No decae el 'glamour' de Victoria y Sofia de Suecia en la última gala de los Nobel

Compensaron la ausencia de la princesa Magdalena con un derroche de elegancia en su honor

Semanas atrás, la noticia de la ausencia de Magdalena de Suecia en las galas de los premios Nobel empañaba la promesa de glamour de las celebraciones de este año, pero llegado el momento de la verdad se ha comprobado que el temor era infundado. No solo el derroche de elegancia de ediciones anteriores estaba perfectamente garantizado con Silvia, Victoria y Sofia de Suecia, sino que además la Princesa ausente ha estado muy presente al haber inspirado algunos de los exquisitos atuendos de 2018.

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No decae la fiesta en Estocolmo después de la brillante entrega del pasado lunes en la Sala de Conciertos de la capital escandinava, ni la distinción con que las damas de la Familia Real sueca rinden homenaje a los galardonados, ahora con una cena de gala en palacio. Anoche el rey Carlos Gustavo abría las puertas del Palacio Real a todos los Nobel del año como es tradición desde 1904, cuando el rey Oskar II celebró la primera recepción, y tanto su reina como sus princesas volvían a ser las perfectas anfitrionas de siempre con más vestidos de ensueño y más centelleantes tiaras.

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La Familia Real sueca recibió a sus invitados de honor en la estancia conocida como Mar Blanco, antes de que se sirviera el banquete en la galería de Karl XI. La reina Silvia vistió de color de rosa la segunda de las citas Nobel con una creación de Jacques Zehnder, en colaboración con la asistente real Ann Schierenbeck, y coronó aquellas últimas horas de la tarde con la puesta de sol de diamantes de la tiara Fringe, la favorita de la princesa Victoria, que llegó al cofre de los Bernadotte cuando los Duques de Baden se la regalaron a su hija con motivo de su enlace matrimonial con el que después sería Gustavo VI de Suecia.

Todo al rojo ganador

Magdalena de Suecia ha protagonizado infinidad de momentos dignos de mención por su elegancia y encanto, pero su aparición en los Premios Nobel de 2002 es uno que nunca olvidaremos. Aquella apuesta al rojo ganador se ha convertido quince años después en uno de los atuendos icónicos de la gala, un clásico de glamour que siempre deja bien. Este año ha revivido su antiguo éxito en las nuevas versiones de las princesas Victoria y Sofia, que recordaban a la princesa Magdalena en su ausencia con su particular homenaje.

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La princesa Sofia se inspiró en él para la ceremonia de entrega del pasado lunes y la princesa Victoria, para la cena de ayer, que coronó con la diadema de laurel de la princesa Lillian. La Heredera al trono también coincidió con su hermana, y con la gran mayoría de las damas de la realeza, luciendo un clutch de la firma Bottega y Veneta a tono con la banda. Sofia de Suecia lució anoche un sofisticado vestido de la marca Valerie, de la diseñadora sueca Valerie Alfalo y del estilo de su añorada cuñada; de nuevo se ciñó su tiara nupcial, pero esta vez con puntas de diamante, y se puso los pendientes de amatistas con los que la princesa Magdalena ha brillado más de una vez. Este año Magdalena de Suecia no estaba, pero se la encontraba.

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