Charlene de Mónaco, una cantante de 'country' en el 70º cumpleaños de su padre

La Princesa viajó expresamente a Sudáfrica para darle una sorpresa en su gran día

Charlene de Mónaco ha vuelto a demostrar que tiene un don para las sorpresas. Después de dejar a todos con el suspiro en la boca tras una declaración de amor pública -y en francés- al príncipe Alberto, un romántico colofón a la altura de las señaladas celebraciones por su décimo aniversario en el trono, ha dejado ojipláticos a más de uno y más de dos con otra de sus especiales felicitaciones. En esta ocasión, en privado y con su padre como especial destinatario, cantó una canción de country.

Los setenta años de un padre no es cosa de poca importancia y la princesa Charlene no ha querido dejar pasar la oportunidad de compartir con el suyo su gran día. Sin más contemplaciones, como siempre que ha sentido el imperativo de emprender un viaje de ida y vuelta a su antigua vida en Sudáfrica, resolvió dejar a sus mellizos, los príncipes Jacques y Gabriella, por unas pocas horas en Mónaco, para hacer una breve escapada a Johannesburgo y arropar a Michael Wittstock el 8 de febrero en su entrada a la nueva década.

La Princesa volvió a zambullirse en el mundo de Charlene Wittstock. Apareció en el restaurante Aurelia del exclusivo hotel Emperors Palace, que acogía la fiesta de cumpleaños de su padre, vestida como una "cowgirl de Benoni", como ella misma se describe en referencia a la ciudad donde creció -y donde nació también la actriz Charlize Theron. Impresionante e irreconocible con una peluca pelirroja en lugar de su pelo pixie platino y con un sombrero vaquero en lugar de la tiara, se abrió paso hasta su padre bailando y cantando ante los atónitos invitados un clásico del género country del famoso cantante tejano Kenny Rogers, The Gambler.

La elección del tema no fue al azar, aunque tuviera todo que ver con él. La canción anunciaba con intención la entrega de los regalos de la princesa Charlene, ofrecidos a su padre en una bandeja, como a un señor: su cóctel favorito, un cigarro especial y una baraja de cartas y fichas de casino, personalizadas con las caras de sus nietos y fotos de la familia. El paquete incluía un retrato de tamaño natural de los príncipes Alberto y Charlene con sus mellizos en las rodillas.

La Princesa, excepcional embajadora de Mónaco, cedió terreno a la cowgirl, excepcional embajadora de Sudáfrica, que se subió al escenario para dedicarle a su padre unas conmovedoras palabras: “Estoy muy orgullosa de mi padre, de mi país y de Benoni. Siempre me hace feliz volver a casa y compartir recuerdos maravillosos con mi familia y mis compatriotas. Papá, gracias por todo lo que hiciste por mí y por mis hermanos. Te queremos”, dijo haciendo extensiva su dedicatoria a sus hermanos pequeños, Gareth Wittstock, técnico en computación y casado desde el pasado mes de septiembre con Roisin Gavin, y Sean Wittstock.

El emocionado homenajeado se puso de pie en el escenario y agradeció su presencia a todos sus amigos de la infancia de sus días en Zimbabwe, a toda su familia y a todos los invitados llegados de Benoni y más allá, a quienes deseó también muchos años de fortuna y éxito. Tras cumplir como hija, presta a cumplir como esposa y madre, al día siguiente sin más tardar, emprendió su vuelo de regreso a Palacio. A casa.

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