No hubo forma de arrancarle una sonrisa
No fue posible, sin embargo, que éste sonriera. Más tímido y asustado que en otras ocasiones, en las que tuvo que valerse de una silla para ver la plaza, Nicolás de Dinamarca se mantuvo serio durante sus tres apariciones y ni sus padres, el príncipe Joaquín y la princesa Alexandra -en avanzado estado de gestación-; ni sus abuelos, la Reina y el príncipe Enrique; ni su tío, el príncipe heredero, Federico ,consiguieron arrancarle una sonrisa por mucho que se lo propusieron.
Tampoco ayudó que la reina Margarita lo levantara en brazos, ni que su abuelo intentara cogerlo cuando éste se empeñaba en agarrarse fuertemente al cuello de la Reina. No obstante, con su precioso trajecito de color azul y sus pucheritos de príncipe se convirtió en el centro de atención y, sin querer, robó todo el protagonismo a su abuela, la Reina, que, por otra parte, estaba absolutamente feliz de que así fuera.

El Príncipe ocupando el sitio número dos
A su lado y, también de muy buen humor, sus hijos y su esposo, al príncipe Enrique. Este último ocupando, de nuevo, el puesto [número dos]. Ese lugar del que, según sus mismas e históricas palabras, había sido relegado durante los actos oficiales de los últimos meses y que, al parecer, ha vuelto a recuperar después de haber superado una importante crisis de familia.

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