Se ha visto llorar a la princesa Claire, a la reina Paola, al rey Alberto II y, al final, el príncipe Laurent ha tomado el pañuelo blanco, con el que se había retirado previamente las lágrimas Claire Coombs, para hacer lo propio. El sacerdote les ha hablado de amor, del respeto como símbolo fundamental del amor; les ha enfrentado a la lucha diaria que tendrán a partir de ahora para avivar ese cariño que se profesan; ha alabado su espíritu comprometido con la naturaleza; les ha brindado la posibilidad de construir un futuro como pareja... Tanto ha dicho, y con tanta poesía, que a todos los asistentes les ha invadido una emoción incontrolada que se ha manifestado en lágrimas...

Complicidad del Príncipe con el oficiante
Otro detalle propio de un Príncipe poco convencional es el gesto que se le ha escapado, en mitad del discurso de Guy Gilbert, cuando el sacerdote francés se esforzaba por hablar en un flamenco lo más correcto posible. El Príncipe, tal vez creyendo que las cámaras no iban a captar ese cariñoso detalle, ha alzado el dedo pulgar, en señal de o.k, para indicarle a su amigo que sus palabras estaban siendo perfectamente entendibles.

La salida de la catedral ha estado amenizada por las campanas repicando y las salvas de los cañones dando un homenaje claro al Príncipe y su esposa. Aunque frío, el cielo despejado invitaba a celebración por todo lo alto. Un sol radiante iluminaba el mediodía de Bruselas. Entonces ha sido cuando el Príncipe, nueva sorpresa, se ha puesto unas gafas de sol negras. Y así ha salido al balcón del Palacio Real a saludar a los congregados. En su mano, además, seguía ese pañuelo blanco que tanto ha compartido la nueva pareja real durante la ceremonia religiosa...

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