Ni todo Parkinson tiene temblor ni es Parkinson todo lo que tiembla

Los casos de Michael J. Fox, de Mohamed Alí o de Robin Williams han ayudado a la ciencia a dar una visión más precisa y rigurosa de lo que es la Enfermedad de Parkinson. Sin embargo, todavía existen muchos mitos que contribuyen a que no tengamos una información rigurosa de esta enfermedad neurodegenerativa. Te invitamos a conocerla de cerca.

Al actor Michael J. Fox le diagnosticaron Parkinson antes de cumplir los 30 años. Su caso saltó a los medios de comunicación de todo el mundo y constituyó una oportunidad única para que la sociedad dejara de creer que esta enfermedad afecta exclusivamente a personas de avanzada edad. El caso de este actor no ha sido el único que ha permitido a la comunidad médica desterrar algunos mitos que circulaban en la sociedad y dar a conocer la auténtica realidad de esta enfermedad neurodegenerativa.

Recordemos a Mohamed Alí. El que ha pasado a la Historia como uno de los mejores boxeadores del mundo creyó que el hormigueo y los temblores que empezó a experimentar se debían a los numerosos golpes que encajó en su etapa como deportista y no le dio más importancia hasta que los síntomas se empezaron a agravar. Fue diagnosticado en 1984. A raíz de su caso se generaron cientos de mensajes de concienciación sobre la importancia de una detección temprana del Parkinson.

Y no olvidemos a Robin Williams. El actor mantuvo su diagnóstico de Parkinson en la más absoluta intimidad. Pese a que llevaba años siendo tratado, finalmente una depresión le hizo quitarse la vida. Este lamentable e inesperado acontecimiento hizo recapacitar sobre las consecuencias de los síntomas depresivos de esta enfermedad neurodegenerativa. También reabrió el debate sobre la grave estigmatización que sufren los pacientes de Parkinson en pleno siglo XX.

Estos y otros muchos casos de personas con proyección internacional no han sido suficientes para acabar con las ideas erróneas que circulan entre la sociedad sobre el Parkinson. Uno de los principales errores es pensar que los temblores son el principal síntoma de alarma. Tampoco es cierto que la única herramienta que les proporcione beneficio a los pacientes sea el tratamiento farmacológico.

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No todo Parkinson tiene temblor

Uno de los mayores errores a la hora de hablar de la Enfermedad de Parkinson es pensar que los temblores son el primer y principal signo de alarma. “No solo es que haya muchos casos en los que no es el primer síntoma, sino que incluso hay pacientes que no llegan a tener temblor en ningún momento de toda su enfermedad”, asegura la doctora María Isabel Morales, neuróloga del Centro de Rehabilitación Neurológica Casaverde de Madrid.

Con respecto a los síntomas motores del Parkinson, explica que, además del temblor,  “la sintomatología más frecuente es la relacionada con la rigidez y lo que conocemos con el término de “bradicinesia” o lentitud y dificultad para realizar movimientos. Muchas veces esto se traduce clínicamente en problemas en la manipulación de objetos, alteración de la marcha, dificultad para darse la vuelta en la cama o pérdida de la expresividad facial”.

No todo lo que tiembla es Parkinson

El temblor que a menudo se relaciona con el Parkinson puede ser síntoma de otras muchas enfermedades. Y no nos referimos exclusivamente a enfermedades neurológicas. Por ejemplo, el temblor puede ser síntoma de que existen alteraciones en hormonas, acúmulo de ciertas sustancias en sangre o estados de ansiedad. De hecho, hasta un 25% de los pacientes clínicamente diagnosticados en vida tienen en realidad otra enfermedad. Así lo asegura la Sociedad Española de Neurología.

“Para diferenciar el Parkinson de estas enfermedades debemos tener en cuenta las características del temblor, la evolución y la asociación con determinados síntomas”, señala la doctora Morales. Y añade: “El diagnóstico de la enfermedad de Parkinson es clínico, es decir, se basa fundamentalmente en los síntomas contados por los pacientes y en una buena exploración neurológica. Se pueden realizar pruebas de laboratorio o de imagen para descartar otras alteraciones que pudieran estar enmascarando la sintomatología. En casos complicados o que ofrezcan dudas, existen pruebas de neuroimagen funcional que nos pueden ayudar a identificar alteraciones típicas en la Enfermedad de Parkinson confirmando la sospecha diagnóstica que insisto, la debe fundamentar los síntomas y la exploración”.

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El Parkinson puede aparecer en menores de 45 años

En España, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), entre 120.000 y 150.000 personas padecen esta enfermedad de la que, cada año, se diagnostican unos 10.000 nuevos casos. El 70% de las personas diagnosticadas tienen más de 65 años. Sin embargo, no es una enfermedad exclusiva de las personas mayores, ya que cada año se detectan 1.500 nuevos casos entre pacientes menores de 45 años y también existen casos en la que la enfermedad puede iniciarse en la infancia o en la adolescencia. “Los casos en personas jóvenes se dan, sobre todo, en aquellas personas con influencia genética”, apunta la doctora.

No todos los síntomas son motores

El Parkinson se produce como consecuencia de la destrucción de neuronas productoras de dopamina, lo que la convierte en una enfermedad neurodegenerativa y, por tanto, crónica. En un principio se pensó que los síntomas eran puramente motores, como lentitud, rigidez y temblores. Pero hay otros síntomas que afectan la calidad de vida: apatía, alteración del sueño, depresión, pérdida de olfato, estreñimiento, alteraciones urinarias, disfunción sexual o trastornos de ánimo. El Dr. Javier Pagonabarraga Mora, Coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento de la Sociedad Española de Neurología, señala que, en un gran número de pacientes, “la depresión puede ser la primera manifestación del Parkinson”.

Dentro de los síntomas no motores, los más frecuentes son: el dolor (presente en el 60% de los pacientes), la fatiga (50%), la psicosis (50%), la somnolencia diurna excesiva (entre un 12% y un 84% de los pacientes) o el insomnio (55%). Pero también otros como el trastorno de la conducta del sueño REM  (entre un 46% y un 58% de los casos), conductas impulsivas y compulsivas (13-25%) o deterioro cognitivo leve (30%).

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El beneficio del ejercicio físico en Parkinson

A día de hoy, el coste de la enfermedad de Parkinson en Europa se acerca a los 11 billones de euros anuales. La variedad de síntomas que presenta esta enfermedad hace que el tratamiento deba ser personalizado, atendiendo a las situaciones de cada paciente. Por otra parte, también debe ser multidisciplinar, dependiendo de la progresión de la enfermedad y apoyado por terapias no farmacológicas. En este sentido son numerosos los estudios que avalan el beneficio del ejercicio físico en los pacientes con enfermedad de Parkinson durante todos los estadios de la enfermedad  y también que la terapia ocupacional es útil en la mejoría de las actividades de vida diaria, reduciendo los costes de cuidados relacionados con la salud y la institucionalización.

“Los tratamientos farmacológicos actuales ayudan a controlar la sintomatología, mejorando la calidad de vida de los pacientes de forma muy importante, hasta estados avanzados de la enfermedad. En esto entra en juego la importancia del diagnóstico precoz, puesto que existe un periodo inicial en el que la respuesta al tratamiento es excelente. El tratamiento se adecua a cada paciente de forma personal teniendo en cuenta las características, el resto de patologías, los horarios y la fluctuación de los síntomas a lo largo del día”, informa la doctora del Centro de Rehabilitación Neurológica Casa Verde de Madrid.

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