Carolina de MónacoVER GALERÍA

Siempre se agradece la presencia de Carolina de Mónaco en los actos del Principado. Después del Baile de la Rosa, la Princesa ha vuelto a complacer a sus admiradores asistiendo a una conferencia sobre las películas de las expediciones de su bisabuelo, el príncipe Alberto I, presidida por Alberto de Mónaco.

Andrea Casiraghi, tercero en la línea de sucesión al trono monegasco, acompañaba esta vez a su tío y a su madre, la princesa Carolina, que pese a su reciente operación de rodilla y su paulatina recuperación volvía a lucir sonrisa. Y es que corren buenos tiempos para la Princesa: entre la boda religiosa de Andrea y Tatiana, la felicidad de Carlota y Pierre y el nacimiento de sus dos nietos, Sasha y Raphael, una deliciosa bocanada de aire fresco se ha llevado las tormentas y ahora brillan los bellos momentos de los Grimaldi.

De vuelta en el Principado, la Princesa regresa a sus lugares y rincones más queridos, que ahora comparte con sus hijos y sus nietos. Su centro es Le Clos Saint-Pierre, una villa de estilo Belle Epoque que se esconde tras un muro de piedras y magnolias y que fue un regalo de su padre el príncipe Raniero antes de su boda. La residencia, de la que el caminante sólo adivina la silueta, se encuentra cerca del Museo Oceanográfico y, lejos de la exuberancia de las grandes villas de la Riviera, tiene un encanto pintoresco. Guarda también numerosos gratos recuerdos para la Princesa, ya que en esta mansión Andrea, Carlota y Pierre crecieron en la época de los días felices con Stefano Casiraghi.

En ese momento, la decoración era elegante, pero también funcional, para dar mayor libertad a los entonces pequeños príncipes. Desde su regreso, la princesa Carolina ha fusionado dos casas vecinas para que sus hijos tengan su propio espacio; por supuesto, también ha cambiado la decoración y el destino de ciertas partes, probablemente siguiendo el buen consejo de su amigo el decorador Jacques Grange, que le ha dado su parecer experto en cada uno de sus sucesivos domicilios, en Saint-Rémy-de-Provence, en Fontainebleau o en su mansión de la rue de Grenelle, donde reside cuando se encuentra en la capital.

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Se ha reservado un lugar para los más jóvenes, la princesa Alejandra, matriculada a su llegada al Principado en una institución católica, y los benjamines, Sasha y Raphaël, para evitar el alto riesgo de que echen a perder el orden y la calma de Clos Saint-Pierre y perturben la vida cotidiana de una abuela ocupada.

Carlota Casiraghi se hospedó en la recta final de su embarazo en la casa familiar, que tiene también la ventaja de estar cerca de palacio. Puede ir caminando hasta allí para abordar cualquier cuestión de su agenda oficial. El premio Príncipe Pierre de Mónaco, el ballet de Monte Carlo, exposiciones de pintura, las noches de estreno en el Teatro Princesa Gracia… son algunos de los compromisos preferidos de esta reina de las artes, que todavía guarda su antigua colección de viejos vinilos de 1970.

Para almuerzos o cenas improvisadas, la princesa Carolina se mantiene fiel a la cocina mediterránea del Grill Hotel de París y a las especialidades italianas de Rampoldi. Pero para completar este recorrido por el Principado íntimo de la princesa Carolina, no podemos olvidarnos de los muelles del puerto de Hércules, donde se puede admirar el famoso yate Pacha III, que la Princesa utiliza como residencia de verano. Este buque, construido en 1931, fue adquirido por Stefano y lleva el nombre de Pacha en honor de los tres hijos de la pareja: P, por Pierre; A por Andrea y Cha, por Charlotte. Conserva el aire vintage y los lujos que le permiten navegar con la máxima comodidad por la costa azul.

Uno de los pilares de la Princesa es su círculo de amistades. Se rodea de gente con talento y se nutre de la curiosidad de todos los intelectuales, mientras que sus íntimos siempre están ahí para protegerla de la curiosidad pública. Ahora que ha vuelto a establecerse en el Principado, la princesa Carolina se ha acercado a Khadja Nin Ickx, la esposa del ex piloto de carreras Jacky Ickx, residente monegasco. Esta nativa de Burundi acompañó a la Princesa en varias ocasiones durante los viajes humanitarios a África de Amade, que forjaron su amistad.

También frecuenta el trato con Françoise Dumas y Roustang Anne, organizadoras del Baile de la Rosa y de la boda de los príncipes Alberto y Charlene; con los diseñadores de su vida, Jacques Grange y el galerista Pierre Passebo, especializado en las artes decorativas del siglo XX, al que conoce y aprecia desde hace más de treinta años, y asiduo de sus cenas para grupos pequeños; con el coreógrafo Jean-Christophe Maillot; con el maestro de ceremonias del Baile de la Rosa, Stéphane Bern, que a veces juega un papel de portavoz oficioso de la familia Grimaldi; con la modelo Inés de la Fressange, su cómplice en París, y por supuesto con el diseñador Karl Lagerfeld, director artístico del Baile de la Rosa, con el que mantiene una profunda y espiritual amistad. Todos ellos cimientos de la nueva felicidad de Carolina de Mónaco.

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