La princesa Charlene elige a un interiorista sudafricano para remodelar el Palacio Grimaldi

Stephen Falcke, compatriota de la esposa del soberano monegasco, se sorprendió mucho cuando recibió la noticia y ha confesado que los príncipes le han pedido discreción

Desde que se convirtieron en marido y mujer, el pasado 1 de julio, los príncipes Alberto y Charlene viven en unos apartamentos hechos a medida dentro del Palacio Grimaldi, un imponente edificio del siglo XII. Días antes de su boda con Alberto de Mónaco, Charlene comentó a la periodista Natalie Livingstone de Tatler que el palacio necesitaba un toque femenino. “Se puede decir que durante un tiempo no ha vivido aquí una mujer. Quiero hacer algunos cambios en el interior para modernizarlo y darle vida”.



Ahora sabemos que el encargado de esta remodelación será el interiorista de origen sudafricano Stephen Falcke. Según informa el periódico sudafricano Times Live, la princesa Charlene fue quien eligió a su compatriota para decorar el Palacio. Falcke se sorprendió mucho cuando recibió la noticia y confesó que los príncipes le habían pedido discreción. Ejemplos de la obra del interiorista pueden verse en el exclusivo Hotel Saxon Boutique y el Hotel Da Vinci, ambos ubicados en Sandton (Johannesburgo), así como en el centro de conferencias Summer Place de Hyde Park.

Un palacio que se adapta a los tiempos
Las obras de remodelación no serán, sin embargo, las primeras que experimente el Palacio Grimaldi. Un año después de fallecer su padre, el príncipe Raniero, a los 81 años, en 2005, el príncipe Alberto decidió ampliarlo añadiendo unos 3.200 metros a la estructura original sin modificar la emblemática fachada. En los últimos años, el soberano ha reinventado el palacio, trabajando estrechamente con arquitectos que han seguido sus directrices y órdenes. El príncipe se propuso adaptar el palacio al siglo XXI y Charlene también ha contribuido a ese cambio dotándole de su toque personal.



Pero el palacio sigue manteniendo los elementos más impresionantes de su estructura, con sus imponentes torres; la entrada principal de finales del siglo XVIII, creada por el príncipe Luis I, que da paso al patio principal; la gran escalera doble, construida en mármol de Carrara, que conduce a la galería de Hércules, la torre Sainte-Marie, reconstruida por Carlos III en estilo florentino; la torre del reloj, La Tubie, que Alberto I mandó construir en piedra caliza, y por supuesto, el ala Sur –destruido durante la Revolución Francesa-, que el príncipe Raniero reconstruyó tras heredar el Trono en 1949 para albergar los apartamentos privados de la familia principesca.



La excavación de una parte de la fortaleza construida detrás de la capilla en el siglo XVI es una muestra de su planteamiento. El arquitecto Chiappori Michel rediseñó el espacio, reubicando cientos de metros cuadrados en cinco niveles distintos para albergar oficinas, salas de reuniones y archivos. Como reflejo del interés del soberano por el medio ambiente, en este edificio sólo se emplea la energía solar.

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