Diferentes puntos de España para disfrutar del mejor chocolate

Diez lugares de España que huelen a chocolate

El primer chocolate de Europa se hizo en España y no hace falta viajar fuera para hallar grandes maestros del asunto y ciudades enteras que huelen a él. Hasta en el rincón más inesperado, hay obradores centenarios, museos llenos de curiosos trebejos y chocolaterías para espantar el frío con una taza bien caliente y media docena de churros. A nadie le amarga un viaje y menos a uno de estos destinos. 

by ANDRÉS CAMPOS

MONASTERIO DE PIEDRA (ZARAGOZA)

No fue en un palacio real ni en una gran capital. El primer chocolate de Europa se elaboró en 1534 en este antiguo monasterio cisterciense de Nuévalos, cerca de Calatayud, con las semillas de cacao que envió desde América fray Jerónimo de Aguilar, el cual anduvo con Hernán Cortés en la conquista de México. Por eso la vieja cocina monacal alberga una exposición sobre la historia del chocolate. En ver esto, el resto del monasterio y el alucinante parque que lo rodea, lleno de cascadas, lagunas y grutas, se echa la mañana entera. Por la tarde, o ya al día siguiente, podemos acercarnos a la capital zaragozana y darnos un dulce homenaje con el Chocopass, un bono que por nueve euros permite saborear cinco especialidades a elegir en más de 20 chocolaterías y pastelerías de la ciudad. Más información, en monasteriopiedra.com y zaragoza.es/turismo

ASTORGA (LEÓN)

Dicen que fue el mismísimo Hernán Cortés el que trajo el cacao a esta ciudad, cuando quiso casar a su hija María con Álvar Pérez de Osorio, heredero del marquesado de Astorga. Trajéralo quien lo trajese, el caso es que aquí echó raíces y floreció (metafóricamente hablando) como en ningún otro lugar de España, llegando a haber 49 fábricas de chocolate a principios del siglo XX. Quien tuvo, retuvo, y aún hoy cinco productores locales defienden contra el viento y la marea de la globalización la suprema calidad artesana del chocolate de Astorga: La Maragatina, La Cepedana, Peñín, Santocildes y El Arriero Maragato, famoso, este último, por haber inventado el chocolate con cecina. Además, hay en Astorga un Museo del Chocolate (museochocolateastorga.com), un Centro de Interpretación del Chocolate (chocolaterialacepedana.com) y una célebre chocolatería, Sonrisas (Pío Gullón, 5), donde ya a las siete de la mañana se están sirviendo tazas humeantes con churros. Más información en turismoastorga.es

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LA VILA JOIOSA (ALICANTE)

El único lugar que podría disputarle a Astorga el título de capital española del chocolate es La Vila Joiosa, donde esta delicia ya era bien conocida en el siglo XVII, cuando los marineros vileros, diestros en el comercio de cabotaje, se proveían en Cádiz de salazones, almendras y exóticos productos de ultramar, como el cacao. De las 29 fábricas que había en 1937, tres han resistido, mejor o peor, el tsunami del progreso: Valor (valor.es), que tiene una plantilla de más de 300 trabajadores y un estupendo museo; Clavileño (chocolatesclavileno.com), cuyos orígenes se remontan a 1880, y Pérez (chocolatesperez.com), la única donde aún se elabora el chocolate de forma artesanal. Las tres se pueden visitar gratuitamente. Más información, en villajoyosa.com

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CÁDIZ

Uno no se imagina la Tacita de Plata llena de chocolate, sino más bien de pescaíto frito, pero ahí está Pancracio (pancracio.com), una firma innovadora que ha conquistado a los ‘chocohólicos’ de medio mundo con sus productos exquisitos, rompedores y risueños: las crufas (trufas crocantes), las chocolivas (crujiente caramelizado de avellana y barquillo bañado en chocolate blanco o negro con aspecto de aceituna), el pan con chocolate (picos artesanos bañados en chocolate negro grand cru), el vodka con sabor a chocolate o los comprimidos Uno al Día (chocolate rico en antioxidantes, envasado como un medicamento). Se nota que su creador, Pedro Álvarez, antes que maestro chocolatero, era economista experto en marketing y diseñador gráfico. Hay dos tiendas Pancracio en la ciudad: en General García Escámez, 5 y en José del Toro, 2.

SUECA (VALENCIA)

Aquí, en la tierra y la ciudad del arroz, choca hallar un museo del chocolate. Pero es que el chocolate es más valenciano (casi) que la horchata. Que se lo pregunten si no a la familia Comes (chocolatescomes.com), que lleva elaborándolo oficialmente desde 1870, aunque ya antes había algún tataradeudo dándole a la piedra. En su fábrica-museo, además de mil cachivaches, veremos cómo elaboran los típicos chocolates a la piedra en forma de bollet (una barrita cilíndrica, con aspecto de habano), tal cual hacían sus ancestros. También siguen produciendo el chocolate a la piedra con algarroba que lo petaba en la posguerra. Pero no solo de la tradición viven los Comes: han sido pioneros al lanzar un chocolate a la piedra picante y otro valencianísimo, con chufas. 

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BENABARRE (HUESCA)

En 1836, nada menos, comenzó a hacer chocolate en Benabarre la familia Brescó (chocolatesbresco.es). Más de 180 años después, elabora productos muy refinados, pero también un rústico chocolate a la piedra, hecho a mano, que en teoría es para desleír, aunque hay foodies a los que les pone inconfesablemente comerlo a mordiscos, en plan cavernícola, para gozar de su textura terrosa, áspera y amarga. En la calle Mayor, 11, está la Pastelería Brescó, con un museo-obrador donde se muestran utensilios del siglo XVIII. Y en la carretera N-230, km. 68, La Chocolatería, donde la gente viene de lejos a tomar una taza en invierno o un batido en verano, y a probar la amplia gama de bombones, a cuál más sorprendente: explosivo, tequila-limón, vinagre de Módena…

PAMPANEIRA (GRANADA)

Hace más de una década que las rústicas tiendas de Abuela Ili (abuelailichocolates.com) forman parte del paisaje de la Alpujarra. En 2007 abrió la de Pampaneira y luego las de Capileira y Lanjarón, además de otra que hay en Granada capital. Ili es (o era, porque falleció en 2003) Lidia Postigo, la madre y la inspiración del actual propietario, una mujer que vino a España procedente de la Patagonia argentina, lugar donde hubo mucha inmigración suiza con tradiciones chocolateras muy arraigadas. Salvo el cacao, que es africano, el resto de los productos son de la zona. Con ellos elaboran artesanalmente más de medio centenar de variedades de chocolate: con arándanos, con ron y pasas, con pimienta, con canela, con naranja, con mostaza, con mora, con menta, con lima, con chili picante, con regaliz… También una cerveza con cacao.

ABADÍA DE JÁBAGA (CUENCA)

Hay que ser algo más que un apasionado del chocolate, un loco, para construir una fábrica de 3.000 metros de planta, con muros de piedra y trazas de abadía gótica, en el pueblecito de Jábaga, a 12 kilómetros de Cuenca, donde esta dulce industria apenas tiene tradición. No se ha escatimado en nada: esta catedral del chocolate tiene hasta un moderno órgano de viento y pinturas de Jesús Mateo. De momento, la Abadía de Jábaga (abadiadejabaga.es) es solo un obrador de chocolate gourmet, elaborado con ingredientes de primera, como el cacao criollo, y un museo que se puede visitar por 5 euros. En el futuro será también un hotel y un spa con tratamientos de chocolaterapia.

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MOLINA DE ARAGÓN (GUADALAJARA)

Pocos lugares hay en España más fríos que Molina de Aragón, donde han llegado a registrarse temperaturas próximas a los 30 grados bajo cero. Y pocas maneras más gustosas de entrar en calor que tomarse una taza de chocolate en la casa rural Parador de Santa Rita (paradordesantarita.com), donde la familia Iturbe lo fabrica desde 1900 utilizando los mismos ingredientes (cacao, harina y azúcar) y las mismas máquinas antediluvianas. Además de para ponerse morado de chocolate La Cadena, que así se llama, el Parador de Santa Rita es ideal para explorar los cañones del Alto Tajo y visitar el fantástico castillo de Zafra, uno de los escenarios españoles de Juego de tronos. 

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RASCAFRÍA (MADRID)

El sueño de cualquier ‘chocoadicto’ es viajar a Suiza, pero si no se tiene tiempo o dinero, se puede ir a Rascafría, que se parece un montón, rodeada como está de verdes prados y las montañas más altas de Madrid, y tiene también un chocolate excelente, el de San Lázaro (chocolatenatural.com), un obrador familiar que elabora artesanalmente productos de primera calidad con pasta y manteca de cacao, sin colorantes ni conservantes. Antes de comprar, se pueden probar todas las variedades, que son tropecientas: chocolate negro, blanco, con frutos secos, piña, plátano, naranja, jengibre, cardamomo, sal volcánica… Y se puede ver, a través de una cristalera, cómo los hacen. Un truco: si se llevan un par de horas en la mochila, caminando monte arriba, no engordan.   

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