Nuevo derroche de elegancia de la Familia Real sueca en honor de los premios Nobel

Cada nueva edición de los premios Nobel es un derroche de talento, de celebraciones y de glamour. No decae la fiesta en Estocolmo después de la brillante entrega del pasado domingo en la Sala de Conciertos de la capital escandinava, ni la elegancia con que las damas de la Familia Real sueca rinden homenaje a los galardonados, ahora con una cena de gala en palacio. Anoche el rey Carlos Gustavo abría las puertas del Palacio Real a todos los Nobel del año como es tradición, y tanto su reina como sus princesas volvían a ser las perfectas anfitrionas de siempre con más vestidos de ensueño y más centelleantes tiaras.

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Victoria, Sofia y Magdalena de Suecia, 'aurora boreal' en los Nobel del 'glamour'

La Familia Real sueca recibió a sus invitados de honor en la estancia conocida como Mar Blanco, antes de que se sirviera el banquete en la galería de Karl XI. La reina Silvia, elegante en grado sumo de púrpura en la entrega de premios, eligió para la segunda de las citas Nobel un vestido igual de exquisito con una superposición de encaje y unas joyas de tanto o más empaque con los denominados zafiros de Leuchtenberg, que hasta la fecha son de uso exclusivo de la soberana. Un conjunto de tiara, collar, broche y pendientes, engarzados en el siglo XIX, que fueron heredados por la reina Josefina.

Victoria de Suecia tampoco bajó el listón en la segunda velada de los célebres galardones y volvió a ascender al trono del glamour en una entrada triunfal. La Princesa heredera hizo honor a su título con un vestido de género y corte de princesa, que firma su favorita Camilla Thulin. Coronó su puesta de ayer, como muchos de los acontecimientos importantes de los últimos años, con la tiara de Laurel de la recordada princesa Lillian, que también llevó en la Boda Real de la princesa Magdalena en 2013.

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Además no faltó al banquete de anoche Magdalena de Suecia, a la que en cambio sí se echó en falta en la cena que siguió a la ceremonia de entrega del pasado domingo, a causa de las típicas molestias del embarazo. Ayer volvió a vestir de color de rosa su dulce espera, que expirará esta primavera tras el nacimiento de su tercer bebé. Rescató el mismo vestido de Elie Saab que lució en la Boda Real de Carlos Felipe y Sofía en 2015 y brilló con su propia tiara nupcial, que la acompaña en la mayoría de las ocasiones de gala.

Parece que no existe la casualidad en el protocolo y una vez más los vestidos de las damas reales combinaban entre sí. Si en la primera cita de los Nobel la reina Silvia y las princesas Victoria, Magdalena y Sofia parecían juntas una aurora boreal, un cielo de glamour púrpura, rosa y celeste, en esta segunda celebración la paleta de colores de sus atuendos era de tonos pastel. La princesa Sofia no se salió de la línea y vistió de verde menta, una creación de Philosophy di Lorenzo Serafini. Volvió a ceñirse su tiara nupcial que, después de haberla lucido con perlas la noche anterior, llevó con las esmeraldas originales de su gran día. 

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