Los romances reales que comenzaron en los Juegos Olímpicos

Desde el Rey y la Reina de Suecia hasta el príncipe heredero de Dinamarca y su bella mujer australiana

Durante una fiesta en los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972, el heredero de unos de los tronos más antiguos de Europa se fijó en una anfitriona oficial, una capacitada y fluida intérprete que hablaba cinco idiomas, y que estaba allí para cuidar de los invitados. Un encuentro casual que dio lugar a un matrimonio de amor duradero, del que él aseguraría más tarde a los reporteros: "Cuando la vi por primera vez dije 'clic' y ese 'clic' se ha mantenido desde entonces".

El cortejo entre el príncipe Carlos Gustavo, que más tarde sería el rey de Suecia, y la bella Silvia Sommerlath, con raíces brasileñas y alemanas, fue un espectacular ejemplo de que los Juegos Olímpicos fomentan las relaciones de amistad y la unidad entre naciones. Ha habido otros, como el príncipe Federico de Dinamarca y su princesa, la exejecutiva australiana Mary Donaldson, o la británica princesa Ana y el capitán Mark Phillips. Más recientemente, la comunidad olímpica veía desde un asiento privilegiado el romance entre el príncipe Alberto de Mónaco y su esposa Charlene, exnadadora, a pesar de que en realidad no se conocieron durante los Juegos.

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EL REY CARLOS GUSTAVO Y LA REINA SILVIA

Todo consumado competidor sabe que el camino hacia el premio final está a menudo plagado de obstáculos y dificultades, y esto puede aplicarse al amor. En el caso de la historia de amor de la realeza sueca, el mayor obstáculo era el protocolo de la corte. Hasta 1938 estaba prohibido para los príncipes suecos casarse con miembros que no fueran de la realeza por el decreto de sucesión, y, de hecho, cinco de los familiares de Carlos Gustavo habían perdido sus derechos al trono a causa de esta disposición. Incluso cuando fue derogada, su abuelo, el rey Gustavo VI Adolfo seguía la vieja escuela, dejando claro que iba a fruncir el ceño ante una unión de círculos ajenos a la aristocracia. Él murió en 1973, dejando a Carlos Gustavo, cuyo padre falleció cuando tenía un año, asumir su mando.

Él y su amada Silvia continuaron saliendo discretamente, pero los cortesanos ejercieron presión sobre el joven rey para que considerada casarse con una mujer de la nobleza sueca. En septiembre de 1974, en medio de muchas especulaciones, Silvia huyó a Montreal, aparentemente para prepararse para los Juegos Olímpicos que tendrían lugar dos años más tarde. La revista ¡HOLA! publicó: "En Canadá se vio rodeada por personas que le preguntaban interminablemente sobre su romance con el joven monarca sueco y si podía concentrarse plenamente en su trabajo".

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Carlos Gustavo se mantuvo fiel, al año siguiente autorizó a sus hermanas a hablar con los medios sobre su relación. "Está claro que mi hermano quiere resolver su romántico futuro y me atrevería a decir que ha encontrado a la mujer ideal para lograrlo", dijo su hermana, la princesa Brigitte. "Silvia es maravillosa, ella posee todas las cualidades para ser una esposa modelo".

Poco después, el Rey colocó el anillo de su difunta madre en la mano de Silvia y la presentó a la prensa como la futura Reina. Los periodistas le preguntaron por qué ella había captado su atención por encima de todas las demás, el monarca sonrojándose respondió: "Bueno, ella es Silvia. Lo puedes ver por ti mismo”. Algo que corroboró al verla deslizarse con gracia por el pasillo central de la catedral de Estocolmo con un vestido de Dior, que completó con el velo y la tiara que llevó su madre, convirtiéndose en una exquisita novia real.

La pareja, que ha tenido tres hijos y cinco nietos, vio cómo el círculo de su historia de amor se completó cuando su hija mayor, la princesa heredera Victoria se casó con Daniel Westling el 19 de junio de 2010, el 34 aniversario de la boda de Carlos Gustavo y Silvia.

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LA PRINCESA ANA Y EL CAPITÁN MARK PHILLIPS

En 1971, el año en que cumplió 21 años, la princesa Ana, la única hija de la reina Isabel, era una enérgica belleza de la aristocracia con el famoso sentido del humor de los Windsor. Su padre, el príncipe Felipe, también contaba con este gen. Sin embargo, lo que más impresionó a Mark, un graduado de la academia militar de Sandhurst, es que ella era una jinete de máxima categoría.

Ese año, la naturaleza competitiva de la princesa contribuyó a que ganara el campeonato European Eventing y el galardón de Personalidad del Año de BBC Deportes. El propio capitán Phillips fue parte del equipo británico que consiguió el oro en los Juegos Olímpicos de 1972 en Múnich.

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La capacidad de la Princesa para ver siempre el lado divertido salió a relucir durante el cortejo de la pareja y sus esfuerzos por evitar a los paparazzi. En una ocasión, Ana llevaba una peluca para recoger a Mark del aeropuerto. En otra, él conducía con ella escondida detrás del cuadro de caballo con sus monturas.

Durante su entrevista de compromiso en 1973, le preguntaron a Mark si se puso nervioso al tener que proponer matrimonio a una Princesa. Ana respondió: "Bueno, yo preferiría que cada vez que hablase o saliese conmigo, en realidad él no pensase en mí como una Princesa". Por su parte, su prometido, dijo: "El hecho de que la chica en cuestión sea una Princesa no la hace diferente en absoluto. Casarte con alguien es una cuestión muy personal y los dos tienen que sentirlo y es completamente natural”.

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La felicidad de la pareja en una boda de cuento de hadas era evidente. Posteriormente participaron en los Juegos Olímpicos de Montreal de 1976. Por desgracia, el matrimonio no duró. Tuvieron dos hijos, uno de ellos, Zara, también es jinete. Ella ganó una medalla de plata con el equipo británico en los Juegos Olímpicos de 2012, y su madre presentó su medalla.

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PRÍNCIPE FEDERICO Y PRINCESA MARY

El futuro rey de Dinamarca conoció a su mujer en un concurrido pub de Sídney, el Slip Inn, el 16 de septiembre de 2000, durante su visita a la ciudad con motivo de los Juegos Olímpicos, presentándose solo como "Fred".

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Una amiga de uno de los amigos de Mary, Beatrice Tarnawski, había organizado una noche informal para Bruno Gómez-Acebo, sobrino del rey Juan Carlos, que trajo consigo al príncipe Nicolás de Grecia, el príncipe Federico, que estaba con su hermano Joaquín, y Marta Luisa de Noruega. Mary, ejecutiva de una agencia de publicidad, no fue consciente de que se encontraba en compañía de sangre azul hasta pasados 30 minutos del encuentro con el grupo. Todos habían estado viendo al nadador Ian Thorpe lograr el récord mundial, por lo que aparentemente la conversación giró acerca de los méritos de este hombre.

Tres años después de este encuentro casual, la pareja se comprometió. Federico le dio a su prometida un diamante de talla esmeralda flanqueado por dos rubíes con los colores que reflejaban la bandera nacional de Dinamarca. Con motivo del 40 cumpleaños del Príncipe, se publicó un libro en el que habló de su romance. "Fue amor a primera vista", dijo Federico, el príncipe heredero de Dinamarca. "Tan pronto como la vi, sentí que éramos almas gemelas".

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Durante su boda ante cientos de invitados, se vio superado por la emoción. "Cuando nos estábamos casando fue muy, muy duro esconder las emociones, pero luego pensé: '¡Lo que sea!'", dijo Federico, que ahora tiene cuatro hijos con su mujer. "Todo el mundo lo estaba viendo, y, al mismo tiempo, dos personas que sabían que se amaban estaban de pie en el altar. Para mí, si la iglesia estaba llena o si solo había un único testigo en la última fila, el momento fue muy especial".

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INFANTA CRISTINA E IÑAKI URDANGARIN

Cuatro años antes de Sídney, durante los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, la hija del rey Juan Carlos, la infanta Cristina encontró el amor de su vida, Iñaki Urdangarin. La estrella de la selección nacional de balonmano, compitió en tres Juegos Olímpicos y tiene dos medallas de bronce. Cristina también había representado a España como miembro del equipo de vela en los Juegos Olímpicos de 1988 en Seúl. En 1997, el rey Juan Carlos acompañó a su hija en una boda que brilló en Barcelona.

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La pareja fijó su residencia en Barcelona y tuvo cuatro hijos: Juan Valentín, Pablo Nicolás, Miguel e Irene. En 2013 se trasladaron a Suiza, concretamente a Ginebra, donde la infanta Cristina se encarga de gestionar y coordinar los programas del Área Internacional de la Fundación la Caixa con las diversas agencias de las Naciones Unidas que tienen su sede en Suiza. En los últimos años, el matrimonio ha estado envuelto en el caso Nóos.

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PRÍNCIPE ALBERTO Y PRINCESA CHARLENE

La boda del príncipe Alberto y la princesa Charlene en el verano de 2011 fue un gran acontecimiento con decenas de miembros de la realeza, incluyendo varios Reyes. Pero no fueron solo las agendas de las Familias Reales europeas lo que la pareja tenía en mente cuando fijó el día. Alberto y Charlene en realidad cambiaron su fecha original, adelantándola varios días, para evitar coincidir con una reunión de "nuestros amigos de la familia Olímpica".

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Ahora, son padres de los mellizos, Gabriella y Jacques. La pareja tuvo su primera cita diez años antes, en la competición Mare Nostrum celebrada en el principado, cuando la nadadora sudafricana Charlene tenía solo 22 años. Alberto era un entusiasta deportista que había competido en bobsleigh durante cinco Juegos Olímpicos de invierno consecutivos, y la pareja congenió.

"Fue muy halagador", dijo Charlene a Vogue. "Después de verme nadar, Alberto pidió permiso a mi mánager para salir conmigo. Pasamos toda la noche riendo y hablando”.

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Debido a su relativa juventud y al hecho de que Charlene todavía estaba compitiendo -incluso en los Juegos Olímpicos de Sídney en el año 2000- pasaron cinco años antes de que volvieran a contactar y comenzaran una relación en serio.

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"Nuestra primera aparición pública fue en los Juegos Olímpicos de Turín en 2006. Alberto me tranquilizó", recordó más tarde Charlene hablando de esta aparición ante los focos. "Estaba claro que compartíamos las mismas pasiones; los dos nos emocionamos al ver a los atletas. El deporte es el denominador común de nuestras vidas".

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