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48 horas en Turín, slow food, vermús y buena vida a raudales

La capital del Piamonte, es conocida por su pasado industrial, por su fábrica Fiat, por su equipo de fútbol (la Juventus)… También porque aquí se inventó el vermú, el chocolate en tableta, los bombones de avellana, los grissini (colines)… Y, además, está la Sábana Santa.

by PEDRO GRIFOL

La elegante Turín conserva su estilo en perfecto estado de revista, es decir: cuida sus arbolados bulevares, restaura sus monumentos históricos, crea tendencias de moda y mantiene sus tradiciones respecto al arte de saber vivir. Y como saber vivir es también saber comer, Turín se erigió (hace más de 30 años) como precursora del slow food, un movimiento que reivindica la comida de calidad, la lentitud en la ingesta de alimentos, los productos naturales, las recetas locales, y el deleite en el sentido del gusto, frente al fast food (comida rápida). 

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EL DESAYUNO DEL PRIMER DÍA

Lo primero es lo primero: desayunar un bicerin, una sublime combinación de café, chocolate y nata, en Al Bicerin (bicerin.it), un local abierto en 1763 en la piazza della Consolata verdaderamente especial. Podrás sentarse donde lo hicieron Nietzsche, Dumas o Puccini, y ahora lo siguen haciendo todas las celebridades que visitan la ciudad. A tener en cuenta que cierra en agosto.

Como Turín derrama cultura y buena vida a raudales, hay que saber combinarlas… aunque a veces interactúan tan estrechamente que las dos van de la mano. Así que, después del bicerin, podemos tomar la Via Garibaldi hasta la piazza del Castello, una grandiosa plaza donde convergen las grandes arterias de la urbe, las que distribuyen la vida comercial, cultural y lúdica. Allí están las muestras arquitectónicas de sus edificios históricos, con profusa concentración del barroco turinés, los cafés de toda la vida y los bares modernos; y también varios museos. Merece la pena el Museo Civico d’Arte Antica que está dentro del Palazzo Madama (palazzomadamatorino.it), aunque sea únicamente por el placer de subir (y bajar) la ostentosa y barroca escalera marmórea que creó Filippo Juvarra, diseñada con generosa amplitud para que las amplias faldas de las damas del XVIII se exhibieran en toda su redondez… Nos sentiremos como un saboya más.

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La otra visita recomendable es el Palazzo Reale, último refugio de Los Saboya, que, aunque su fachada luce austera, encierra estancias profusamente decoradas con todo tipo de lujos, como el salón del trono y un comedor con mesa puesta al detalle. La entrada al palacio está flanqueada por las estatuas de los dioses romanos Cástor y Pólux, y una imaginaria línea divisoria pasa entre las dos esculturas significando las dos mitades de la ciudad: la de la magia blanca y la de la magia negra... Y es que Turín es un lugar rodeado de misterio esotérico y ciudad clave para los iniciados en estas cuestiones mágicas.

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En la misma plaza se encuentra el templo de la lírica turinesa, el Teatro Regio, y la Real iglesia de San Lorenzo, donde se exhibe una copia de la Sábana Santa. Pero si se tiene especial interés en el devenir del sudario que supuestamente contuvo el cuerpo de Cristo, se puede visitar el Museo de la Sindone (sindone.org). 

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El VERMÚ DEL SEGUNDO DÍA

Después, lo mejor será tomar el aperitivo, práctica ineludible en una visita a esta ciudad. El vermú nació en Turín hace más de 200 años del ingenio del tabernero Antonio Benedetto Carpano, y así consta en una placa colocada en una vetusta columna de los soportales de la piazza Castello. El vino aromatizado obtenido con una infusión de hierbas y especias se popularizó cuando Alessandro Martini, hábil negociante, lo comercializó en todo el mundo. Algunos locales con historia recomendables para gozar del rito son: Concord (Via Lagrange, 47); LAB (piazza Vittorio Veneto, 18); Norman (Via Pietro Micca, 22); y Ritual (piazza Emanuele Filiberto, 5). 

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Después conviene proseguir por la Via Roma o por la Via Po, que nos conduce a la Mole Antonelliana, una fantasía arquitectónica con 167 metros de altura, símbolo de la ciudad, que alberga el Museo Nazionale del Cinema (museonazionaledelcinema.org), por cuyo interior se desliza un emblemático ascensor transparente que nos eleva al mejor balcón panorámico de la ciudad. El museo tiene 4 plantas en las que se hace un detallado recorrido por la historia del cine. La planta baja tiene unas sugerentes chaises longues en las que recostarnos para ver en una gran pantalla una selección de películas históricas. El ataúd de Drácula de Bela Lugosi está allí, pero también un bustier de encaje de Marilyn Monroe.

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Muy cerca se encuentra la Galleria Subalpina, un pasadizo bajo un techo de cristal, que alberga las más bellas tiendas de antigüedades de la ciudad. La otra calle, Via Roma, es, por antonomasia, la zona de las compras, repleta de tiendas de moda bajo medio kilómetro de soportales que acaban en la piazza San Carlo, donde podemos hacer un alto en el camino visitando cualquiera de sus dos históricos cafés: San Carlo y Torino.  

Para el menú de mediodía no deberíamos de complicarnos mucho. En I Tre Galli (3galli.com) sale muy a cuenta. Tiene sabrosos platos típicos, como el vitello tonatto, y es un punto de referencia durante los meses de verano, cuando las terrazas del barrio se llenan de turineses y turistas.

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Por la tarde visita al Museo Egipcio (museoegizio.org), que tienen la colección de tesoros egipcios más importante fuera de El Cairo. Saldemos de noche, buen momento para cenar en La Badessa (labadessa.net), donde los camareros van vestidos de cura. 

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EXPERIENCIA FOODIE 360º EL TERCER DÍA

Al sur de la ciudad se encuentra Lingotto (lingottofiere.it), la antigua fábrica de Fiat que el arquitecto Renzo Piano rediseñó para convertirla en un centro de exposiciones, varios hoteles y el gran supermercado Eataly (eatalytorino.it), una experiencia ‘foodie 360º’ que se ha implantado en varios países, donde se ofrece una increíble selección de alimentos y bebidas de producción ecológica divididos por secciones: queso, pan, carne, pescado, pasta, chocolates… No es un supermercado cualquiera, es la exquisitez de la slow food. Para ver, sentarse, comer allí y hacer algunas compras para llevar a casa.

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Después, en el mismo Lingotto, se puede ver la Pinacoteca Giovanni y Marella Agnelli (pinacoteca-agnelli.it). Su fondo está compuesto por un selecto grupo de obras de arte de la colección privada de Gianni Agnelli,​ quien fuera propietario de la Fiat, del equipo de fútbol de la Juventus, y del periódico nacional Corriere della Sera. Tiene obras de Renoir, Manet, Matisse, Picasso y uno de los ‘escandalosos’ nus couchés de Modigliani.

Si queda tiempo se puede coger un taxi (también se puede tomar el autobús nº 11) para ir a ver el Versalles de Turín, La Venaria Reale (lavenaria.it), un palacio construido por el frívolo duque de Saboya, Carlos Manuel II, como pabellón de caza. Maravillosos jardines, y una multitud de objetos palaciegos, algunos muy finos y otros muy horteras… propios de herederos con dinero infinito.

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GUÍA PRÁCTICA

CÓMO IR

Vuelo diario y directo Madrid-Turín con Iberia y Barcelona-Turín con Vueling. La low cost Blue-Air ofrece vuelos desde Madrid por 50 €.

MUSEOS DEL VERMÚ

Museo Carpano (eatalytorino.it/museocarpano). Un viaje en el tiempo que parte del 1786, cuando Carpano inventó la bebida. Está en Lingotto, situado el primer piso del edificio junto a Eataly, el ‘megastore’ dedicado a la enogastronomía. 

Mondo Martini (martini.com)

El museo, que ocupa gran parte de las antiguas dependencias de la fábrica, fue fundado en 1961, y no solamente abarca la historia del vermú, sino que también es un gran espacio que documenta la historia de la enología. Posee una importante colección de vasos de la época griega, etrusca y romana; además de todos los artilugios para la elaboración del vino. Está ubicado en Pessione di Chieri, a 22 km. de Turín.

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