Las piruetas de Leonore, los 'achuchones' de Estelle... El 'otro' Bautizo Real de Oscar de Suecia

Magdalena de Suecia, Federico de Dinamarca, Mette-Marit de Noruega, Hans Astrom y Oscar Magnuson ejercen de padrinos

Ha llegado el gran día del Bautizo Real de Oscar de Suecia. Todo el país está viviendo una jornada de celebración, júbilo y tradición esta mañana de mayo, que ha amanecido reacia a competir en esplendor con el gran acontecimiento y se ha levantado con cielo cubierto y amenaza de lluvia, si bien se espera que el tiempo tampoco haga desplante y el sol asista al menos en los momentos claves realzando el gozo del reino por ver al segundo hijo de los príncipes Victoria y Daniel, el príncipe Oscar Carl Olof, Duque de Skane, recibir las aguas bautismales en la histórica iglesia del Palacio Real.

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Los arreglos de flores de lilas moradas, malvas y blancas, la guardia real de honor, apostada en el patio exterior, en el interior y en la puerta sur de acceso al templo con el uniforme de gala de 1886, y más tarde también una salva de 21 disparos de cañón, dan la nota de solemnidad al bautismo del pequeño gran protagonista, cuarto nieto de los Reyes de Suecia y tercero en la línea de sucesión al Trono. La Capilla Real de Estocolmo se llena por estricto orden de protocolo con un continuo goteo de invitados, los más de 400, en un desfile de glamour salpicado de algún paraguas y varias gabardinas que, a sólo unos pasos de la entrada, descubren a la prensa los ricos encajes, las brillantes sedas y las vaporosas muselinas que esconden. Federico y Mary de Dinamarca, peinada con un elaborado moño al lado y vestida con una gabardina azul marino, son de los primeros miembros de la realeza en llegar a palacio, para cambiarse en el interior.

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El ceremonial se dilata, pero cuando prácticamente todos los asistentes están acomodados en sus lugares y apenas sólo quedan libres las dos primeras filas de asientos, los sillones dorados con tapicería azul reservados a los VIP de la ceremonia, el coro comienza a cantar anunciando que se acerca el momento de la llegada de los miembros de más alto rango. Son los últimos en acceder a la capilla. Primero entran Carlos Felipe y Sofia de Suecia, que luce figura tras el nacimiento del príncipe Alexander con un vestido entallado con falsa capa en azul claro de Antonio Berardi y un tocado rosa palo -dos de los colores de este Bautizo-, junto a Chris O'Neill, que lleva al pequeño príncipe Nicolas en sus brazos, muy entretenido con un cepillo de dientes luminoso; les siguen Haakon de Noruega y Mary de Dinamarca, con un vestido de seda blanco roto con estampado floral azul marino y pamela grande contrastando en los dos tonos.

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El toque de trompetas anuncia solemne a los Reyes de Suecia, muy sonrientes y muy elegantes. El rey Carlos Gustavo, de gala con todas las distinciones, y la reina Silvia, radiante con un vestido de seda adasmacado a tono con un tocado tipo pillbox y un chal de flecos que se ha quitado justo antes de llegar a la puerta de la iglesia. Justo instantes después llegan por fin aquellos que todos querían ver: Victoria de Suecia con el príncipe Oscar en sus brazos.

La madre, guapísima como corresponde para el bautismo de su niño, viste un vestido calado en blanco roto de By Malina y un tocado con adorno floral. El pequeño, envuelto en batista de algodón, encaje de Valenciennes e historia real, ha lucido en todo su esplendor el traje de cristianar de 110 años de tradición familiar. Lo llevó por vez primera el príncipe Gustaf Adolf cuando fue bautizado en 1906 y, desde entonces, lo han usado todos los demás Bernadotte, generación tras generación, incluidos todos los miembros de la actual Familia Real sueca.


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A su lado, Daniel de Suecia y la princesa Estelle, una adorable fotocopia de mamá: de blanco como ella y con tocado de flor también igual que ella. Un collar de perlas y un bolso de mano la distinguían además en su papel perfectamente asumido, incluso con orgullo podría decirse, de hermana mayor. Tras ellos hacen su entrada los cinco padrinos del príncipe Oscar. Primero Federico de Dinamarca con Mette-Marit de Noruega, que ha elegido para la gran ocasión un vestido verde menta de tweed con cuello camisero y un espectacular broche del cofre real.

Dos pasos por detrás les siguen Magdalena de Suecia, que rinde homenaje a su sobrino con sublime elegancia de Roksanda, muy del estilo de Máxima de Holanda con llamativas mangas acampanadas y llamativa sonrisa, llevando a la princesa Leonore en sus brazos, preciosa de blanco y azul (igual que su hermano, pero con el orden de los colores invertidos) y más tímida de lo que luego ha demostrado. Las escoltan Hans Astrom, primo del príncipe Daniel, y Oscar Magnuson, primo de los tres hijos de los reyes Carlos Gustavo y Silvia, que comparten también el honor como guías del príncipe Oscar.

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Entonces ha dado comienzo puntual una ceremonia, pendulante entre la tradición real y la espontaneidad familiar, que ha sido oficiada por la arzobispa Antje Jackelén, asistida por el capellán del Rey, el Obispo Johan Dalman, y por el pastor de la Real Academia, capellán regular de la Corte, Michael Bjerkhagen. Tras las palabras de bienvenida del prelado, Victoria de Suecia ha subido al púlpito para dar las gracias a Dios por su hijo. Federico de Dinamarca, en representación de los padrinos, y Daniel de Suecia también han pronunciado unas palabras.

Y todo lo que se demoraba el comienzo del servicio, se precipitaba el final una vez empezado. Un rito ha seguido a otro -el encendido del cirio a la rueda de los padrinos y la ablución al encendido del cirio-, y Oscar de Suecia, ajeno a todo y prácticamente dormido toda la ceremonia, ha recibido casi sin enterarse (y casi sin inmutarse) las aguas bautismales, traídas especialmente de Öland, ante la histórica pila de plata de finales del siglo XVII. Sólo ha abierto los ojos y, entonces sí, ha llorado a pleno pulmón, cuando la arzobispa Antje Jackelén le ha levantado en alto tras haber recibido su bendición.

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El príncipe Oscar ha sido el bello durmiente, mientras las princesas Estelle y Leonore han sido dos bellas muy despiertas. Estelle de Suecia ha guardado en su bolso su papel de hermana mayor unos instantes para jugar como prima compinche mano a mano con la princesa Leonore y con su princesa Elsa. Y es que a las princesas escandinavas reales les gustan también las princesas escandinas de ficción. Luego los márgenes de la alfombra, pegados a los asientos, se le han quedado pequeños a la movida princesa Leonore, que se ha desplazado al centro, donde ha dado algunas de sus mejores piruetas.

Una vez sentada no ha estado más tranquila y se ha caído de cabeza de su sillón, que ha volcado hacia atrás, ante lo que ha reaccionado rápidamente la princesa Magdalena, que ha estado pluriempleada como madre y madrina. Solo el chupete ha conseguido lo inesperado y la ha calmado lo suficiente hasta el final... Para entonces poco quedaba de sus preciosas trenzas. Finalizado el bautizo, tras haber buscado cariño en los brazos de su abuela paterna y de haberla colmado de achuchones, Estelle de Suecia ha recuperado con su bolso, la responsabilidad de hermana mayor y sus maneras de princesa, saludando con la manita a los suecos, que han hecho caso omiso al desafío del mal tiempo y han salido a la calle a arropar a su Familia Real. Pero quien bien se ha ganado de manos del rey Carlos Gustavo su medalla al mejor comportamiento, la orden de los Serafines, que es la más alta distinción del reino, y el merecido descanso en la histórica cuna de Karl XV ha sido sin lugar a dudas el príncipe Oscar.

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