Aventuras con los niños en la Selva Negra o cómo ser protagonista de un cuento de los Hermanos Grimm

Aldeas primorosas, el parque temático más grande de Europa, balnearios con solera y, sobre todo, un entramado verdísimo de bosques de coníferas, lagos glaciares, praderas y granjas son los ingredientes de esta región alemana. Naturaleza y turismo rural, con las mejores facilidades para los niños.

by ELENA DEL AMO

Cuentan por allí que fueron los romanos quienes le pusieron su nombre por lo impenetrable de la vegetación que cubría sus lomas. Tan tupida, que hasta a las legiones les intimidaba franquearla. Hoy, aunque en invierno se viene a practicar el esquí alpino o de travesía, es, sobre todo, con la llegada del buen tiempo cuando la mayoría elige esta región del suroeste del país que desde la frontera con Suiza y Francia se extiende unos 150 kilómetros hasta casi llegar a Stuttgart.

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El punto de partida para hacer esta ruta por Alemania es la ciudad de Friburgo, a las puertas de este macizo montañoso, que posee un irresistible casco antiguo sembrado de canales y el bullicio de su vida universitaria. Habrá desde luego que visitarla, sin embargo la Selva Negra es un destino de naturaleza en mayúsculas, donde los días discurrirán surcando en barco lagos tan aplaudidos como el Titisee y el Schluchsee o dándose un chapuzón en otros menores, caminando por rutas de la dificultad que cada cual elija entre sus cerca de 30.000 kilómetros para el senderismo o conduciendo a través de prados, granjas y cimas por sus mejores carreteras panorámicas.

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Al volante por ellas habrá que hacer un alto en localidades tan coquetas como Schiltach, Staufen, Gengenbach o Calw, con sus típicas casonas de vigas vistas ahora cubiertas de flores; por abadías como las de St. Trudpert o St. Blasien, así como por alguna de las bodegas que salpican sus diversas rutas de viñedos, sin olvidar protagonistas absolutos en un viaje con niños como Europa-Park, el parque temático más grande de Alemania. Euromaus, es decir Euroratón, oficia como mascota de este universo magníficamente ambientado en los países del continente con además un centenar de atracciones, doce de ellas montañas rusas.

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Las distancias por toda la Selva Negra son muy manejables y el estado de las carreteras impecable, por lo que quizá lo más agradable yendo con niños sea instalarse en un hotelito o casa rural durante toda la estancia y emprender cada día una excursión diferente. Podrá seguirse la famosísima Uhrenstrasse o Ruta de los Relojes en un recorrido circular en el que admirar desde el Museo del Reloj en Furtwangen hasta Schönwald, donde el maestro relojero alemán –y no suizo– Franz Anton Ketterer fabricó el primer cuco allá por 1737, u otros pueblitos deliciosos como Triberg, adornado al igual que Schonach por tradicionales caserones en forma de reloj de cuco, además de por las cataratas más altas de Alemania.

Siempre cerca, otras aldeas del encanto de St. Märgen, Bernau y tantas más por las que todavía en los días de fiesta se ve a las mujeres en su traje regional con sombreros de enormes pompones: negros para las casadas y rojos para las solteras.

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Y entre mil y un escenarios donde deslizarse en kayak por ríos y lagos, volar en parapente, montar en bici y hasta jugar al golf, los aristocráticos spas de Baden Baden. De las decenas de estaciones termales que atesora toda la Selva Negra, pocas como su balneario de Friedrichsbad, al que en los días de la Belle Époque acudía la flor y nata de media Europa. Igual que por toda esta región tan tremendamente acondicionada para el turismo familiar, también Friedrichsbad tiene en mente a los niños y cuenta con un recinto donde dejar divirtiéndose a los pequeños a partir de 18 meses para que sus padres puedan olvidarse del mundo unas horas, en estas aguas que 2.000 años atrás ya disfrutaban los romanos.

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GUÍA PRÁCTICA

CÓMO LLEGAR
Con buscadores de vuelos pueden localizarse las conexiones más convenientes desde distintas ciudades de España a los varios aeropuertos próximos a la Selva Negra: Stuttgart, Múnich, Zúrich, Basilea, Estrasburgo o Karlsruhe-Baden Baden. A partir de unos 125 € en verano los vuelos de ida y vuelta entre Madrid y Stuttgart con Iberia, o desde unos 70 € de Barcelona a Múnich con Vueling. La agencia TouristForum [touristforum.net] propone paquetes de vuelos, coche de alquiler y alojamiento durante una semana en la Selva Negra desde 1.500 € para dos adultos y dos menores de doce años.

CÓMO MOVERSE
Si no se viaja con coche propio –unos 1.000 kilómetros entre Barcelona y Friburgo–, lo mejor será alquilar uno. A través de Rentalcars [rentalcars.com], desde unos 150 € la semana. La tarjeta SchwarzwaldCard, que se puede adquirir en oficinas de turismo locales así como numerosos establecimientos turísticos, resulta muy conveniente para los viajes en familia ya que incluye numerosas entradas y descuentos en más de un centenar de atracciones por toda la Selva Negra. La más sencilla se vende a 35 € para los adultos, 25 € para niños los de 4 a 11 años o 107 € para familias de hasta tres hijos. La otra, que además incluye la entrada al Europa-Park, pasa a costar 64 €, 53 € y 222 €, respectivamente.

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DÓNDE DORMIR
Cientos de hoteles rurales, casas de vacaciones y granjas que admiten huéspedes pueden reservarse en webs como interhome.es, ferienwohnung.com o las de las oficinas de turismo. La amplísima oferta de alojamientos abarca aquí desde el mítico cinco estrellas de Baden-Baden, el Brenner's Park-Hotel & Spa [brenners.com], hasta cámpings muy bien acondicionados o resorts familiares como Kleinenzhof [kleinenzhof.de], pasando por apartamentos rurales como Gutshof Armbruster [gutshof-armbruster.de], cerca de Lossburg, o Mooshof [mooshof-mark.de], en St Märgen.

DÓNDE COMER
La famosa tarta Selva Negra debería probarse en el Café Schäfer [cafe-schaefer-triberg.de] del pueblo de Triberg, donde se conserva la receta original que les transmitió Josef Keller en 1905. Otros clásicos de estos territorios: el jamón secado al aire o ahumado de la Selva Negra, acompañado con los suculentos panes negros de la zona; truchas también ahumadas y salchichas caseras, o platos de caza como el solomillo de corzo con spätzle, la gruesa pasta típica del sur de Alemania, o el lomo de corzo asado con beicon y nata agria. Excelentes vinos de la zona a degustar a ser posible en alguna de sus bodegas por los viñedos; el aguardiente de cerezas o Kirschwasser, y excelentes cervezas como la famosísima de Alpirsbach. Abundan por la Selva Negra puñados de restaurantes con estrella Michelin, como el mítico Schwarzwaldstube [traube-tonbach.de], con tres de ellas, al igual que otros mucho más populares en típicos chalets en plena naturaleza como el Jostalstueble [jostalstueble.com], con una preciosa terraza en las cercanías del lago Titisee.

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