Paisajes de ensueño, pueblos con encanto..., descubre esta ruta en bici junto al Danubio

Más que un cauce fluvial, el Danubio es un hilo conductor, la primera gran autopista de Europa central. Y nada mejor para recorrerla que el Donauradweg, el carril bici del Danubio. Empieza donde nace el río, en Donaueschingen [Alemania] y se desliza pegado a él entre paisajes de ensueño y pueblos llenos de encanto a lo largo de Alemania, Austria y Hungría. Si no hay tiempo de hacerlo entero, el tramo de 340 kilómetros que va desde la frontera germano austriaca hasta Viena es uno de los más bonitos y recomendables.

Passau es la última localidad alemana y una de las de mejor ambiente veraniego de toda la ruta del Danubio. Una ciudad alegre y extrovertida construida en la confluencia de los ríos Danubio, Posada e Ilz. Su casco antiguo deleita con pintorescas plazas, callejones sinuosos y románticos paseos ribereños. Pese a las ganas de quedarse aquí, hay que seguir porque esperan 340 kilómetros de aventura.

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A partir de Passau, el carril-bici se interna en tierras austriacas y el decorado se engrandece aún más. La línea del paisaje se quiebra con la vista de los Alpes tiroleses, mientras el Danubio se recrea atravesando valles profusamente cubiertos de maizales y vides en busca de Linz, la primera gran urbe del nuevo país. Linz es la capital de la Alta Austria y debe su crecimiento y monumentalidad al Danubio, cuyas rutas comerciales han tenido en esta ciudad barroca parada obligatoria desde época romana. Alberga la ópera más moderna de Europa y cuenta con una vibrante escena de la cultura contemporánea. Además, su casco histórico está perfectamente conservado y es ejemplo de la integración entre la historia y el respeto al medio ambiente.

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Si en Alemania el carril-bici está bien trazado y mantenido, en Austria los servicios que a él se asoman son todavía mejores, lo que hace que de Passau para abajo aumente el número de ciclistas. Los días transcurren en un apacible pedaleo de pueblo en pueblo, con almuerzos en un biergarten o en algún prado con vista al Danubio y baños en el río. La senda va inventándose mil maneras de avanzar, siempre fuera del asfalto y las carreteras y con el cauce a la vista.

Unas veces, el río aprovecha los diques de contención; otras, los caminos de sirga paralelos al río. En ocasiones se desvía por pistas vecinales y en algún punto aprovecha pequeños transbordadores para cambiar de orilla. Al caer la tarde es hora de buscar una zimmer [casa rural que alquila habitaciones] para pernoctar y un restaurante en el que probar unas würstl [salchichas] y un apfelstrüdel [pastel de manzana]; eso sí, sin demorarse mucho, porque en esta Austria profunda es difícil cenar después de las ocho de la tarde.

UN RECORRIDO PARA DISFRUTAR

El río y el carril llegan a Melk, obra maestra del barroco austriaco, sobre la que despunta una soberbia abadía que sirvió de inspiración a Umberto Eco para El Nombre de la Rosa. Y pasa después por otra abadía, la de Engelszell, el único monasterio trapense de Austria, fundado en 1293 y parada obligatoria para degustar los excelentes licores, cervezas y quesos que elaboran los monjes.

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Pedaleando también se alcanza Schlögener Schlinge, posiblemente una de las postales más famosas de la ruta: un meandro del Danubio tan perfecto que en 2008 fue nombrado Maravilla Natural de Austria.

La cinta de cemento lleva después por un rosario de pueblecitos rodeados de una fértil planicie donde crecen manzanos, nogales, albaricoqueros y, sobre todo, vides. Es la región de Wachau, célebre por sus vinos. En cada aldea hay una bodega donde venden directo al consumidor caldos de la región y Marillenbrand, el famoso licor de albaricoque austriaco. Krems, con un soberbio conjunto monumental; Tulln, con sus edificios barrocos, y Klosterneuburg, otro gran monasterio, escalonan el recorrido por la Baja Austria hasta que al final, el Danubio se hace a un lado para no molestar a una gran ciudad.

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Es Viena, la capital de la música, de los cafés y del vals, que se antoja más mágica aún cuando uno entra a ella en bicicleta después de haber pedaleado durante 340 kilómetros por la orilla de un río tan bello, que a estas alturas incluso podría ser azul.

GUÍA PRÁCTICA

Cómo llegar

De Passau a Viena hay 340 kilómetros. La opción más cómoda es volar hasta alguno de los aeropuertos cercanos y allí tomar un tren. Múnich, Salzburg y Linz son los más próximos, aunque siempre existe la posibilidad de volar directamente a Viena y deshacer el camino que más tarde se pedalea. Hay un tren que hace varias veces al día el trayecto entre Viena y Passau y lleva vagones especiales para bicicletas; es el que se usa para volver hasta Passau si se deja allí el coche.

Cómo moverse

Es muy fácil alquilar una bici en estaciones de tren y en tiendas especializadas. Son bicis de cicloturismo, especialmente preparadas para esta ruta, bastante nuevas y con todo el equipamiento.

Dónde dormir

A lo largo de este tramo del carril bici del Danubio se pueden encontrar todo tipo de alojamientos. La elección dependerá de nuestro presupuesto. Casi todas las oficinas de turismo hacen la función también de central de reservas, por lo que lo mejor es ir a media tarde a la de la localidad donde se va a pernoctar y desde allí gestionar el alojamiento. La opción más recomendable es quedarse en una zimmer, casas rurales que alquilan habitaciones, un tipo de acomodo muy extendido en todo el trayecto.

Dónde comer

Todos los pueblos y ciudades del trayecto permiten comer en agradables biergarten, puestos con terrazas en los que degustar típicas würstl [salchichas], platos de carne [por ejemplo, el famoso schnitzel vienés] y darse un capricho dulce a base de apfelstrüdel [pastel de manzana].

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