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Cómo visitar la Gran Muralla, la maravilla número 1 de China

Tomando Pekín como punto de partida, se pueden conocer algunos de los tramos más turísticos o más salvajes de esta colosal muralla. Y aún más allá, hasta acampar en algunas de sus torres desde donde aguerridos centinelas de la dinastía Ming hacían frente a las temidas hordas de Gengis Khan. Aquí tienes algunas claves para empezar a descubrirla.

by ALEJANDRA PEÑALVER

La Gran Muralla china es una de las obras de ingeniería más colosales de la humanidad. Un delirio de los sucesivos emperadores de la dinastía Ming. A ellos corresponde la parte de muralla más transitable y conocida en nuestros días, pero la idea surgió de las ínfulas megalómanas del primer emperador chino, Qin Shi Huang (221 AC), el mismo que hizo germinar el primer proyecto de nación china y que mandó sepultar un ejército de guerreros de terracota a escala real para que velaran por su alma en su lecho de muerte.

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CERCA DE 8.000 KILÓMETROS

Dos mil años después, la muralla ocupa el lugar que le corresponde. Un prodigio que en 2007 fue elegida una de las nuevas Siete Maravillas de Mundo Moderno. Como la espalda serpenteante de un dragón, se extiende entre las lejanas cumbres de los cerca de 8.000 kilómetros que se le calculan. Aunque no hay que engañarse, ni la construcción se mantiene incólume al paso del tiempo ni el trazado es continuo. Mas al contrario, a menudo solo perduran tramos inconexos. Muros soterrados, paredes erosionadas por el viento en los tramos que llegaron al inhóspito desierto del Gobi y atalayas de las que apenas se conservan los cimientos. Aún así, todavía quedan cientos de kilómetros transitables –al menos 14 tramos oficiales– que son la delicia de los amantes de la naturaleza, el senderismo y la Historia. 

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LOS TRAMOS MÁS VISITADOS

Badaling, Mutianyu y Juyuanguan son las secciones más visitadas durante todo el año por ser las más próximas a la capital –no más de 80 kilómetros al norte– y por su fácil acceso. Se puede llegar en transporte público por apenas 15 yuanes (menos de dos euros). Lamentablemente, las numerosas restauraciones han provocado que estos tramos hayan perdido parte de su encanto, pero sirven para hacerse una idea de las proporciones. Escapada ideal de un día.

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LOS TRAMOS MÁS SALVAJES

Para captar el verdadero esplendor de este enclave único es preciso arriesgar y dejarse llevar por los abruptos y desabridos terrenos de la denominada Gran Muralla Salvaje, entre Jiankou y Mutianyu. La distancia entre ambos bastiones es de 20 kilómetros, aunque la ruta empieza a medio camino de Jiankou, cubriendo un pedregoso recorrido de nueve kilómetros, perfectamente transitable en cinco horas. Eso sí, hay que estar en forma porque no es ruta para principiantes. No en vano está considerada la sección más peligrosa de la muralla. Nunca ha sido restaurada en este tramo, por lo que abundan terrenos pedregosos y pendientes imposibles. En ocasiones llegan a alcanzarse los mil metros de altura, ideales para senderistas entrenados y libres de vértigo.

La ruta arranca en Xizhazi, una pequeña aldea 90 kilómetros al norte de Pekín, desde donde se inicia un zigzagueante sendero que conduce a Ox Horm, la cumbre más desafiante de esta sección y desde cuya cima se puede apreciar una espectacular panorámica de lejanas y olvidadas cumbres. Marco idóneo para dejar volar la imaginación y avistar a lo lejos las hordas de bárbaros mongoles acechando a las puertas. Plan perfecto de dos días haciendo noche en algunas de las casas que los vecinos de estas impetuosas montañas han habilitado para acoger al ‘peregrino’.

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EL TRAMO MÁS ALEJADO DE PEKÍN

El tramo entre Gubeikou y Jinshanling es el más alejado de Pekín, a unos 160 kilómetros al noreste, pero quizá el más propicio para que el recuerdo sea imborrable. Pasar la noche imaginando qué debían de sentir los centinelas apostados en aquellas remotas atalayas bajo un imponente manto de estrellas, con la luna de fondo y en medio de la más inmensa oscuridad. O despertar al alba con un amanecer digno de recios emperadores. Si algo ofrece este tramo es la posibilidad de convertirse en testigo de la historia por unos instantes. Por fortuna, aún no cuenta con una afluencia masiva de turistas, aunque son cada vez más numerosas las agencias de viajes y escuelas de trekking y senderismo que ofrecen la posibilidad de acampar en la muralla de cara a los meses de primavera. Por su proximidad al norte, presenta un terreno visiblemente más árido y desgastado, aunque goza de un recorrido relativamente fácil. En total, 12,5 kilómetros en los que confluyen dos rutas bien diferenciadas: la de Wo Hu Shan (Montaña del Tigre agazapado) y la de Pan Long Shan (Montaña del Dragón Enroscado).

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OTRAS RUTAS DE UN DÍA

Otras rutas más sencillas pueden recorrerse en un día, como la que une los tramos de HuangHuaCheng y la Aldea Amurallada, paraje este último donde se ubicaban los barracones del ejército durante la dinastía Ming. Este recorrido es especialmente abundante en agua: reservas, lagos y presas se pueden vislumbrar a lo lejos, entre los recovecos de un inigualable paisaje montañoso.

La ruta de La Torre de los nueve ojos (8 km) es, asimismo, altamente recomendable, aunque entraña cierta dificultad, por estar situada al oeste de Jiankou. El trazado, en medio del que se pueden apreciar restos de piedra volcánica, alcanza los 900 metros de altura y apenas ha sido restaurado. También destaca por su belleza la ruta de Longquanyu (7 km), restaurada recientemente y de dificultad moderada, apta para todos los públicos.

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EL PASO DE SHANHAIGUAN

A 300 kilómetros al este de Pekín, es la parte más oriental de la muralla y una de las más interesantes debido a su carga histórica. También la más fortificada, donde los muros superan los 14 metros. Con un recorrido de cinco kilómetros notablemente restaurados, también se la conoce como la sección de Laolongtou o La cabeza del Viejo Dragón, porque esa última atalaya de la muralla bien parece un dragón que sumerge su cabeza en el mar para fundirse silenciosa con el océano y perderse para siempre en la eternidad. 

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GUÍA PRÁCTICA

Cuándo ir

Primavera y otoño son las estaciones más recomendables. El norte de China es famoso por sus duros inviernos en los que no es difícil que el termómetro registre mínimas de 30 bajo cero. Igualmente extremos son los veranos, particularmente secos y con elevadas temperaturas. 

Cómo llegar

Air China tiene cuatro vuelos directos semanales desde Madrid y Barcelona a Pekín (11 horas sin escalas). Ida y vuelta a partir de 800 €. Air France y Lufthansa son dos de las mejores opciones, con escalas en París y Frankfurt, respectivamente. 

Cómo moverse

La forma más rápida y cómoda de acceder a la Muralla es con vehículo privado e incluso taxi. Muchos taxistas de la capital negocian el precio de ida y vuelta. Cuidado con el regateo. Para trayectos de un día nunca deberá exceder los 25 €.  Desde el intercambiador de autobuses de Dongzhimen en Pekin salen autobuses públicos que llegan a las principales secciones de Muralla visitable a precios muy económicos. 

Dónde dormir

En las inmediaciones de la Muralla de Mutianyu, en el Home of the Great Wall (homeofthegreatwall.com), un acogedor retiro de villas privadas con suites individuales, servicio de habitaciones personalizado con vistas espectaculares y saunas privadas exteriores. Junto al lago Yanqi, en el distrito de Huairou, en Yanqi Hotel (kempinski.com), un espectacular hotel de cinco estrellas. Servicio y decoración al más puro estilo occidental en un enclave asiático de naturaleza virgen. Otra opción es el moderno albergue The Great Wall Box House (booking.com/hotel/cn/great-wall-box-house), donde Joe, su propietario, hará de la estancia una experiencia inolvidable con el plato de la casa, un suculento Gong Bao Ji Ding, auténtica y deliciosa cocina china, antes de echarse a las espaldas las escarpadas cumbres de Gubeikou.  

Dónde comer

No existen establecimientos de comidas en ningún tramo de la muralla por lo que conviene hacer acopio de tentempiés para aguantar la ruta antes de regresar al albergue. Resulta imprescindible al menos una botella de agua, aunque posible encontrar puestos de fruta de vendedores ambulante en las aldeas que sirven de punto de partida de las rutas.

 

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