A la muerte de la Reina Victoria fueron reyes de Inglaterra, sus hijos, Eduardo VII y Jorge V, y su nieto, Eduardo VIII. Apartado del trono hasta los sesenta años, Eduardo VII, (1841-1910), fue el único monarca inglés de la dinastía Sajonia-Coburgo. El Rey que participó en la Primera Guerra Mundial y que medió directamente en la emancipación de Irlanda de la Corona Británica que pasó, en 1949, a formar un estado independiente a excepción del Ulster.
A la muerte de Jorge V, (1865-1936), -el Rey cambió sus apellidos alemanes por los de Casa de Windsor-, sube al trono su hijo, Eduardo VIII, (1894-1972), quien, ese mismo año, decide renunciar al trono por amor y abdicar a favor de su hermano, Alberto, duque de York, (familiarmente Berthie), que asume el reino con el nombre de Jorge VI, (1895-1952).
Eduardo VIII, que pasaría a ser duque de Windsor, contrajo matrimonio con la divorciada Wallis Simpson y se instala en París. Una ciudad desde la que ejercía todavía una poderosa fascinación sobre sus súbditos. Como diría su hermano, Jorge VI, años después: "La mayoría de los monarcas llevan la corona de su predecesor cuando éste ha muerto... El mío no sólo está vivo, sino muy vivo".

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