'El matrimonio... es amor, por supuesto. Hay otras piedras angulares en un matrimonio: la confianza. La comprensión del otro. El respeto. La honestidad. Pero en el matrimonio, siempre amor. Es evidente que el amor siempre tiene que estar presente. Y la felicidad... llega como consecuencia, no sólo de la propia relación, sino también de ti mismo. Dar apoyo. Tomarse el tiempo de escuchar al otro. Es extraordinariamente importante. Pero hay algo más que se me olvidaba. También tiene que ser divertido. Tiene que haber sentido del humor y risas. Creo que ambos estamos de acuerdo en que nos gustaría tener una gran familia, aunque uno nunca está seguro'.

Federico y Mary no imaginan su relación sin hijos. No saben cuántos, pero ella espera poder tener todos los que deseen. Y les darán amor, apoyo, protección, comprensión, confianza y felicidad. También tiene que haber disciplina, pero para Mary, el mejor regalo que se le puede hacer a un hijo son unos valores buenos y fuertes. 'Los niños merecen que se les escuche, sentir que sus ideas y opiniones se respetan. Hay que escucharlos y explicarles la diferencia entre lo bueno y lo malo. A muchos niños simplemente se les da un no por respuesta. De esa manera jamás entenderán el razonamiento que hay detrás de esa negativa. Al escucharles, comprenderles y permitirles preguntar por qué se les dice que sí o que no, se les da la capacidad de desarrollar su capacidad de pensar en el futuro'.

Ser madre al cien por cien
Mary tiene claro que en un matrimonio los hijos son lo primero. Así, sus hijos serán su prioridad absoluta. Reconoce que se encuentra en una situación privilegiada, ya que recibirá mucha ayuda y podrá trabajar al mismo tiempo todo lo necesario. Le gusta verse en el futuro como una madre que trabaja fuera de casa. Pero desea ser madre al cien por cien. No quiere que a sus hijos los eduque una niñera. Cuando tengan hijos, tiene muy claro que el idioma que se hablará en casa será el danés, pero quiere que desde el principio haya cierta mezcla, porque los niños lo absorben todo como esponjas, sobre todo los idiomas. Si aprenden desde pequeñitos, no tendrán dificultades con los idiomas de mayores. En las comidas, el momento donde se desarrolla la mayor parte de la vida familiar, quiere que se hable en danés. Al mismo tiempo se puede ir introduciendo el inglés, pero el danés será la primera lengua de la casa.

También es importante para ella que sus hijos, igual que en su día hicieran los príncipes Joaquín y Federico, estudien en colegios públicos. Deben formar parte de la sociedad como cualquier otro niño. Es fundamental que, junto a su vida como miembros de la familia real, vivan una vida fuera de ella. Y también es importante que persigan sus propios sueños. Porque es posible hacer las dos cosas.

Mary espera que, cuando lleguen los niños, pueda convertirse en una persona parecida a su madre, que les inculcó un fuerte sentimiento familiar. Pero también de igualdad. Los cuatro hermanos son muy diferentes entre sí y han recorrido caminos muy distintos en la vida, pero su madre se sintió orgullosa de ellos hasta el final independientemente de la opción que hubieran tomado.

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