Pontevedra, de plaza en plaza

Aprovecha estos días de primavera para acercarte a la más señorial de las capitales gallegas. Es el mejor momento para llegar a esta ciudad de buen clima y pocas lluvias, sentarse en la Ferrería, en la Verdura o en la plaza de Teucro y descubrir las esencias de un lugar que invita al paseo, la tertulia, el tapeo y la charla en la calle.

by hola.com

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Escondida durante siglos en un rincón de la Península, Pontevedra muestra todos sus encantos en sus plazas, el verdadero corazón de esta ciudad tranquila. Y para que quede bien claro, no hay más que echar un vistazo a los elementos que las decoran: cruceiros de gran belleza, pazos barrocos y neoclásicos, soportales, fuentes ornamentales…

Entre todas las plazas, identificadas durante siglos por su labor comercial, la de la Herrería –o de la Ferrería, en gallego- es el centro monumental de la ciudad, además de uno de los rincones más animados del coqueto casco histórico. Es algo así como el gran salón donde todo el mundo se reúne en sus cafés y terrazas, mientras los niños y las palomas siguen con su juego de siglos. En los soportales de las casas de uno de sus lados ya no ejercen su oficio los herreros de antaño, pero anticipan un sugerente recorrido hacia la vecina plaza de Curros Enríquez.

En el mismo entorno, el santuario de la Peregrina es también un lugar de encuentro permanente, con una original fachada y una curiosa planta en forma de vieira compostelana. Para eso la graciosa imagen de la Divina Peregrina que guarda en su interior es la protectora perpetua de los peregrinos que marchan por el Camino Portugués de Santiago, además de una ‘modelo’ de excepción, que no pasa un mes completo con el mismo vestido. A dos pasos de ella queda la iglesia de San Francisco y, frente a ella, los jardines de Casto Sampedro.

Aneja a la Ferrería, la plaza da Estrela es otro de estos sugerentes espacios recogidos, con un pequeño estanque en el centro y soportales en dos de sus lados. Si los toldos rojos de La Carabela invitan a entrar en uno de los cafés más emblemáticos de la ciudad, es la decoración del palacio de los Barbeito de Padrón, más conocido como Casa de las Caras, la que propone un divertido pasatiempo: buscar entre las caras de los esculpidos personajes que decoran su fachada el sombrero, las gafas y los enormes bigotes de un misterioso individuo que ha dado lugar a todo tipo de interpretaciones.

El paseo por la pequeña y encantadora plaza de la Verdura, donde aún se celebra el mercado; por la de Méndez Núñez, con la estatuta de don Ramón del Valle-Inclán evocando de manera permanente el espíritu cultural de la ciudad, y por la del Teucro, una de las más señoriales, con sus hermosos escudos tallados en piedra y los dieciochescos pazos de Gago y Montenegro, permite no sólo admirar el equilibrio y las proporciones de las plazas pontevedresas y la riqueza de sus testimonios heráldicos, sino también ir buscando acomodo a la hora de la comida en cualquiera de las terrazas que extienden sus mesas en ellas.

También está la plaza de Mugartegui, conocida como da Pedrería, que recibe su nombre del espectacular pazo que ensoñorea en este espacio, construido en el siglo XIX con formas neoclásicas. Y cómo no, la porticada plaza de la Leña, con su bello cruceiro y el espectacular pazo que alberga el museo de la ciudad, a la que siempre hay que regresar de noche, cuando se transforma en un concurrido lugar de encuentro alrededor de los albariños, las tapas y las raciones. Así las cosas no queda más remedio que abandonarse y pasar las horas degustando los riquísimos productos de estas tierras.

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