Carcassonne, una ciudad de película

El tres veces nominado al Oscar Ridley Scott se ha trasladado a la Francia de los extintos cátaros para rodar una nueva serie de televisión basada en las apasionantes páginas del best seller Labyrinth, de Kate Mosse, una miniserie que se podrá ver también en España y cuyo rodaje continuará en Sudáfrica.

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“Me sentí muy atraído por este material, por la densidad de Laberinto, que es un puzzle maravilloso”, son palabras de su director, que lo es también de títulos tan afamados como El reino de los cielos, Thelma y Louise o la tan venerada Blade Runner, y que estos días rueda su tercera serie de televisión - tras The Good Wife y Los pilares de la Tierra- en Carcassonne. Una ciudad de película poseedora de uno de los burgos medievales mejor conservados de Europa y en la ruta de los castillos cátaros del sur de Francia que merece siempre una escapada.

Puede que muchos la conozcan sin haber estado allí. Y es que Carcassonne ha sido plató de numerosas y famosas cintas. La capital del departamento de Aude en realidad está formada por dos ciudades separadas por el río Aude. En lo alto, la Cité, el burgo primitivo; abajo, al otro lado del río, la Ville Basse, que fue creciendo despreocupada en el llano cuando las urgencias guerreras cesaron. Esta ciudad baja es, en realidad, la actual ciudad ‘viva’. La Cité fue desmoronándose cuando perdió interés estratégico y prácticamente fue abandonada por los vecinos, hasta que, a mediados del XIX, se evitó el desastre de demolerla y comenzó su restauración.

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Casi un tercio de la ciudad medieval que ahora se ve se la inventó el inefable y prolífico Viollet-le-Duc. Aunque bien es verdad que el burgo medieval había borrado a su vez a la ciudad romana, y ésta a su precedesora, fue en el siglo XIII cuando Carcassonne alcanzó su máximo esplendor y se convirtió en guarida de artistas y juglares que ensayaban sus baladas en una lengua balbuciente, propia de la Occitania, la langue d’Oc.

Cuando uno llega a Carcassone la que hay que buscar es la de arriba, la Cité. Impresiona desde cualquier flanco por el que uno se acerque a ese doble anillo de murallas, con 18 torres en el interior y 26 en el exterior, que protege su casco antiguo. Por algo está declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El recorrido debe comenzar en la Puerta de Narbona, flanqueada por dos torres gemelas con rastrillo y puente levadizo y continuar por su cuidado laberinto de casas medievales, entre las que no faltan los cafés, restaurantes y tiendas de recuerdos.

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Después es imprescindible una visita al castillo Comtal, que data del siglo XII, y a la catedral de St-Nazaire, una joya arquitectónica repleta de bellísimas vidrieras y en cuyo interior se encuentra la piedra del asedio, que ilustra sobre el acoso al que fue sometida la ciudad. Es buen lugar, desde luego, para poner en limpio la tromba de imágenes, sensaciones y ruidos que despide esta conjunto medieval que pasa por ser el tercer lugar más visitado de Francia, después de París y el Mont Saint-Michel y que ha sido el decorado perfecto para películas tan famosas Juana de Arco, Robin Hood o Los Visitantes.

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