Felipe VI se supera otro cumpleaños más. Y es que celebra con los españoles cada señalado aniversario con una invitación más especial si cabe que la anterior. Si marcó su entrada a los cuarenta abriéndonos las puertas de su residencia en la Zarzuela y compartiendo un momento de su intimidad familiar, en la que don Felipe y doña Letizia leían cuentos a sus pequeñas en la zona de estar de su comedor, ahora en la llegada a los cincuenta convida a los españoles a su mesa en un almuerzo de los Reyes y sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, de un festivo cualquiera.

La mesa de más tamaño de la estancia, que se encuentra bajo una lámpara de araña antigua, se reserva para ocasiones extraordinarias y para un mayor número de comensales, pero el común de los días la Familia Real prefiere ser simplemente familia y almorzar en una mesa redonda de pequeñas dimensiones, la misma que ocupaban en 2008 con dos preciosas niñas rubias casi bebés, con inmejorables vistas.

“¿Qué tenemos para comer?”
Se adivina en el ambiente acogedor de este rincón la mano de la Reina, que viste su casa como viste su agenda oficial: de exquisita sencillez. Neutralidad para la mantelería. Discreción para la vajilla y los bajoplatos blancos. Tradición para la cubertería. Sobriedad para la cristalería, al igual que para su contenido: agua para todos y sólo vino blanco para el Rey. También el menú lleva su firma. La reina Letizia aplica en casa (y en el colegio de las niñas) lo que predica como Embajadora Especial de la FAO para la Nutrición o como abanderada en la lucha contra el cáncer o como defensora de sus muchas causas en pro de la salud y de la prevención, y supervisa que la dieta sea nutritiva y saludable.

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“¿Qué tenemos para comer?”, pregunta el Rey para abrir boca y conversación. “Sopita y pescado caprese”, responde la Reina. El primer plato se sirve con tropezones de vegetales y champiñón y el segundo, que es un pescado a la plancha, con una guarnición de verduras. “¡Qué rico…!”, dice don Felipe mientras descubre a la infanta Sofía riéndose, en una espontánea demostración del buen humor que reina en los almuerzos en la Zarzuela. “¿De qué te ríes tanto?”, curiosea el Rey. “Es que me hace gracia”, contesta la Infanta que parece un punto intimidada por las cámaras. No confiesa el motivo. Ante todo, prudencia.

La princesa Leonor, zurda. La infanta Sofía, aficionada al teatro
La princesa Leonor y la infanta Sofía son las pequeñas grandes protagonistas. Centran la charla sus deberes, sus exámenes, sus proyectos escolares y, entre tema y tema, entre muestra y muestra de cariño de sus padres, acaparan las cámaras también con algunas divertidas anécdotas durante el transcurso de la comida. Los reyes Felipe y Letizia aprovechan también el rato para hablar brevemente de algún aspecto del trabajo: “Me han mandado hoy un vídeo (…)”, le dice la Reina al Rey. “Sí, a mí también (…)”. Pero no suelen durar demasiado estas conversaciones. Esta vez la infanta Sofía reclama su atención con una divertida mirada de reojo o el ofrecimiento de un brindis con agua al cámara (o al imaginario espectador), al que la reina Letizia responde con un “¡Sofía!” y todos ríen.

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La Infanta no es la niña tímida que recordamos de sus primerísimas apariciones públicas; en familia es pícara, abierta, espontánea. Tanto o más que la princesa Leonor con la que comparte sentido del humor y risas cómplices, como cuando la Princesa, que es la única que toma la cuchara con la mano izquierda, lo que hace pensar que es zurda o en todo caso ambidiestra, se quema la lengua con la sopa y comienza hacer gestos de no poder soportarlo. “Pero sopla, hija…” le dice su madre, mientras la Infanta no puede parar de reírse, porque no se puede negar que el momento, justo ahora ante las cámaras, lo hace infinitamente más gracioso. Tiene estrella y ahora lo demuestra en el escenario del salón de actos, donde hace sus pinitos en la función de Navidad del colegio. “Lo importante es el peinado que lleva el personaje, ¿no? ¿Qué tal llevas el papel?”, le pregunta la reina Letizia. “Es complicado transmitir las emociones en el escenario…”, apunta el Rey enseñándola a valorar la exigencia de un actor. Cuando terminen, darán un paseo por el campo como una familia cualquiera en un festivo cualquiera.

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