Capítulo II del libro de Mary Donaldson: 'el día que conocí al príncipe Federico'

Se estaban celebrando los Juegos Olímpicos de Sidney y una de las amigas con las que Mary compartía casa fue invitada a un local de moda para conocer a unos españoles que participaban en los Juegos.

Ese mismo día, Mary pensaba asistir a una fiesta de despedida en casa de un amigo que vivía en la misma calle pero, en el último momento, cuando iba en el taxi con las demás, decidió acompañarlas a conocer a los españoles.

Fueron a un bar llamado Slip Inn. Allí se produjo el encuentro. El grupo estaba compuesto por varios australianos; dos sobrinos del Rey de España; Federico, Joaquín, Nicolás de Grecia y Marta Luisa de Noruega. Mary no tenía la menor idea de quiénes eran. Media hora más tarde se le acercó una de sus compañeras de piso y le dijo: "¿Tú sabías que esa gente son el príncipe de tal y la princesa de cual?". En Australia no están muy acostumbrados a estos encuentros con la realeza, así que le sorprendió un poco. Pero la historia no pasó de ahí.

La muerte de la reina Ingrid
"Federico y yo empezamos a charlar y, sencillamente, no paramos. ¡Y eso fue todo! Una larguísima conversación que duró un año; catorce meses, para ser exactos".

El príncipe Federico y su hermano Joaquín salieron al día siguiente rumbo a Melbourne, pero no había transcurrido una semana, cuando la pareja volvía a encontrarse en una cena con sus amigos.

Después, Federico emprendió un viaje de seis semanas por Australia. Finalizado éste volvieron a verse con la intención de pasar una semana entera juntos. Era la única manera de conocerse un poco mejor, pero entonces el Príncipe recibió una llamada urgente desde Dinamarca. Su abuela, la reina Ingrid, estaba gravemente enferma. Federico, muy afectado, emprendió viaje de nuevo de inmediato. Pasaron medio día juntos en lugar de la semana que habían planeado.

"Todo fue especial"
No se puede hablar de un flechazo instantáneo, de que Mary supiera desde el primer instante que había encontrado al hombre de su vida. De hecho, según lo que cuenta en el libro, le cuesta definir con precisión ese momento. En parte, porque era mucha la distancia física que había entre los dos y muy pocas las ocasiones en las que podían encontrarse. Podía suceder cualquier cosa, pero no estaba claro que hubiera encontrado a la persona adecuada. "Eso requiere tiempo, hay que poner a prueba al otro, porque hay mucho en juego. Pero nos mantuvimos en contacto y cada vez que nos vimos avanzamos un paso".

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