Acunado por los Beatles, el Príncipe llegó al mundo en los días revolucionarios del 68, cuando medio planeta contemplaba estupefacto el desarrollo de la Guerra del Vietnam y, el otro medio, celebraba la primavera de Praga y el Mayo francés. Forma parte, por lo tanto, de una generación de españoles que ha crecido en democracia pero que se ha visto obligada a vivir un momento de cambios y desafíos históricos. Aunque él tenía que llevar además el peso histórico de veinticuatro reinos, cinco principados, quince ducados, seis marquesados, veintidós condados y doce señoríos... Y sobre su conciencia la responsabilidad de ser, en el futuro, un Rey digno sucesor de su padre.

Aquel niño es hoy un Príncipe a la nueva usanza. No un "Príncipe perfecto", algo de lo que siempre ha huido, sino un Heredero al trono del siglo XXI, caracterizado por su humanidad y su cercanía. Estudió la carrera de Derecho en la Universidad Autónoma, es Teniente de Tierra y Aire y Alférez de navío de la Armada. Cursó un Máster en Relaciones Internacionales, especializado en Hispanoamérica, Oriente Próximo y el norte de África. El Príncipe, criado y educado a la sombra de su padre, ha ido adquiriendo con el paso del tiempo su propia y singular personalidad.

Un príncipe caracterizado por su humanidad, cercanía y espontaneidad
Gran amigo de sus amigos, a pesar de todo, es un hombre dotado del don de la espontaneidad que no ha tenido inconveniente en dejar aflorar por encima de la rigidez del protocolo en multitud de ocasiones.

Don Felipe, como los Príncipes de su generación, ha defendido por encima de todo, la ley del corazón y siempre apostó por el amor a la hora de elegir esposa. Cuando el corazón del Príncipe le advirtió de que doña Letizia era la mujer de su vida, no dudó en demostrar su amor, tanto a ella como a su entorno. El 4 de diciembre de 2003, la futura Princesa de Asturias, que discreta callaba su relación con el Príncipe, acudió a una cena con compañeros de Televisión Española. A las doce de la noche sonó el timbre de la casa, donde transcurría la velada. Era don Felipe de Borbón, que con una tarta Sacher entre sus manos, decía sonriendo: "¡Hola! Soy el postre". No era más que el primero de una serie de detalles que hicieron obvio que estaba profundamente enamorado.

Hoy es un hombre casado que sabe que por fin tiene compañía a la hora de asumir sus retos. Ha comenzado una nueva vida de la mano de doña Letizia y con ella habrá de ganarse, día a día, un hueco en los corazones de sus conciudadanos. Hoy y para siempre, con ella, asumirá las riendas de su destino.

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