El día en el que Mary Donaldson conoció al príncipe Federico

Todo fue especial desde el principio. Él vivía muy lejos y en un mundo totalmente distinto del de Mary. ¿Por qué continuar, entonces, con aquella conversación? Pero la conversación no se interrumpió jamás. Él le parecía -y le parece- una persona totalmente excepcional, y no por ser Príncipe, sino por ser como es. A través de cartas, e-mails -se enviaban fotos, CDs por ejemplo- y llamadas telefónicas, el Príncipe y Mary siguieron en contacto y la relación entre ellos se fue haciendo más profunda.

Saber de quién se trataba le hacía sentirse mucho más insegura sobre el futuro de su relación. Además, pronto se dieron cuenta de que no podían estar tanto tiempo separados. Tenían que dar el gran salto pasara lo que pasara.

Mary no quería arriesgarse, exponerse lanzándose a una aventura de la que difícilmente podría recuperarse si salía mal. Pero llegó el momento de dar el gran paso.

"Llegados a un cierto punto, tuve que aceptarlo. No me quedó más remedio que decidir que tenía que dar ese paso. Si no lo hubiera hecho, me lo habría reprochado el resto de mi vida. Sabíamos que era algo importante para nosotros. Había que descubrir qué pasaría y hasta dónde llegaríamos dando aquel paso".

"Catorce meses después de nuestro primer encuentro, en noviembre de 2001, decidimos que había llegado el momento de averiguar si estábamos hechos el uno para el otro. Entonces, abandoné Australia".

El reto más grande, sin embargo, vendría después. De pronto, Mary se vio convertida en un personaje público y sin voz. La gente la juzga a partir de fotos e informaciones que no siempre son ciertas, pero nadie la conoce a ella. La Princesa descubre que tendrá que armarse de paciencia hasta que pueda demostrar, con el paso del tiempo, quién es y cómo trabaja. Para entonces, ella estará de acuerdo con que la gente diga lo que piensa.

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