Silvia de Suecia 'socorre' a la princesa Magdalena en Nueva York, después de tiempo sin verse por la mudanza de su hija a Florida

La mera posibilidad de no poder cumplir al cien por cien la contrariaba. Magdalena de Suecia era la anfitriona de la gran cita de la solidaridad en Nueva York, que año tras año prepara con mucha antelación y con el mayor cariño en favor de sus niños de la fundación Childhood. Pero la Princesa, una madre también muy presente en la vida de sus tres pequeños, Leonore, de 4 años, Nicolas, de 3 años, y Adrienne, de 7 meses, hacía frente el pasado domingo a una crisis de catarros en su nuevo hogar en Florida, y temió seriamente por la gala. Necesitaba la asistencia de la reina Silvia, de nadie mejor que de una madre que además es la iniciadora de la importante lucha de Childhood de dar a los pequeños una infancia segura y feliz.

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No había más que decir. Especialmente en estos momentos en los que, tras su reciente mudanza a Miami, todos en la Familia Real sueca echan tanto de menos a la princesa Magdalena: “Hace mucho frío, han llegado los virus, y hemos elaborado un plan B: la reina Silvia irá”, confirmó Margaret Thorgren, Directora de Información de la Casa Real sueca, al diario sueco Expressen. Los resfriados como vienen se van y la princesa Adrienne mejoró lo suficiente para poder acompañar a su madre a Nueva York, mientras sus hermanos, la princesa Leonore y el príncipe Nicolas, se quedarían en casa con su padre, Chris O'Neill, en Florida. Después de todo Magdalena de Suecia viajaría y cumpliría con su causa, en una velada que congregaría a importantes personalidades VIP y que recaudaría una gran cantidad de dinero: más de 85.000 euros cuesta el cubierto de la cena benéfica. Y la reina Silvia, que había conseguido cuadrar la agenda oficial, la acompañaría.

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Todo el esfuerzo fue recompensado. Ayer, después de haber pasado el día en la ONU y de haber compartido un almuerzo con el Consejo de la Infancia, madre e hija brillaron como si el cansancio de la jornada no apagara ni un vatio la voluntad de perseverar en la causa, como si la Gala para la Infancia fuera el interruptor de aquella luz especial. La reina Silvia y la princesa Magdalena se conjuntaron en risas, junto a sus cientos de invitados, y en flores, a propuesta de la embajadora Karin Olofsdotter.

Y todos, en feliz compañía en el Gran Salon neo-renacentista del exclusivo Cipriani 25 de Broadway, asistieron a una subasta de viajes al Himalaya, a las Maldivas, Mauricio o Antiqua; a la entrega del premio de agradecimiento de este año a Marta Santos Pais,  representante especial del Secretario General de las Naciones Unidas sobre la violencia contra los niños, y los reconocimientos especiales a la Baronesa Joanna Shield, Hugh Evans y Tony Maddox de CNN; a una cena de delicias (ensalada de alcachofas asadas, tomates secos, aguacate, rúcula y parmesano crujiente, como entrante; asado con salsa de perigourdine junto con ratatouille fresco y patata Dauphinois, como plato principal, y tartaleta de frutas con cubierta de chocolate, como postre), y a la actuación del cantante británico Leon Else, que puso a todos a bailar con el brazalete infantil que obsequiaron a los asistentes en alto y que tanto la reina Silvia como la princesa Magdalena lucían entre sus joyas. La gala fue un éxito. El éxito de los niños.

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