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Cuatro juderías para un viaje en el tiempo 

La huella de los judíos en España no solo se aprende en los libros, también siguiendo sus huellas en las callejuelas, plazas y rincones de esos barrios que todavía dan testimonio de cómo fueron y cómo vivieron sus miembros en esas ciudades. Las de Toledo, Hervás, Girona y Córdoba son algunas de las más representativas y, por la fiesta del Yom Kipur, que se celebra estos días, invitan a un largo paseo por la historia.  

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JUDERÍA DE HERVÁS
En las estribaciones de la sierra de Béjar y entre huertas, higueras y castaños, el pueblo cacereño de Hervás acoge casi intacto uno de los barrios judíos mejor conservados de España. Su entramado urbano mantiene todo el sabor y el aroma de aquel tiempo de convivencia entre diferentes culturas y religiones. A sus estrechas y zizagueantes calles asoman casas de arquitectura típica de adobe y entramados de madera de castaño y edificios como la Cofradía y la antigua sinagoga que conforman un conjunto declarado de interés histórico artístico. 

La céntrica plaza de la Corredera, con sus soportales, es un excelente punto de partida para iniciar la ruta que pasa por obtener una visión de conjunto de la judería desde la iglesia de Santa María para luego hacer una inmersión en el trazado medieval de la villa antes de descender hacia La Plaza. A través de la calle Abajo, su principal eje, se accede a la judería que va descubriendo casas judías y desemboca en el puente medieval de la Fuente Chiquita, sobre las aguas del río Ambroz, otro de los símbolos del pasado judío de esta localidad del norte de Cáceres.

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JUDERÍA DE TOLEDO
Por su población, por su pujanza económica, pero sobre todo por el prestigio de las grandes eminencias que aquí nacieron o se dieron cita, la aljama toledana fue durante buena parte de la Edad Media la gran judería de Castilla. La llamada Ciudad de las Tres Culturas, capital de Sefarad y la Jerusalén de Occidente es un intrincado laberinto dividido en varios barrios que permite entender cómo vivieron los judíos toledanos al menos durante once siglos.

La visita a las dos grandes sinagogas que permanecen en pie de las diez que llegó a tener, la del Tránsito y la de Santa María la Blanca, son el núcleo esencial del recorrido por esta verdadera ciudad dentro de una ciudad, que ocupa el diez por ciento de la zona amurallada. La primera acoge el Museo Sefardí, organizado a partir de la gran sala de oración decorada con espléndidas yeserías, y en cuyo Jardín Sonoro se recrea los sonidos de la vida en las calles de la antigua judería. 

Pero para seguir la cerca medieval de la antigua judería lo mejor será seguir las proyecciones de luz que delimitan sus contornos recordando de forma simbólica sus principales accesos, puertas y muros, que van desde la plaza de San Román a la Puerta del Cambrón y con la calle Ángel como antigua calle mayor mientras se van descubriendo paradas como la casa palacio de Samuel Ha-Levi, a quien se debe la construcción de la sinagoga del Tránsito, pero también el Arquillo del Judío o la monumental San Juan de los Reyes, además de casas con restos de los miqvés.

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JUDERÍA DE CÓRDOBA
La calle Judíos, que transcurre en paralelo a la muralla, es el eje principal de la judería cordobesa, de inequívoco sabor por su estrechez y el pulcro encalado de sus casas. A ella se abren la sinagoga, la casa de Sefarad, el zoco y la plaza de Tiberíades, núcleo esencial de un recorrido por los rincones que guardan intacta la memoria medieval de la ciudad de las tres culturas. Fue aquí donde nació un personaje de proyección universal como Maimónides, o en la que brillaron algunos de los judíos más ilustres de su tiempo, como el jiennense Hasday ibn Shaprut o los tudelanos Yehuda ha-Leví y Abraham ibn Ezrá. 

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JUDERÍA DE GIRONA
El laberinto de estrechos callejones y de patios que mantienen el aire de tiempos medievales, las empinadas escaleras que obligan constantemente a salvar sus diferentes niveles o el encanto de las tiendas del barri vell hacen hacen de la judería de Girona un espacio único y fascinante que, a pesar de las transformaciones que sufrió tras la salida de los judíos en 1492, sigue manteniendo ese misterio cabalístico de otros tiempos. La Força es la calle mayor de esta judería que pasa por ser una de las mejor conservados del mundo. Es en ella donde abre sus puertas el Museo de Historia de los Judíos, instalado sobre la que fuera última sinagoga de la judería gerundense y que ofrece un recorrido completo por los principales aspectos de la vida y la historia de los judíos de Girona. El paseo puede acabar recorriendo las calles de Sant Llorenç o de Manuel Cúndaro y así saborear al máximo el call judío. 

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