Margarita de Dinamarca, la primera reina danesa desde el siglo XV

Esta semana la reina Margarita II de Dinamarca cumple 75 años. Hija del rey Federico IX (1899-1972) y de la reina Ingrid (1910-2000), la Soberana no es solo la primera mujer que porta la corona danesa en cinco siglos, siendo su predecesora su homónima la reina Margarita I (1353-1412), sino que además, después de 43 años ocupando el trono de su país, es una de las jefes de estado que ostenta un mandato más largo –en Europa tan solo superada por la reina Isabel II de Inglaterra (1926)- y con una inquebrantable popularidad entre sus súbditos desde su investidura en 1972. Todas ellas son razones de peso para que esta semana Dinamarca festeje por todo lo alto el 75º aniversario de su Reina. En estas líneas repasamos su vida.

Nace la futura reina Margarita el 16 de abril de 1940 en el Palacio Amalienborg de Copenhague con el nombre de Margarita Alejandrina Þorhildur Ingrid, siendo la primogénita del aún príncipe heredero Federico –hijo del rey Cristián X (1870-1947)- y de la princesa sueca Ingrid, hija del que se convirtiera en rey Gustavo Adolfo VI de Suecia (1882-1973). La pareja tuvo, además de a la citada Margarita, dos hijas más: la princesa Benedicta, nacida en 1944, y la princesa Ana María, nacida en 1946.

La entonces princesa Margarita llegó a una de las Casas Reales más consolidadas del continente. Sus orígenes se remontan al siglo X, en concreto al rey Gorm el Viejo, quien habría muerto en el 958 del pasado milenio. Sin embargo, esa primitiva estirpe de reyes daneses terminaría con la muerte de Cristóbal de Baviera (1418-1448) al morir éste sin descendencia. En esa situación el duque Cristián de Oldemburgo (1426-1481), quien a pesar de ser alemán era descendiente del rey Erico V de Dinamarca (1249-1286), sería elegido como Rey, pasando a la Historia como Cristián I. Con él daría inicio en tierras danesas la dinastía Oldemburgo, que ocuparía el trono del país escandinavo hasta 1863, con la muerte de Federico VII (1808-1863), quien no engendró a ningún hijo, pese a haber estado casado en tres ocasiones. A partir de ese momento, y según lo estipulado en la Acta de Sucesión de 1853, la corona danesa pasó a manos de la Casa de Glücksborg, la dinastía que aún hoy reina en Dinamarca y a la que por tanto pertenece la reina Margarita. El primero de los miembros de este linaje sería un pariente del rey Federico, el príncipe Cristián de Glucksborg, quien sería investido en el trono como Cristián IX (1818-1906). El hijo del rey Cristián, Federico VIII (1843-1912) apenas reinaría seis años, pasando la corona en 1912 a su primogénito el príncipe Cristián, que se convertiría en Cristián X (1870-1947) y en uno de los monarcas más queridos de la Historia de la nación danesa, especialmente por su heroica actuación en las dos guerras mundiales. Su hijo Federico accedería al trono en 1947.

No será hasta el 27 de marzo de 1953, fecha en la que se publica un nuevo Acta de Sucesión en la que se permitía que una mujer fuera coronada en Dinamarca, cuando la princesa Margarita pasaría a ser Heredera de todo derecho del país escandinavo. No obstante, hasta ese momento, la Princesa había recibido una intensa educación con miras a convertirse en la jefa de estado de su país. Así entre 1946 y 1955 la actual Soberana combinó el estudio en palacio, de la mano de renombrados tutores, con la asistencia al prestigioso colegio Zahles de la capital danesa. Durante un año, la aún princesa estuvo internada en una escuela inglesa, concretamente la North Foreland Lodge de Hampshire. En su juventud la reina Margarita realizó sus estudios universitarios tanto en su país natal como en otros países europeos. Así, la actual Soberana estudió Filosofía en la Universidad de Copenhague y Arqueología en la Universidad de Cambridge, donde obtuvo su título de Arqueología Prehistórica en 1961. Tras ello, estudió en la Universidad de Aarhus ciencias políticas, compaginando este aprendizaje con estancias tanto en la Sorbonne de París como la británica London School of Economics. Gracias a esta sólida formación internacional la Reina es una auténtica políglota, dominando, además de su lengua natal, el danés, el inglés, el sueco, el francés y el alemán.

La Soberana también recibió en su juventud una extensa educación militar, concretamente en el Cuerpo de Mujeres Pilotos. La Reina es, de hecho, desde su nombramiento como Jefa de Estado de Dinamarca, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. Pero su relación con la institución marcial no se limita a su propio país, sino que la Reina danesa también posee varias distinciones de las Fuerzas Armadas británicas, siendo nombrada en 1972 Coronel en Jefe del llamado Regimiento de la Reina y en 1992 Coronel en Jefe del Regimiento Real del Príncipe de Gales.

La Soberana danesa es además una apasionada del arte desde su infancia, siendo autora de un gran número de obras de diferentes géneros, como la pintura, la ilustración de libros, la escenografía o el decoupage, que se conservan en diferentes museos, tanto daneses como del extranjero. Desde finales de la década de los ochenta del pasado siglo, la Soberana ha sido protagonista de innumerables exposiciones internacionales en la que se exhibió su producción artística, las últimas de ellas en Rusia y en Italia. Igualmente la literatura ha ocupado siempre un lugar importante en la vida de la Reina, quien sobre todo se ha centrado en la labor de traducción de importantes textos, como la novela Todos los hombres son mortales de la autora francesa Simone de Beauvoir (1908-1986).

Mientras la aún Princesa se encuentra en Londres estudiando, conoce a un joven diplomático francés, el conde Enrique de Laborde de Monpezat (1934). Nacido en Talence, en la Gironda, el Conde había vivido parte de su infancia en Vietnam y había estudiado en París y Hong Kong. Además de su carrera diplomática, el Conde era un gran amante de la poesía, afición que mantiene hasta la actualidad, habiendo publicado no pocos libros de poemas en su lengua natal, el francés. Los jóvenes comienzan una relación en la capital británica, en donde pueden mantener su anonimato y vivir su historia de amor de forma libre y plena. Finalmente el 5 de octubre de 1966 el rey Federico IX pidió al Consejo de Estado que autorizara el matrimonio de su hija con el conde Enrique. El pueblo danés recibió con algarabía la noticia y las calles de Copenhague se engalanaron para recibir a los novios.

Las celebraciones del enlace comenzaron el 30 de mayo de 1967 con una cena de gala y un concierto al día siguiente en el Teatro Real de Copenhague. El 1 de junio se llevó a cabo un banquete para los miembros del Gobierno y otras autoridades y el día 7 otro ágape en la Embajada de Francia. El día 8 el abuelo de la Princesa, el Rey de Suecia, llegó a tierras danesas, siendo recibido con todos los honores. Finalmente el 10 de junio la Princesa y el Conde contraían matrimonio en la Holmens Kirke de la capital danesa, con la presencia de las Casas Reales de todo el mundo. La novia lució un espectacular vestido diseñado por el modisto favorito de la reina Ingrid, Jørgen Bender, prenda que por su modernidad fue muy comentado y alabado en aquella época.

El primero de los retoños de la pareja no tardaría en llegar. El 26 de mayo de 1968 nacía el príncipe Federico, mientras que el 7 de junio de 1969 la Reina daría a luz a su segundo hijo, el príncipe Joaquín.

En 1972, la princesa Margarita sufre uno de sus grandes varapalos, cuando su padre, con el que estaba muy unida, fallece el 14 de enero de 1972, tras una breve enfermedad. La Princesa es coronada un día después, el 15 de enero, en el balcón del Palacio de Christiansborg. Su marido pasa a convertirse en Príncipe consorte.

Probablemente el momento más complejo de su reinado haya sido la crisis matrimonial que se desencadenó en 2002, cuando su marido abandona Dinamarca para instalarse en el Château de Caïx, al sur de Francia. El Príncipe se siente marginado dentro de Palacio y relegado constantemente no solo por su esposa, sino también por su hijo Federico, el Príncipe heredero.

La Reina tiene que trasladarse a tierras galas para convencer a su esposo de que regrese a Copenhague. Sin embargo, el Príncipe no accede fácilmente y pasa tres semanas en Francia. La Reina, muy preocupada, acude sin su marido a la boda de su ahijado, el entonces Heredero holandés Guillermo Alejandro (1967) con Máxima Zorreguieta (1971), celebrada en Ámsterdam el 2 de febrero de 2002.

Finalmente el Príncipe decide regresar a Palacio, después de que la Soberana anunciara que sus dos hijos llevarían desde ese momento el título de Conde de Monpezat, en honor de la familia de su marido. Un título hereditario que pasaría a formar parte de las distinciones propias del Rey de Dinamarca.

En 2002 la Reina celebró el llamado Jubileo de Rubí, tras cuarenta años al frente del estado danés. El pueblo danés le rindió entonces un gran homenaje que esta semana, con motivo de su 75º cumpleaños, con total seguridad se repetirá con la misma intensidad.

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