Descubre Vilna en 48 horas

48 horas en Vilna, la capital de Lituania

El barroco es el símbolo que define a esta ciudad perfecta para recorrer a pie, pero guarda muchísimos más atractivos, desde castillos a antiguas sedes de la KGB, pasando hasta por un barrio que se ha declarado como república aparte. En 2018, cuando se cumplen cien años de su independencia, es un buen momento para visitarla.

by ÓSCAR CHECA ALGARRA

PRIMER DÍA

El recorrido por la capital de Lituania arranca en la plaza de la Catedral, la más concurrida de toda la ciudad y punto de reunión y encuentro para todo tipo de eventos y celebraciones. Forma parte del barrio medieval y, aunque por aquí pasaba la antigua muralla, hoy ya no queda rastro de ella, salvo por las marcas de las baldosas que señalan su trazado y por el campanario de la catedral, que en su origen fue una de las torres de defensa de aquella fortificación. El aspecto que tiene hoy lo fue adquiriendo con el paso de los siglos, cuando se le fueron sumando pisos y elementos, como las diez campanas de bronce que alberga su interior.

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A su lado, la catedral basílica de San Estanislao y San Ladislao está construida justo en el lugar donde la tradición dice que hubo un templo dedicado a Perkunas, el dios del Trueno. Sobre ese se levantaron otros posteriores, primero de madera y luego de piedra. La historia la ha llevado por curiosos vericuetos, pues el actual edificio llegó a albergar una galería de pintura y hasta un taller mecánico. 

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Desde esta plaza se puede empezar a recorrer el casco antiguo, entrando por el barrio de la Universidad. El complejo universitario formado por edificios de diferentes estilos arquitectónicos forma un pequeño laberinto de callejones y plazas porticadas que llega a ser un verdadero rompecabezas hasta para los estudiantes, así que, hay que tomarse con calma su visita. La antigua iglesia de San Juan, en el centro de todo este dédalo de correderas y pasajes, es hoy un museo dedicado a la ciencia y el lugar donde se programan conciertos y otras actividades.

Casi sin darnos cuenta estaremos después paseando por un conjunto de calles llenas de encanto. El entramado es medieval y, aunque aún guarda un cierto aspecto de esa época, casi toda la arquitectura es de estilo barroco. Aquí se instalaron desde siempre los comerciantes y los artesanos, y ese espíritu sigue patente en tiendas como Linen Tales (linentales.com) y Prints on Linen (printsonlinen.com), donde encontramos productos artesanales realizados con lino; Elementai (Stikliu, 14), de artículos de diseño lituano; o la galería de manufacturas de Vidrieras (stainedglass.lt). 

Para comer, en este barrio encontrarás restaurantes como Lokys (lokys.lt), especializado en gastronomía lituana y situado en un edificio del siglo XV que, a lo largo de su historia, ha sido comercio, taberna y fábrica de cerveza; o Ertlio Namas (ertlionamas.lt), considerado uno de los mejores de la ciudad, en el que el chef ofrece una reinterpretación de antiguas recetas de la época de los duques lituanos (S. XV al XIX) encontradas en viejos recetarios y documentos.

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Por la tarde, acaba de recorrer las calles de la parte vieja, paseando por la calle Vilniaus, con sus parques, teatros e iglesias, como la de Santa Catalina, y que, según va acercándose hasta la avenida Gedimino se vuelve más moderna, con otro tipo de arquitectura y muchos restaurantes, cafés y tiendas como Ali Sokoladine (Vilniaus, 31), dedicada al universo del chocolate.

En la avenida Gedimino encontrarás el museo más visitado de la ciudad: el Museo de la KGB o, también llamado, Museo de las Víctimas del Genocidio (genocid.lt). El edificio fue la sede de esta agencia de inteligencia y policía secreta de la Unión Soviética, y en él se puede visitar la antigua prisión y exposiciones relacionadas con el pasado reciente lituano.

SEGUNDO DÍA

El Castillo de Gediminas, situado en la colina que se levanta a la espalda de la Catedral, puede ser un buen lugar para empezar el itinerario de este segundo día. Queda poco de esta fortaleza del que fue el fundador del Gran Ducado de Lituania, pero desde aquí se tienen unas vistas impresionantes de toda la ciudad. 

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Según bajamos de la colina en dirección al río Vilnia, podemos adentrarnos en el jardín de los Bernardinos, un parque restaurado siguiendo el aspecto y uso que tuvo en el siglo XIX, donde los monjes cultivaban su huerto con plantas medicinales, hierbas aromáticas para preparar tés y hortalizas. La iglesia y el monasterio de los Bernardinos es uno de los edificios más grandes de la ciudad. La leyenda dice que estos monjes eran muy buenos oradores y que multitud de gente llegaba hasta aquí para escuchar sus sermones. De ahí el tamaño de la iglesia… Sin duda, impresiona, pero casi lo hace más la que está construida justo al lado, la de Santa Ana, que es una auténtica obra maestra del gótico tardío. Un incendio destruyó la estructura de madera de este templo que fue reconstruido en ladrillo, utilizando 33 tipos diferentes de este material y creando un edificio verdaderamente sorprendente. No es de extrañar que sea el más fotografiado de la ciudad.

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En el río Vilnia encontraremos un par de puentes con un cartel que reza “República de Uzupis”. Al cruzarlos entraremos en esta particular república dentro de la misma ciudad. Una república simbólica, creada por un grupo de artistas que se afincaron en este antiguo barrio judío que estaba abandonado y que se había convertido en un foco de delincuencia. Hoy, con el Uzupis Art Incubator (umi.lt) al frente, es una de las zonas más interesantes y dinámicas de la capital lituana, lleno de galerías de arte, cafés, librerías, tiendas de diseño, atelieres de artistas, restaurantes… Una vez al año los habitantes de esta “república” celebran su día, y entonces, la fuente de la plaza Uzupio da cerveza en vez de agua. No solo tiene su propio día, también un himno, una bandera (bueno, en realidad son cuatro, porque va cambiando según la estación) y hasta su constitución. Los 41 artículos de la misma están expuestos en un buen puñado de idiomas en la calle Paupio.

Cerca de este inusual y un poco delirante barrio podemos visitar la Galería-museo del Ámbar (ambergallery.lt), uno de los establecimientos que forman parte de la ruta del ámbar que se extiende por todo el país, especialmente a lo largo de la costa báltica. El ámbar del Báltico fue muy apreciado desde siempre. Esta resina fosilizada se conocía como “el oro de Lituania” y con ella se han elaborado a lo largo de la historia joyas y todo tipo de objetos y amuletos a los que se atribuían poderes contra enfermedades, dolores o maleficios. 

La calle Literatai, con sus casas de colores y paredes repletas de placas que reproducen fragmentos de obras literarias, y donde está el Centro de Arte Moderno (mmcentras.lt) conduce a la calle Pilies, que vuelve a llevarnos al casco viejo de Vilnius. Es la más antigua y llamativa de esta parte de la ciudad y tiene un encanto particular, tanto de día como de noche, cuando se encienden las farolas que le dan un aire romántico. Era el camino que llevaba hasta el castillo, por lo que fue adquiriendo mucha importancia a lo largo de la historia. Las casas de antiguos nobles, ricos comerciantes y profesores de la Universidad se han conservado con el paso de los años, creando ese aspecto único y atractivo que se potencia, como decimos, al final del día. 

UNA EXCURSIÓN DESDE LA CIUDAD

A tan solo media hora de Vilnius encontramos Trakai, un pequeño pueblo conocido sobre todo por su castillo, ubicado en mitad de un lago con 26 islas. Trakai fue la capital histórica de Lituania y aquí habitaron los poderosos mandatarios del Gran Ducado de Lituania. Además, durante la Edad Media fue una colonia multicultural donde convivieron los tártaros (musulmanes) con los caraítas (judíos). Toda esa historia se puede seguir en las salas del castillo, al que se puede acceder mediante un puente de madera o en barca, tras un recorrido por el lago.

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GUIA PRÁCTICA

CÓMO IR

La aerolínea Ryanair ofrece vuelos directos desde Madrid a Vilna.

DÓNDE DORMIR

En Congress Avenue (congressavenue.lt), situado en la céntrica avenida de Gedimino, a un paso de los principales barrios turísticos de la ciudad. Con habitaciones amplias y muy confortables y un estupendo desayuno buffet. Otra buena elección es Artagonist (artagonist.lt), un edificio del siglo XV del casco histórico de la ciudad alberga desde hace poco este nuevo hotel en el que manda el diseño y donde varios artistas lituanos han propuesto una decoración distinta para cada una de sus 34 habitaciones. 

DÓNDE COMER

En Amandus (amandus.lt), ubicado en el hotel Artagonist, un nuevo establecimiento en la conocida calle Pilies, dedicado al mundo del arte. Cocina contemporánea basada en los productos de mercado, de temporada e identitarios de las regiones de donde proceden. 

 

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