Manías, extravagancias y secretos de la Reina de Inglaterra (Cap. 2º)

Terminado su aseo personal, la Reina espera la llegada de los lacayos del Palacio para que éstos cumplan una de las misiones más importantes de la mañana: sacar a los corgis y ayudarle a darles de comer: carne fresca, cordero, conejo o ternera más repollo, jugo de carne y patatas.

Se le sube todo desde la cocina en una vieja bandeja de cinc y es la propia Isabel II -controla, también, personalmente la desparasitación de sus animales- la que mezcla con tenedor y cuchillo de plata la comida de cada perro con galletas caninas y jugo de carne (No se olvida jamás de la cantidad ni de la mezcla exacta que toma cada uno). La operación se lleva a cabo en el pasillo situado fuera de su sala de estar o, si espera visita, en la "habitación" de los corgis". Entonces, la Soberana da la orden y ellos empiezan a comer.
Mientras lo hacen no es la primera vez que el servicio escucha: "Es un buen solomillo, no me importaría nada tomármelo yo".

90 Corgies y una nueva raza
En la actualidad, la Reina tiene cuatro corgis llamados Pavos, Swift, Emma, y Linnet (también es propietaria de labradores y spaniels), aunque desde 1944 hasta el momento, ha sido propietaria de 90 corgies, de los cuales la primera fue Susan, regalo de cumpleaños cuando cumplió los 19. La Reina la quería tanto que los acompañó durante su luna de miel.

La Reina, no cabe duda, aparecerá en los anales caninos por su amor a los perros pero, especialmente, por haber introducido en el mercado una nueva raza de perros, llamada dorgis, cuando uno de sus corgis se cruzó con el dachshund de la princesa Margarita, Pipkin, y tuvo ocho dorgis: Tinker, Pickies, Chipre, Piper, Harris, Brandy, Cider y Berry. De los cuales sólo viven Berry, Brandy y Cider. Cuando sus corgis mueren, los entierran en los terrenos de la residencia en la que esté en ese momento. Susan, Sugar y Heather tienen su tumba en Sandringham.

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