La Reina recupera otro de sus vestidos ‘diplomáticos’ y estrena pendientes 'low cost'

Como manda la tradición, el Palacio Real abre sus puertas puntualmente un año y un enero más y los Reyes reciben como perfectos anfitriones, con toda la hospitalidad y la solemnidad que requiere la ocasión, al Cuerpo Diplomático acreditado en España. El Salón del Trono, reservado para los actos más importantes presididos por el Monarca (incluido un excepcional mensaje de Navidad), se ha engalanado para la bienvenida oficial de los reyes Felipe y Letizia a los embajadores.

Ningún detalle se ha dejado al azar en la recepción a la diplomacia, una ceremonia en la que precisamente las maneras cobran especial relevancia. Cualquier palabra, cualquier gesto, cualquier exceso, cualquier defecto tiene repercusión en las relaciones internacionales. Ha vuelto a hacerse acopio de todo el utillaje regio en Palacio y los Reyes han vuelto a vestir de gala en demostración de buena cortesía. El rey Felipe, de frac como exige la etiqueta, ha prendido nuevamente la insignia del Toisón de Oro en la solapa, y la reina Letizia, siguiendo el patrón de anteriores veces: conjuntando escenario y traje cada equis tiempo, ha recuperado otro de sus vestidos diplomáticos.

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Volvía a ser Reina de rojo, haciendo patria una vez más como embajadora de lujo de España, con este vestido de Felipe Varela, con adornos de encaje en mangas, laterales y falda y un pequeño rosetón en el escote, que desde que lo llevó en este mismo acto en 2013 no se lo había vuelto a poner. Completaban su atuendo, unos salones de Magrit y unos pendientes de bisutería de la marca Parfois, que en el mercado cuestan 5,99€, a los que su melena peinada en un elaborado recogido daba protagonismo. No es la primera vez que Letizia apuesta por esta firma 'low cost', ya en su viaje a Portugal quiso hacer un guiño al país vecino luciendo esta marca portuguesa.

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Otra de esas deferencias ha sido el formato elegido. Don Felipe recuperó la fórmula original (más extensa) en su puesta de largo como Rey ante la diplomacia y la mantiene desde entonces. Ha iniciado así el acto con un larguísimo saludo previo a los 250 invitados, en la Saleta Gasparini, comenzando por el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, acompañado de su esposa, Elvira Fernández, y el Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, Alfonso María Dastis Quecedo, acompañado por su mujer, que debutan en esta recepción.

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Doscientos cincuenta invitados y una jambiya envainada
Por esta sala han ido pasando uno por uno los embajadores de más de cien países, muchos junto a sus parejas, así como autoridades del Gobierno implicadas en la política exterior y representantes de organismos y entidades internacionales, todos anunciados de viva voz por el jefe de Protocolo de la Casa del Rey, Alfredo Martínez.

Este desfile, que en su versión corta se sustituye por un saludo del Rey al Presidente y al Ministro de Asuntos Exteriores, ofrece uno de los ceremoniales más vistosos que pueden verse en el Palacio Real, ya que muchos embajadores, o sus acompañantes, acuden con sus trajes nacionales. Los atuendos de África, Asia y el lejano Oriente aportan siempre el mayor colorido, algo muy agradecido por los cámaras y fotógrafos que se afanan en captar los detalles más significativos de la línea de saludos.

Turbantes, capas, pañuelos o faldas típicas han formado parte de la variedad del vestuario, al que el representante de Yemen ha añadido una jambiya -la tradicional daga yemení- envainada, que llevaba sujeta con un fajín a la altura del vientre. Los embajadores europeos e iberoamericanos se han ajustado a la moda occidental en su etiqueta, aunque con algún toque de distinción, como el de Colombia, que ha lucido una coleta.

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Sin Embajador de Estados Unidos
La recepción, marcada por la irrupción de Trump, no ha contado con la presencia del embajador estadounidense, cuyo puesto permanece vacante desde que el nuevo Presidente de Estados Unidos accedió al cargo el pasado día 20. James Costos, el embajador que Barack Obama tuvo en Madrid durante su segundo mandato, regresó a su país en la víspera de la toma de posesión de Trump y dejó la legación en manos del encargado de negocios, Krishna Urs, a la espera de que el nuevo Presidente designe al sustituto. Al no tener condición de Embajador, Urs ha sido de los últimos en saludar a don Felipe y doña Letizia en el largo besamanos. Otra de las notables ausencias ha sido la del representante palestino, Musa Amer Odeh, uno de los más veteranos en España, al igual que el de Siria, que fue expulsado en 2012 debido a la guerra en su país.

Los Reyes y los invitados se reunieron a continuación en el Salón del Trono, donde don Felipe ha pronunciado su discurso, precedido de las palabras del Nuncio en su condición de decano del Cuerpo Diplomático en España: "Quiero manifestarles nuestros mejores deseos para este año nuevo", ha dicho don Felipe a los invitados, que le han escuchado de pie en el majestuoso salón de estilo barroco. Esperada era la referencia del Rey a Estados Unidos y, aunque no ha citado a Trump, ha dejado claro que el deseo de España es seguir trabajando "al mismo nivel de excelencia" con que se hizo con Obama y otros presidentes. El acto concluyó el habitual cóctel en la Sala de Columnas del Palacio Real.

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