El debut de una princesa, un vestido de alfombra roja y una ausencia destacada en el Baile de la Rosa

Un año más, Mónaco se ha vestido de gala con motivo del tradicional Baile de la Rosa. Una de las fiestas más esperadas en el calendario del Principado con la que la Familia Grimaldi da la bienvenida a la primavera. Glamur y sofisticación en la 62 edición de esta celebración con fines benéficos a favor de la fundación Princesa Grace.

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El príncipe Alberto ejerció de anfitrión junto a su hermana, la princesa Carolina, vestida de Chanel, y con una destacada ausencia, la de la princesa Charlene que, como el año anterior, no ha acudido a esta cita.

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La familia Grimaldi hizo su entrada en el Sporting Club de Montecarlo alrededor de las nueve de la noche. Carolina de mónaco se mostró radiante y feliz junto a sus cuatro hijos: Carlota, Andrea -en compañía de su mujer Tatiana Santo Domingo-, Pierre -junto a Beatrice Borromeo- y Alejandra de Hannover.

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Esta última fue una de las protagonistas de la velada. La hija pequeña de Carolina de Mónaco, de 16 años, asistió por primera vez al Baile de la Rosa con un vestido en color rosa empolvado de Chanel. Llegó con una gran sonrisa en compañía de su hermana, Carlota Casiraghi, quien también confió en Chanel para esta noche. Una vez terminada la cena y como no podía ser de otra manera, se animó a salir a la pista y a bailar a ritmo de sones caribeños ya que en esta edición la temática giraba en torno a Cuba.

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El Baile de la Rosa contó con otra protagonista, la mujer de Pierre Casiraghi, Beatrice Borromeo. Eclipsó con un espectacular vestido rojo de Giambattista Valli con escote palabra de honor digno de la mejor alfombra roja. De la mano de su marido y con el pelo recogido, brilló una vez más, en esta ocasión como una auténtica estrella de cine. Uno de los momentos más emotivos fue cuando acapararon todas las miradas en la pista de baile. Sonrisas, complicidad y gestos de cariño... para una pareja totalmente compenetrada y muy enamorada.

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El Sporting Club de Montecarlo se engalanó con aires caribeños para vivir una divertida noche cubana. Este año también fue el diseñador Karl Lagerfeld, buen amigo de Carolina de Mónaco, el encargado de la decoración. En los últimos cincos años ha sido el responsable de la ornamentación, esta vez marcada por los tonos verdes que recordaban a los campos de caña de azúcar y a los colores turquesas del mar. Las mesas lucían unos originales y coloridos manteles con frutas y flores. Un ambiente que intentaba trasladar a los invitados a una cena en una calle de La Habana.

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Todos los invitados, alrededor de 900, entre los que se encontraban miembros de otras casas reales como la de Egipto, fueron recibidos con dos tradicionales bebidas de la isla: un mojito y un Cuba Libre. Posteriormente fueron agasajados con un exótico menú dulce-salado por el que pagaron 800 euros por persona. Todo lo recaudado irá destinado a la Fundación Princesa Grace.

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Alrededor de las dos de la manaña, la fiesta llegaba a su fin. El Baile de la Rosa -celebrado por primera vez en 1954- da el pistoletazo de salida a la temporada de fiestas en el Principado. Este año con mucho ritmo y sabores latinos.

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