay quienes vienen a Aveiro atraídos por el eslogan que dice que es la Venecia portuguesa y, cuando descubren que solo hay cuatro canales y que las góndolas locales (los moliceiros) andan con gasoil, se desilusionan un tanto. La verdad es que Aveiro, como ciudad, no puede compararse con Venecia. En realidad, ninguna del mundo puede. Otra cosa es la ría de Aveiro, que es una laguna costera enorme donde los sedimentos depositados por los ríos Voga, Antuã, Boco y Fontão y las arenas arrastradas por el océano han creado a lo largo de los siglos un fabuloso paisaje anfibio, salpicado de islas, playas kilométricas, complejos dunares y salinas boyantes de avifauna. Esto sí que no decepciona a nadie.

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Esta ruta comienza en Ílhavo, a orillas del río Boco y a 8 kilómetros al sur de Aveiro, que a pesar de lo mucho que ha cambiado en los últimos tiempos, no ha olvidado sus orígenes marineros. Prueba de ello es su Museo Marítimo, un espléndido edificio dedicado a lo que más quieren los portugueses en el mundo, después de Cristiano Ronaldo: el bacalao. Y donde además se puede subir a bordo de un velero de madera.

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Además de sal, en la ría de Aveiro había lo necesario para hacer excelente cerámica: minerales, barro y arenas blancas. Así que en 1824 se fundó en Ílhavo la fábrica de porcelana de Vista Alegre, la más famosa de Portugal. En el museo del complejo hoy puede verse cómo los diestros artesanos pintan a mano piezas especiales. También acoge dos tiendas y un lujoso hotel con vistas a la ría.

En Aveiro, todos los caminos conducen a los embarcaderos del Canal Central, junto al Jardim do Rossio, donde atracan los moliceiros, esos larguiruchos barcos de proa rampante, fondo plano y vivos colores que se usaban en tiempos para cosechar el moliço, las algas de la ría, y hoy para dar paseos. A ambos lados del canal, se ve un buen puñado de casas modernistas y otro no menor de confiterías donde se venden los típicos ovos moles, yemas envueltas en una fina oblea, con forma de concha, caracola o pez. 

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Al lado mismo del Canal Central se encuentra el barrio marinero de Beira Mar, que es otro imán, con sus casitas de colores chillones, su mercado do Peixe y sus restaurantes de pescado. También hay monumentos en Aveiro, como el antiguo monasterio de Jesús, hoy museo. Pero lo más interesante de la ciudad es la Marinha da Troncalhada, unas salinas situadas a solo 10 minutos a pie del centro, donde es un espectáculo hipnotizante ver a marnotos (salineros) cosechando el oro blanco con los mismos útiles de madera que se usaban aquí hace mil años. Las salinas son también un sitio idóneo para observar aves: cigüeñuelas, charrancitos, chorlitejos patinegros, garcetas, flamencos… 

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La autopista A-25 acerca en un parpadeo a las playas de Barra y Costa Nova, dos inmensos arenales en la restinga que separa la ría del mar. No son playas dulces, sino bravas, con fuerte oleaje y dunas que sepultan de un día para otro las pasarelas de acceso. La primera presume de su faro, un coloso blanquirrojo de 62 metros, el más alto del país. Costa Nova, de sus monísimas casas pintadas a rayas rojas, verdes, azules o amarillas, como los palheiros en que los pescadores guardaban antiguamente las redes. 

Para acabar, hay que acercarse al rincón más salvaje y estremecedor de la ría de Aveiro: la Reserva Natural das Dunas de São Jacinto. Son 700 hectáreas de dunas móviles y fijas (con pinares), y un playazo del fin del mundo donde el oleaje, el viento y la estricta soledad ponen la carne de gallina. Desde Aveiro, se puede ir en coche a São Jacinto cruzando la bocana de la ría a bordo del ferri que zarpa de Forte da Barra o dando un rodeo de casi 50 kilómetros por carretera. Se tarda lo mismo: cerca de una hora.

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GUÍA PRÁCTICA

Cómo llegar

Aveiro y su ría están bien comunicadas con España a través de la autopista A 25, que se coge nada más cruzar el paso fronterizo de Fuentes de Oñoro (Salamanca). Desde aquí hasta Aveiro hay 190 kilómetros, menos de dos horas de camino. Desde Salamanca son tres horas de viaje. Desde Ávila, cuatro. Y desde Madrid, cinco.

Cómo moverte

En la ciudad de Aveiro, lo mejor es dejar el coche en el aparcamiento del centro comercial Forum (Batalhão Caçadores, 10), que está pegado al Canal Central, y moverse a pie o dar un paseo en barco. Viva a Ria (vivaaria.com), Aveitour (aveitour.com) y Onda Colossal (ondacolossal.pt) son algunas de las empresas que ofrecen rutas en moliceiro por los canales de Aveiro. Cuestan 10 €.

Dónde dormir

El mejor hotel de la ría, con diferencia, es el Montebelo Vista Alegre (hotelmontebelovistaalegre.pt), un cinco estrellas con spa dentro del complejo histórico de la famosa fábrica de porcelana, en Ílhavo. En Aveiro, dos elecciones óptimas son el pequeño Hotel das Salinas (hoteldassalinas.com), con vistas al Canal Central, y el Aveiro Rossio Hostel (aveirorossiohostel.com. 

Dónde comer

Dos apuestas seguras en Aveiro son el restaurante especializado en bacalao Salpoente (salpoente.pt), en un antiguo almacén de sal, y el pequeño y trendy O Bairro (+351 234 338 567), junto al mercado do Peixe. En la playa de Barra, Chisha Bistrot (+351 234 338 567). Y el lugar que tiene fama de servir el mejor pescado de la comarca A Peixaria (restauranteapeixaria.pt), en São Jacinto, al otro lado de la ría. 

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