Guía práctica para conocer Brighton

72 horas en Brighton, esplendor de otra época al borde del mar

Brighton es victoriana, culta, festivalera y desinhibida. A una hora en tren de la capital británica, es el refugio de los londinenses, donde cambiar el estrés por la tranquilidad e, incluso, el traje por el bañador y la toalla.

by GALO MARTÍN APARICIO

Brighton es una ciudad ideal para una escapada en el Reino Unido o para echar raíces, y rompe con el estereotipo industrial que se tiene de las urbes inglesas. Casas de tres alturas, sobre un sótano, y de fachadas de colores, se suceden en las calles de camino al mar. Su playa de cantos rodados incomoda al principio, después no se concibe sin ellos. Igual que no hay horizonte en Brighton sin un muelle sobrevolado por gaviotas. 

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VIERNES. UN PASEO AL BORDE DEL MAR

¿Brighton es cafetera o cervecera? Esa es la cuestión que uno se plantea mientras apura el expreso de la mañana en el Small Batch Coffee Company (smallbatchcoffee.co.uk) de Western Road, pegado a la plaza de Norfolk. Guiado por el graznido de las gaviotas y el azul que se deja ver entre las calles, no es difícil dar a parar al paseo marítimo. El sitio tiene el encanto del pasado, de cuando tomar un baño en la playa era algo más. Eso es lo que recuerdan el quiosco y las casetas de colores que hay a un lado y otro de la estatua de la Paz. Estos dos hitos de otra época hoy se alternan con otros contemporáneos, como la British Airways i360. Una especie de platillo volante que se eleva sobre un larguísimo cilindro de algo más de 150 metros de altura y desde el que se disfruta de una panorámica de la ciudad y de los alrededores: el Canal Inglés, que separa Reino Unido de Europa, la isla de Wight, los acantilados Seven Sisters, el Muelle de Brighton y el viejo Muelle Oeste, una estructura oxidada que no termina de hundirse, como si tuviera algo más que decir. 

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Una vez en tierra de nuevo, el camino continúa. En vez de baldosas amarillas, por aquí lo que se siguen son las vallas herrumbrosas del paseo al borde del mar. Las piedras pulidas de la playa no son obstáculo para los bañistas. Los hay que estiran una toalla, otros optan por una silla, tapizada a rayas, como parece que es la norma en los sitios distinguidos de veraneo: Santander, San Sebastián, Deauville, Niza… 

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Donde antes los pescaderos guardaban sus aperos hoy hay un museo en su honor, tiendas de recuerdos, restaurantes y bares. En el Fortune of War (fortuneofwar.pub) uno cae en el cliché y pide un fish and chips. Mientras se consume la bandeja de patatas fritas y trozos de pescado rebozado se mira el muelle de Brighton, una pasarela metálica que se adentra en el mar en la que hay máquinas recreativas, atracciones y puestos de comida. El lugar tiene la decadencia de Lisboa y el carácter dominical extinguido de Atlantic City. 

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Una vez se sale del Redroaster coffee house (redroaster.co.uk) en Saint James´s Street 1, al norte del muelle, Brighton parece más cafetera que otra cosa. Con esa certeza uno se introduce en el barrio de North Laine para ir de compras, sentarse en alguno de sus cafés y tratar de encontrar el grafiti del beso de unos policías firmado por el grafitero Banksy (edificio Astoria, London Road). A la hora de comprar, una opción es entrar en los negocios de productos diseñados y fabricados por artesanos locales, como es el caso de la ecléctica io Gallery (iogallery.co.uk), que vende cerámica, vidrio, fotografías y joyas. El Pelicano Coffee Co (pelicanocoffee.com), en Sidney Street 28, es una excelente baza para continuar tomando buen café. 

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Entre tanto negocio sobresalen la biblioteca Jubilee, en la plaza del mismo nombre, y el teatro Komedia (komedia.co.uk), que tiene espacio para representar varios tipos de espectáculos, pero también el Teatro Real y la Cúpula de Brighton, edificio que alberga el Museo y Galería de Arte de la ciudad. Este entramado de construcciones culturales lo completa el Pabellón Real, un extravagante edificio más propio de la India que de Inglaterra cuyos minaretes, cúpulas y grandes arcos enredados llaman poderosamente la atención. En su interior el rey Jorge IV, su precursor, cometió excesos y sació vicios, olvidándose del protocolo que debía cumplir una casa real de principios del siglo XIX. El palacio está hecho a semejanza de su inquilino, tras cuya muerte tuvo diferentes usos: hospital de guerra, decorado para sesiones de fotos y, en la actualidad, se alquila para eventos. 

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Para no perder el ritmo de la ciudad, la noche hay que pasarla en el Artist Residence (artistresidence.co.uk), junto a la plaza Regency, un hotel que a uno le hace sentirse dentro de un cuadro (las habitaciones están diseñadas y pintadas por artistas). Y con vistas al Muelle Oeste, ese que se resiste a hundirse. 

SÁBADO. LOS ACANTILADOS SEVEN SISTERS

Después de dar buena cuenta de un desayuno inglés en el restaurante del hotel, a base de salchichas de cerdo, beicon, huevos revueltos, champiñones, judías, zumo de frutas y café, es probable que lo que apetezca sea volver a la cama, pero no. Todos los sábados por la mañana en Upper Gardner Street, en North Laine, tiene lugar el Mercado de Antigüedades, en el que también hay puestos de venta de artículos de segunda mano. Entre compras y miradas se consume la mañana, no sin antes ir a ver los acantilados Seven Sisters, al este de Brighton, que dibujan un litoral de vértigo. Una sucesión de colinas de color tiza cortadas de manera abrupta que caen al mar y están rematadas por pastos verdes, como no podía ser de otro color en la campiña de Sussex. 

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De vuelta a la ciudad, con hambre, se puede parar a probar el menú de The Marwood (themarwood.com), en Ship Street 52, muy cerca de The Lanes, el barrio por excelencia de Brighton. Una red laberíntica de calles estrechas y callejones, que primero ocuparon los pescadores y después invadieron tiendas, como Choccywoccydoodah (choccywoccydoodah.com), algo más que un sitio en el que venden chocolate. Aquí lo que hacen son obras de arte a base de cacao y se exhiben igual que si fuera un museo.

Restaurantes no faltan, pero lo que hay que hacer es disfrutar de una velada en algún local de música jazz en vivo. Un par de sugerencias son Casablanca Jazz Club (Middle Street 3) y The Mesmerist (Prince Albert Street 1-3).

DOMINGO. SURREALISMO EN LA CAMPIÑA DE SUSSEX

El domingo es un buen día para acercarse a la casa de la granja Farleys House & Gallery (farleyshouseandgallery.co.uk), escondida en la campiña de Sussex. Se la conoce como el Hogar de los Surrealistas, gracias a sus moradores, el matrimonio formado por el marchante de arte inglés Roland Penrose y la modelo y fotógrafa estadounidense Lee Miller. Por esta casa pasaron artistas, escritores e intelectuales como Picasso, Man Ray, Dora Maar y Leonora Carrington, entre otros, quienes peregrinaron hasta aquí embelesados por sus anfitriones, ambiente y viandas; las que preparaba Lee Miller, que cambió su cámara Rolleiflex por utensilios de cocina y libros de recetas y cocinó para honrar a sus amigos a modo de terapia. 

Y de una cocina surrealista a una clásica. El domingo es el día del asado. Sunday roast, así lo anuncian los pubs. En The Independent Pub (theindependent.pub) el asado y las pintas se pueden disfrutar en familia y con la mascota. El domingo también es el día que toca marcharse de esta ciudad que parece que ha frenado el paso del tiempo. No hay otra manera para explicar ese esplendor victoriano en la costa. 

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