Silvia, Victoria y Sofia de Suecia ofrecen un aperitivo del brillo de los Nobel

Un centenar de invitados asistieron a la cena de gala en el Palacio Real de Estocolmo en honor del Presidente de Italia y su hija, que se encuentran de visita oficial en el país escandinavo

Falta un mes escaso para la entrega de los premios Nobel y sus varias celebraciones, pero en realidad cada cena de gala que alberga el Palacio Real de Estocolmo hasta la señalada fecha destella un haz del brillo de su cita grande. Anoche, en honor al Presidente de Italia, Sergio Mattarella, y su hija Laura, que se encuentran de visita de Estado en Suecia, los mariscales lucieron en todo su esplendor, la orquesta de cámara entonó la noche con las notas de Mozart y los impecables dragones flanquearon la escalinata que conduce hasta el salón del Mar Blanco, donde se reunirían 138 invitados ilustres de la política, de la diplomacia, de las finanzas y de la cultura de ambos países.

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Silvia de Suecia fue Reina en todos los sentidos. De título y porte. Combinó los zafiros de Leuchtenberg, un regalo del emperador Napoleón I a su esposa Joséphine de Beauharnais alrededor de 1805, con el vestido de los Nobel de 2017, una creación de la casa de moda de Munich Georg et Arend. Victoria y Sofia de Suecia rindieron homenaje a sus honorables invitados en verde y blanco, casi toda la bandera italiana, con dos estrenos para la ocasión: la Heredera lució un vestido verde oscuro entallado a la figura y la tiara de Rosetones, unas flores que pertenecieron a la reina Luisa Ulrica de Prusia, mientras que la princesa Sofia recreó el éxito de la Duquesa de Sussex con un vestido de novia como atuendo de gala y su tiara nupcial con las puntas de diamantes, en lugar de las esmeraldas de su gran día.

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Ninguno de los allí presentes olvidará la majestuosa entrada de la Familia Real sueca. La impresión de verles acceder por primera vez con sus mejores galas al bellísimo escenario histórico donde emplazan a sus huéspedes. Y eso solo era el principio de la velada. Después, el rey Carlos Gustavo agasajó con una cena de cuatro platos de delicias suecas a los asistentes, muchos de ellos políticos en un momento de gran presión en el país escandinavo que suma ya dos meses sin Gobierno y se habla de elecciones extraordinarias. Pero el pastel de salmón con guarnición de manzana y crujiente de repollo; la lucioperca al horno con crema de hinojo y trucha cocinada en aceite de cúrcuma con salsa de mantequilla blanca; el queso frito con tocino al horno, remolacha en escabeche, puré de patata y crema de mora, y el mousse de caramelo con crema y turrón y la grata conversación dejaron buen sabor. Insuperable… hasta la próxima.

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