Esto te va a sorprender: el frío no existe pero si eres mujer te afectará más

Aunque el frío no existe, sino que más bien es una sensación, la bajada de temperaturas pueden hacer que nuestro cuerpo enferme e, incluso, provocar la muerte si no nos protegemos. Te contamos qué le ocurre a nuestro cuerpo y quiénes son más vulnerables ante la bajada de temperaturas

En los últimos días, el país ha experimentado un temporal de frío y nieve que nos ha dejado tiritando. Carreteras, autopistas, puertos de montaña se han visto afectados por la ola de frío. Y, aunque a la mayoría nos guste contemplar los paisajes nevados, nuestro cuerpo sufre la bajada de temperaturas. Esto es debido a que cuando el termómetro indica un descenso de grados, también disminuye la capacidad de nuestro organismo para protegerse de los rigores del invierno. Por eso, debemos protegernos y más los ancianos, los niños y las mujeres, quienes toleran peor el frío. 

¿Cómo nos afecta el frío? 

"El frio como tal no existe, aunque decir esto en esta época del año suene raro. No podemos medir la cantidad de frio de una cosa o un ambiente, pero sí su temperatura. Y es precisamente esto, la pérdida de temperatura corporal, lo que hace que tengamos la sensación que llamamos frío. Es decir, el frío es una sensación que se percibe de distinta manera por cada persona. Algunas son capaces de tolerarlo mejor que otras. Y esto puede estar condicionado por temas culturales, geográficos e incluso genéticos", señala el doctor Francisco Rodríguez Díaz, director médico de la Clínica Axarquía Salud y miembro de Topdoctors. 

Aún así, la bajada de temperaturas nos afecta a todos y, en condiciones extremas, puede darnos un disgusto. "El cuerpo humano está acostumbrado a mantener una temperatura corporal entre 35 y 37º, regulado por una zona del cerebro conocida como hipotálamo que ejerce un control de la temperatura mediante la termorregulación. La temperatura varía de acuerdo a diversos factores entre los que se incluye el estado de hidratación, la actividad física, la hora del día, el grado de humedad externa, la ropa que vestimos, la temperatura externa, la ingesta de alcohol o drogas, etc. Cuando la temperatura baja se produce una vasoconstricción de los vasos periféricos, apareciendo escalofríos, piel de gallina, aumento de la frecuencia cardíaca y de la respiratoria, así como descenso de la presión arterial pudiendo llegar a alteraciones de conciencia y coma en situaciones extremas", apunta el doctor José María Pallarés, coordinador de Medicina Interna del Hospital Universitario HM Madrid.

Grados de hipotermia

Seguro que habrás oído hablar de ella. Y es probable que te hayas expuesto si has permanecido con poco abrigo en el exterior (o si te has quedado en un atasco un día de nieve y sin calefacción). Pero lo normal es que no nos ocurra. Aunque debemos saber a qué nos exponemos cuando el termómetro cae en picado y no nos protegemos. "Dependiendo del descenso de temperatura corporal, existen varios tipos de hipotermia", indica el doctor Pallarés.  

Hipotermia leve. La temperatura corporal se encuentra entre 33 y  35º. Si se mantiene durante horas, puede empezar a dar síntomas por la vasoconstricción de los vasos sanguíneos de manos y pies, así como escalofríos, dificultad para la movilidad y alteraciones en la conciencia.

Hipotermia moderada. Si la temperatura corporal está entre 30 y 33º esta sintomatología se acentúa y aparece la cianosis (coloración azul) en las partes más distales de las extremidades.

Hipotermia severa. Cuando la temperatura corporal es inferior a 30º se llega a producir pérdida de conciencia, los órganos empiezan a fallar, puede producirse una fibrilación ventricular y la muerte. 

El tiempo que el organismo puede permanecer a baja temperatura es variable, pues depende de multitud de circunstancias entre las que se incluye el estado de salud previo del paciente, la temperatura ambiental y el tipo de ropa que dispongamos. "En condiciones normales no es frecuente que se sufran estos trastornos. Sin embargo, sí ocurre entre la población desprotegida (vagabundos, por ejemplo) o en algunas prácticas deportivas como es el caso del esquí o del montañismo. Se producen sobre todo por la exposición excesiva al frío y una protección inadecuada. Asimismo, las hipotermias también pueden verse favorecidas por una humedad elevada", advierte el doctor Pallarés.

En invierno, enfermamos más

A pesar de que la gripe es quizá la más temida debido a su alto nivel de contagio, existen otras dolencias que afectan a diversos órganos y partes de nuestro cuerpo. "Es evidente que existen diversas infecciones de carácter estacional, y que son más frecuentes en invierno debido al descenso de las temperaturas. Es el caso de las infecciones virales, de las que son ejemplos típicos los virus de la gripe y los rinovirus, responsables del catarro común. De hecho, algunos estudios demuestran que ciertos patógenos se benefician de las bajas temperaturas, ya que son capaces de sobrevivir más tiempo en el aire frío y seco. El aire frío afecta la forma como el tracto respiratorio nos protege de enfermedades, puesto que densifica la mucosidad más densa y pegajosa que, dado este cambio en su textura, es menos efectiva a la hora de deshacerse de patógenos intrusos, como los virus", explica el doctor Miguel Garber, especialista en Cardiología y Medicina Regenerativa e Interna. Estas son las enfermedades más típicas:

Catarro. Se manifiesta por inflamación de las vías superiores (nariz, garganta, tráquea, laringe, senos nasales y oído), fiebre, dolor de cabeza y cansancio.

Faringitis. Inflamación de la faringe, producida por multitud de microorganismos, la mayoría de ellos virales (como el del resfriado común o la gripe) o bacterianos (estreptococos). 

Otitis. La otitis media se agrava con el invierno y está relacionada muy relacionada con enfermedades respiratorias. Los más pequeños son los más vulnerables.  

Amigdalitis. Conocida comúnmente como ‘anginas’, se trata de una inflamación de las amígdalas palatinas (situadas en la faringe inmediatamente después de la boca) producida por un proceso inflamatorio o infeccioso.

Bronquitis. Es la inflamación de las vías respiratorias. La causa puede ser vírica o bacteriana. Es común en los niños, ya que sus vías son más estrechas. Los síntomas son parecidos a los de un resfriado que no acaba de curarse. 

Neumonía. Es una infección de los pulmones causada por virus, bacterias u hongos. Se caracteriza por producir fiebre alta, tos, dolor en el pecho. 

Problemas en la piel. El frío afecta a la piel, y mucho. Además de deshidratarse y de la dermatitis atópica, que empeora en el invierno, el frío extremo puede causar, perniosis (sabañones), que se manifiestan con inflamaciones y manchas rojas que producen picor y molestia; o paniculitis por frío, una tumefacción o endurecimiento de las zonas expuestas al frío.

Huesos y articulaciones. Algunas enfermedades como la artrosis o la artritis se agravan con la llegada del frío. 

Trastorno afectivo estacional. Puede sufrirse en los meses de más frío y las mujeres son más susceptibles. Quienes lo padecen sienten más fatiga, decaímiento, somnolencia e irritabilidad. 

Parkinson. Los pacientes que sufren esta enfermedad experimentan alteraciones de la movilidad por espasmo muscular, y el frío agrava este síntoma.. 

Infarto. El frío también puede afectar al corazón, sobre todo, el de aquellos pacientes que ya tiene problemas, ya que puede actúa como un vasconstrictor estrechando las arterias. 

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Si eres mujer, tendrás más frío

Seguro que habrás notado que, cuanto más mayor eres, tu sensación de frío aumenta. Y, si eres mujer, aguantarás peor la exposición a las bajas temperaturas. Hay una explicación. "La razón por la que experimentamos el frío de manera diferente se debe a una combinación de influencias de forma, tamaño, edad y género", indica el doctor Rodríguez Díaz.

El principal factor es la edad. A medida que las personas envejecen, pueden volverse menos perceptivas a las bajas temperaturas, por lo que los ancianos son más propensos a la hipotermia, ya que no notan la caída de su temperatura corporal. Una persona joven en un mismo entorno que otra anciana tolerará mejor el frío. "A los niños, por su parte, también les afecta más el descenso del termómetro ya que su sistema inmunológico aún está inmaduro", recuerda el doctor Garber, también miembro de Topdoctors. 

Otro factor sería el sexo. Las mujeres, a menudo, refieren sentir más frío que los hombres en el mismo entorno. Esto es probablemente porque tienen una temperatura de la piel más baja, debido a la grasa subcutánea y a la acción de los estrógenos. Anecdóticamente, a pesar de tener más grasa subcutánea, "los cuerpos son más pequeños que los de los hombres y es el tamaño corporal, en lugar de la grasa, lo que se correlaciona con el mantenimiento de la temperatura. Debido a que generamos calor desde dentro y lo perdemos desde la superficie, la relación cuerpo-masa corporal entra en juego, y las personas más grandes generan más calor y por tanto pierden menos", abunda Rodríguez. 

Por otro lado, "las mujeres son mejores conservando la temperatura interna del cuerpo que los hombres, probablemente por razones reproductivas, para mantener caliente a cualquier posible feto en desarrollo. Cuando la temperatura ambiente disminuye, el sistema circulatorio de una mujer desviará la sangre de su piel y extremidades hacia el interior de su organismo", añade. 

Por último, las enfermedades crónicas, la estatura, las zonas geográficas en las que estemos acostumbrados a desarrollarnos, y nuestro entorno cultural influyen igualmente. 

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