Las tiaras salieron de fiesta en Dinamarca. La princesa Mary fue la imagen de la elegancia a su llegada a la cena de gala para el Arte y la Cultura, ofrecida por la reina Margarita el pasado martes por la noche en el palacio de Christianborg, en Copenhague. Inicialmente la Princesa acaparaba toda la atención por su original vestido con efecto de malla y por su impresionante figura –más impresionante todavía al pensar en su prole y caer en la cuenta de que es madre de cuatro príncipes de cuento nada menos-, pero instantes después fue también por sus joyas. Sus más fieles seguidores, al acecho de todas sus novedades con ojos de águila, advirtieron raudos y veloces que estrenaba una nueva tiara de diamantes, al menos como tal.

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La diadema de diamantes era obviamente una joya antigua, pero su origen era desconocido. No había sido vista antes coronando a ningún otro miembro de la Familia Real danesa, por lo que se podía deducir que había sido adquirida recientemente para (o por) la princesa Mary. Cierto es que la Princesa había llevado la pieza por primera vez hace casi un año en un concierto durante las celebraciones del 75º cumpleaños de la reina Margarita, pero entonces la llevó como collar. Los expertos inmediatamente adivinaron que la espectacular joya podía transformarse en tiara y ahora, cerca de un año después, demostrando su lado creativo en una gala por y para el arte, la princesa Mary confirma aquellas primeras suposiciones.

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El resto de las damas reales llevaban tiaras bien conocidas. La princesa Marie, a la altura en glamour de su cuñada, si bien respetando las normas de estilo más tradicionales con un vestido de encaje azul más clásico que el suyo, optó por la tiara floral de diamantes, que originalmente fue un regalo del rey Federico IX y la reina Ingrid a la reina Margarita, y que hoy luce ella con frecuencia. Y, siguiendo el ejemplo de la princesa Mary y revelando a su vez su faceta artística, descubrió que hay veces que los extremos se tocan con el mejor resultado: combinó las joyas antiguas de los reales cofres -unos pendientes antiguos con piedra azul y un broche con forma de flor- con un anillo doble al dedo de brillantes de lo más moderno y actual.

Para la ocasión la reina Margarita sacó del joyero la llamada tiara de corazón de Baden. Una diadema de diamantes formada por siete palmeras en forma de corazón y margaritas de transición de una a otra. Llegó a Dinamarca desde Suecia, gracias a la reina Ingrid, que la heredó de su abuela, la reina Victoria, de soltera Baden. La joya fue creada en 1900 por la firma de joyeros Koch de Frankfurt, para la gran duquesa Luise de Baden, de origen prusiano. La anfitriona de la velada fue Reina de rojo con un vestido brillante carmesí como su bolso, que dio buen color a una posible dolencia que le obligó a permanecer sentada durante el largo besamanos de 340 invitados.

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