El año 2018 se ha coronado. No han faltado en estos doce meses bodas, nacimientos ni redondos aniversarios reales, pero ha sido la Princesa de Asturias la verdadera reina de sus días. Está a punto de terminar y abandonarnos al destino de 2019, pero quedará en los anales de la historia real de España como el año de la introducción institucional de Leonor de Borbón, como el año de sus primeras veces oficiales.

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Leonor de Borbón, la Princesa prometida

Un día inolvidable para la princesa Leonor

Así podría influir la princesa Leonor en el estilo de los mini ‘royals’

Sus primeras palabras: Artículo 1 de la Constitución

De todas las buenas ocasiones que 2018 ha brindado a la Princesa de Asturias para pronunciar sus primeras palabras oficiales, la ocasión perfecta llegó el histórico 31 de octubre, fecha del cumpleaños de Leonor de Borbón, futura Reina de España, y del aniversario de la aprobación de la Constitución Española de 1978 por las Cortes Constituyentes. El día unía con lazos providenciales a la Heredera al trono español, que cumplía 13 años, y su Carta Magna, que cumplía 40; a Leonor y sus tablas, tal y como el Rey le había advertido en la solemne ceremonia de imposición del Toisón de oro: “Te guiarás permanentemente por la Constitución, cumpliéndola y observándola”.

No había mejor marco que la celebración de las cuatro décadas de gloriosa vida del ordenamiento jurídico, reflejo de estabilidad de un país, ni mejor contenido que los propios valores superiores que comprende el texto fundamental, expresión de una sociedad democrática avanzada, para debutar en el atril. Esa jornada de aniversarios Felipe VI y la princesa Leonor, que seguía los pasos dados por su padre a su misma edad, iniciaron juntos la lectura pública de la Constitución ante la Reina y la infanta Sofía y los tres poderes del Estado en la sede del Instituto Cervantes de Madrid. Tras haber leído el preámbulo de la norma suprema, el Rey dio el relevo y turno de palabra a la Heredera, que leyó del título preliminar el artículo 1.

Declamó con seguridad los tres puntos (1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político; 2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado, y 3. La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria), que articulan conceptos claves del Estado. Su intervención denotaba entrenamiento y preparación. Miró al público al pronunciar “libertad”, “pluralismo político”, “de que emanan los poderes del Estado” y “Monarquía parlamentaria” dando relevancia a tales conceptos, unas palabras que se aprobaron en 1978 y que este 2018, en el contexto político actual, se han querido señalar con especial énfasis, como demuestra que hayan sido elegidas como las primeras palabras en público de la Princesa de Asturias. La alocución fue breve, pero cargada de intención: la princesa Leonor visibilizó la permanencia y voluntad de durabilidad de la institución que representa.

 

Primera Fiesta Nacional con el Toisón

Leonor de Borbón asistía por quinta vez como Princesa de Asturias al tradicional desfile de las Fuerzas Armadas de la Fiesta Nacional, pero este año por primera vez ejercía de Heredera al trono de España. Este 12 de octubre se adoptaron medidas protocolarias muy significativas, que simbolizaban la progresiva incorporación de la princesa Leonor a los deberes propios de su título como futura Reina de España.

Es el caso de la insignia del Toisón de oro que la Princesa de Asturias llevaba prendida en su vestido de color rojo, una distinción que estrenaba en público. Felipe VI le impuso el lazo con la miniatura del vellocino en una solemne ceremonia en el Palacio Real el pasado 30 de enero con ocasión de su 50º aniversario para significar la introducción de la princesa Leonor en la vida institucional. Y desde entonces, tal y como se ha visto este Día de la Hispanidad, la acompañará en los acontecimientos más importantes. También fue la primera vez que la Princesa se situó a la derecha de su padre en el palco de autoridades para presidir el desfile militar, una deferencia reservada a la Heredera que no había disfrutado hasta este año, pues las hermanas siempre se sentaban juntas.

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Su debut en Asturias como Princesa

El debut oficial de Leonor de Borbón en el Principado de Asturias ha sido la primera puesta de largo de la Princesa fuera de palacio. La Familia Real puso en el día grande de Asturias el broche de oro a los centenarios de Covadonga. Una triple efeméride que enmarcaba los cien años de la coronación de la Virgen de Covadonga, a la que acudieron en 1918 los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia; el centenario de la creación del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, también inaugurado por los tatarabuelos de la princesa Leonor, y el XIII centenario de los orígenes del Reino de Asturias, centrado en la figura de don Pelayo, determinante para la génesis del Reino de España.

La primera visita oficial al Principado de la princesa Leonor, de tantas otras visitas con anterioridad en el marco de la intimidad familiar, asentaba una de las más antiguas tradiciones y perpetuaba los siglos de relación entre la Monarquía española y la Virgen de Covadonga en la Santa Cueva de la Santina: “Querida Princesa de Asturias, tengo entendido que es la primera vez que Vuestra Alteza tiene un acto institucional fuera de palacio, coincidiendo con vuestra primera visita a esta tierra asturiana y este lugar de Covadonga, en donde la realeza española tiene su cuna en su secular historia. Creedme, princesa Leonor, que esta gente noble y buena de la tierra, que, en esta mañana, os acoge, nos sentimos agradecidos por el regalo de vuestra presencia junto a vuestros padres, el rey Felipe y la reina Letizia, y vuestra hermana, la infanta Sofía. Es precioso ser testigos del encuentro, en la Santa Cueva, entre la Virgen de Covadonga coronada y la jovencísima Princesa de Asturias”.

No faltaba en el apretado programa de actos, junto al encuentro con la Santina, la misa en la basílica de Santa María la Real, la ofrenda floral a la estatua del rey Pelayo, la visita al Museo de Covadonga…, el abrazo de la Princesa de Asturias con su gente. Los Reyes y sus hijas se dividieron a un lado y a otro de la calle principal para poder saludar a dos manos a los cientos de personas que se habían trasladado a Covadonga expresando, en un recibimiento sin precedentes, todo el afecto y todo el apoyo a la Monarquía. La Familia Real participó en una interminable ronda de fotos, besos, regalos y muchas palabras de cariño. Los actos de la jornada finalizaron con la inauguración del Mirador de la Princesa, en los Lagos de Covadonga. El lugar donde la Naturaleza desplegó sus prodigios y Leonor de Borbón los descubrió como Princesa y señora de aquellas tierras bañadas por los últimos rayos de sol del día.

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Verano real en el corazón de Palma

El verano de 2018 no se ha parecido a ningún otro. La princesa Leonor y la infanta Sofía dejaron en julio las comodidades de palacio y, como hiciera el propio Rey a sus mismos años, se lanzaron a la aventura en un campamento en Estados Unidos para recibir formación complementaria a su escolarización en España en un ambiente de intercambio cultural con niñas y niños de diferentes nacionalidades y experiencias con actividades acordes a su edad. A su regreso, las tradicionales vacaciones en Mallorca tampoco serían estrictamente las de siempre: esta vez, marcando la diferencia con los últimos años, la agenda estival fue un no parar. Felipe VI, Jefe de Estado y cabeza de familia, diseñó la nueva hoja de ruta: tradición, innovación y un récord de apariciones. Del mínimo —una estancia breve, sin apenas salidas— a la profusión —una llamativa presencia pública.

La Familia Real salió de Marivent e irrumpió por sorpresa en la vida de la isla. Además de las citas habituales —el posado oficial en la residencia estival o en algún otro punto turístico mallorquín, las visitas al puerto tras las jornadas de regatas durante la Copa del Rey de vela y la cena de autoridades en La Almudaina—, la reina Letizia, sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, y la reina Sofía, compartieron plan con los mallorquines que hacían la compra aquella mañana de martes del 31 de julio en el mercado de abastos de El Mercat de l’Olivar para llevarse las delicias de la tierra a casa. Algunos consiguieron hacerse también con un saludo, otros con una sonrisa y otros con una prueba gráfica de un encuentro real inesperado en el que suegra y nuera, madre e hijas y abuela y nietas dieron muestra de unión familiar.

No había pasado la emoción de aquella salida cuando la Familia Real sorprendía con la siguiente: la noche del miércoles del 1 de agosto en Calviá disfrutaron de una velada musical en el Festival de Port Adriano. Don Felipe y doña Letizia, acompañados de sus hijas, la infanta Elena, la reina Sofía y la princesa Irene, asistieron al concierto que ofreció Ara Malikian, el reconocido violinista libanés. Sentados entre el público —doña Sofía, entre sus nietas—, siguieron al aire libre el recital incluido en La increíble gira del violín. Un espectáculo en el que Malikian toca partituras de autores clásicos, como Mozart y Bach, y de músicos como Jimi Hendrix, David Bowie o Led Zeppelin. A la salida del concierto, volvían a dar muestra de la armonía familiar: de la complicidad entre las reinas, así como del cariño de la princesa Leonor y la infanta Sofía por la reina Sofía, su mejor guía en el corazón de Palma. 

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Domingo de Pascua

La Familia Real había hecho el esfuerzo de reunirse al completo un nuevo Domingo de Pascua de Resurrección. Los seis juntos cerraban la Semana Santa por primera vez en cuatro años, tras las pasadas ausencias del rey Juan Carlos. Los Reyes y sus hijas se daban cita en Palma tras unos días de descanso en la nieve con amigos, la reina Sofía llevaba toda la semana con la princesa Irene en su querida isla esperando con ganas el momento del reencuentro y el rey Juan Carlos acudía recién llegado de una visita privada a Arabia Saudí, considerada por la agencia estatal de noticias saudí “crucial” para los intereses económicos de España, pues estaba pendiente del contrato por el que la empresa Navantia construiría cinco corbetas para las Fuerzas Armadas saudíes, una iniciativa que llegó a buen puerto finalmente en julio y que proporcionará trabajo suficiente durante cinco años a los astilleros situados en Ferrol y San Fernando.

Pero los quince segundos de desencuentro entre la reina Letizia y la reina Sofía comprometieron la imagen de unión familiar. La Reina, madre protectora como es, trataba de evitar que sus hijas posaran con doña Sofía antes del posado oficial propiamente dicho, que tiene ocasión una vez la Familia Real ha salido de la catedral de Santa María de Palma, mientras que la reina Sofía, abuela apasionada como es, intentaba aprovechar la primera buena oportunidad que se le brindaba para retratarse con sus nietas, una a cada lado, a la salida del templo. Apariciones sucesivas (la escenificación de las paces de la semana de después durante la visita al hospital de la Familia Real para ver a don Juan Carlos tras su operación de rodilla el 7 de abril o el plan de chicas de la familia del Rey para disfrutar de una tarde de teatro en el musical Billy Elliot el 19 de mayo) pusieron en valor la buena relación entre nuera y suegra y la devoción de las nietas por su abuela.

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La solemne imposición del Toisón de oro

El Rey celebraba este 30 de enero su 50º cumpleaños en un solemne acto en el salón de las Columnas del Palacio Real con su primera imposición de la más alta distinción de la Corona española a la princesa Leonor. Había concedido la Insigne Orden a la Princesa de Asturias el 31 de octubre de 2015 a través de un Real Decreto, haciendo de su señalado décimo cumpleaños una fecha histórica, pero quiso esperar a una ocasión de oro para la ceremonia de entrega, que vinculara a padre e hija. A Rey y Heredera, como es tradición de la Monarquía española.

El Himno Nacional, interpretado por el Cuarteto de Cuerdas de la Escuela Superior de Música de la Reina Sofía, dos violines y dos violonchelos, instrumento que toca la princesa Leonor, dio la bienvenida a la Familia Real y a sus ochenta invitados entre los que se encontraban representados los tres poderes del Estado. La ceremonia, una de las más bellas páginas de la crónica real de nuestro tiempo, comenzó con la lectura del Real Decreto que refería la concesión de la insignia a la Princesa de Asturias. Acto seguido, Rey y Heredera se dirigieron a la mesa donde se exponían el Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro, el lazo con la miniatura del vellocino, la credencial de ingreso en la Orden y el libro Ordenanzas de la Insigne Orden del Toisón de Oro.

Los grandes ojos de la Princesa de Asturias miraban con cariño y devoción a Felipe VI, mientras le imponía sobre su vestido azul el lazo rojo con la miniatura del vellocino, un reconocimiento personal que hasta ahora solo tenían tres mujeres en el mundo: Beatriz de Holanda, Margarita de Dinamarca e Isabel de Inglaterra. La Princesa correspondió con una gran sonrisa, dos besos y una reverencia, su primera reverencia en público. Cortesía que repitió con su madre, la reina Letizia, y sus abuelos los reyes Juan Carlos y Sofía cuando se dirigió hacia ellos para recibir sus primeras felicitaciones. Luego se acercó a la primera fila de los invitados para saludar con dos besos a la infanta Elena, a sus abuelos maternos -Paloma Rocasolano y Jesús Ortiz, que acudió a la ceremonia con su mujer, Ana Togores- y a los Caballeros del Toisón que actualmente viven en España: Javier Solana, Víctor García de la Concha y Enrique V. Iglesias.

Muchos son los discursos que Felipe VI ha escrito y ha leído en estos cincuenta años, pero no tantos han sido tan emotivos como el que pronunció aquel día en el salón de las Columnas del Palacio Real. De Rey a Heredera, de padre a hija, de tú a tú, don Felipe introdujo con esta distinción a la Princesa de Asturias en la vida institucional, a las tradiciones y deberes de la Corona que un día tendrá que asumir: “Sé que hoy te pueden parecer muchas exigencias y responsabilidades, todas importantes y difíciles, pero debes saber que tendrás el apoyo de muchas personas que quieren lo mejor para España, para la Corona y para ti. Tu familia estará siempre a tu lado: especialmente tu madre y también Sofía, que estarán contigo apoyándote; también tus abuelos; y por supuesto yo, tu padre, que sabes que confío en ti plenamente y que me siento enormemente orgulloso de haberte entregado esta mañana el Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro”.

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Felipe VI cumple 50 años en familia

El 50º cumpleaños de Felipe VI y todos los actos especiales que han rodeado su celebración (el making of del Mensaje de Navidad, la comida familiar en la Zarzuela, el trayecto en coche al colegio y la imposición del Toisón de Oro a la Princesa de Asturias) ofrecieron una mirada inédita de la Familia Real, y muy especialmente de las princesas, que hasta el momento habían disfrutado de una infancia normal, todo lo normal que permite su título y condición.

El Rey aprovechó el señalado aniversario para compartir con todos los españoles cómo se vive en la Zarzuela el Mensaje de Navidad, su único discurso a la nación del año, si no es por razones extraordinarias. Una carta abierta desde la perspectiva del Rey como Jefe de Estado, pero también como padre de familia, porque recibió durante la grabación la visita de la Reina y de sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía. Princesas pendientes de las palabras del Monarca desde el improvisado cuarto de realización; hijas cariñosas y dicharacheras cuando acuden a saludar a su padre.

También invitó a los españoles a su mesa en un almuerzo de los Reyes y sus hijas de un festivo cualquiera. La princesa Leonor y la infanta Sofía eran las pequeñas grandes protagonistas. Centraban la charla sus deberes, sus exámenes, sus proyectos escolares y, entre tema y tema, entre muestra y muestra de cariño de sus padres, acaparaban las cámaras también con algunas divertidas anécdotas.

La Infanta no es la niña tímida que recordamos de sus primerísimas apariciones públicas; en familia es pícara, abierta, espontánea. Tanto o más que la princesa Leonor con la que comparte sentido del humor y risas cómplices, como cuando la Princesa se quemaba con la primera cucharada de sopa y comenzó a hacer gestos de no poder soportarlo. “Pero sopla, hija…” le dijo su madre, mientras la Infanta se partía de risa, porque no se puede negar que el momento, justo ante las cámaras, lo hacía infinitamente más gracioso. La invitación del Rey era un bocado a su vida cotidiana, que no difiere mucho de la nuestra. Al final, darían un paseo por el campo como una familia cualquiera en un festivo cualquiera.

Y, de mano de los Reyes y sus hijas, asistimos al arranque de un nuevo día en el palacio de La Zarzuela. Cuando aún no ha amanecido, en la oscuridad y quietud de primera hora de la mañana, la Familia Real ya está en pie, preparada para afrontar una nueva jornada de trabajo. No hay tiempo que perder en el seno de la Familia Real y la princesa Leonor ha demostrado este 2018, su año, que esa lección ya la tiene bien aprendida.

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