Guillermo y Máxima de Holanda venden su controvertida residencia de verano en Mozambique

Los herederos holandeses han traspasado a la constructora Manchangulo por una "cantidad simbólica" su casa de vacaciones

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Los príncipes Guillermo y Máxima han puesto fin a críticas políticas y sociales con la venta de su controvertida residencia de verano. Los herederos holandeses han traspasado a la constructora Manchangulo por una "cantidad simbólica" su casa de vacaciones en Mozambique. Así lo ha comunicado el primer ministro holandés, Mark Rutte, al Parlamento. El diario De Telegraaf explica hoy que la promotora intentará vender a su vez la lujosa mansión de los Orange y, de conseguirlo, los príncipes recibirían una parte del beneficio, que según el rotativo "probablemente será inferior a la cantidad que se pagó" inicialmente. Los herederos holandeses intentaron hasta finales del año pasado vender su casa a otro particular, pero debido a las dificultades por las que atraviesa el mercado immobiliario internacional la operación no se consiguió llevar a cabo. Por ello la residencia ha sido vendida a la empresa propietaria del complejo urbanístico en el que está situada la villa. El Primer Ministro no ha querido revelar la cantidad exacta de la transacción, al considerarlo un asunto privado de los príncipes.

Esta casa era un sueño para los príncipes de Orange y acabó convirtiéndose en una pesadilla. Máxima de Holanda reconocía en un documental emitido el pasado mes de mayo que la villa en Mozambique era "un gran sueño (...) cargado de buenas intenciones" para ella y su marido, pero admitía que una casa no podía estar "por encima" de su trabajo. Se embarcaron en 2007 en el proyecto, anunciaron en 2008, con la aprobación del Gobierno holandés en la mano, su intención de comprarse una casa de vacaciones en Mozambique y finalmente comunicaron en 2009, a causa de las críticas que recibió la exclusiva residencia en un período de crisis económica y ajustes presupuestarios públicos, que la venderían una vez que estuviera terminada. Justificaron en su día su inversión por los beneficios que la construcción de la villa supondría al desarrollo económico del país africano y un año después su venta porque el objetivo principal (su contribución al progreso de la población local) se había visto amenazado por la mala publicidad a su participación en el proyecto inmobiliario, en el que estaban implicados multimillonarios de todo el mundo: "El debate cuesta demasiado tiempo y energía, los cuales justamente en esta época de crisis deben ser invertidos en otros asuntos", argumentaban los príncipes la venta de la casa. Y es que a veces los sueños sólo sueños son.



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