Nos acercamos a la historia de la legendaria joyería Mellerio dits Meller, a la sazón la más antigua de París y posiblemente del mundo. Desde María de Médici a la reina Máxima de Holanda, las Casas Reales europeas han tenido siempre una especial querencia por las joyas creadas por la familia Mellerio. El origen de esta estirpe de joyeros se remonta al siglo XVI y no se halla en tierras galas sino en Italia. Allí encontramos a los primeros Mellerio, oriundos de la villa de Craveggia, cerca del Lago Maggiore. Por causas económicas, los habitantes de esta zona de Italia emigraban por aquel entonces de forma temporal a Alemania y Francia. Entre ellos se encontraban los Mellerio que se dedicaban a partes iguales al deshollinado y a vender pequeños ornamentos elaborados con materiales humildes.

 

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Así discurriría casi un siglo hasta que en 1613 se produciría un acontecimiento que cambiaría la suerte de la familia para siempre. Un joven deshollinador italiano escucharía, mientras trabajaba en el Palacio del Louvre, a un grupo de nobles conspirando para asesinar al rey Luis XIII. Alarmado por la gravedad de la información que había obtenido casi por casualidad, el muchacho se dirigió al consejo de la comunidad lombarda en París al que puso al tanto de los planes de regicidio. Jean-Marie Mellerio, que ocupaba un puesto en el consejo, no dudó un instante en ponerse en contacto con María de Médici, la madre del Rey, de origen italiano. El complot fue así desvelado y el atentado contra la vida del monarca abortado en el último momento.

La reina María, como no podía ser de otro modo, se mostró enormemente agradecida a los inmigrantes lombardos, y especialmente a los Mellerio. El 10 de octubre de 1613 la Monarca concedió a esta familia el privilegio de vender en exclusiva en todo el Reino de Francia y bajo la protección del Rey objetos de cristal y otras piezas decorativas. La historia de la joyería Mellerio dits Meller (que traducido significa literalmente ‘Mellerio dicho Meller’) había comenzado.
La calidad de los productos de los Mellerio hizo que su fama creciera y que el privilegio real se renovara en 1645, 1716 y 1756. Además la joyería tuvo desde el inicio una gran visión empresarial, basada en cuatro principios: el respeto a las tradiciones, a la familia, la fe en la religión y la defensa de Francia sin olvidar sus raíces transalpinas. Esta filosofía permitió que la empresa se mantuviera impertérrita ante problemas políticos y económicos de Francia. Este espíritu de rectitud se mantiene hoy en día. El moto de la empresa es “Bene Agendo No Timeas”, es decir “Actuando bien no hay que temer nada”.

 

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Entre los miembros de la familia que más destacaron se encuentra François (1772-1843), que llegaría a ser distinguido como caballero por el Emperador de Austria, y que apuntalaría a la firma como sinónimo de calidad y lujo extremo en Europa. Las crónicas le describen como un hombre de fascinante personalidad. Entre su clientela se encontraban María Antonieta, la emperatriz Josefina, Charles Maurice de Talleyrand, las Reinas de Bélgica, Suecia y Gran Bretaña, así como incontables miembros de la aristocracia rusa, alemana e italiana. Junto con su hermano Jean-Jacques (1784-1856) fue capaz de que su joyería afrontara indemne los momentos más turbulentos de la historia francesa, esto es la Revolución en 1789, la Monarquía de Julio y los Cien Días. Cuando François Mellerio falleció en 1832 la compañía familiar que heredaron sus hijos Jean-François (1815-1886) y Antoine (1816-1882) se había convertido en definitiva en una de las joyerías más importantes del continente. De hecho, era habitual que los visitantes de postín de la capital francesa acudieran a la joyería, situada en el 9 de la Rue de la Paix, para admirar, y acaso adquirir, alguna de sus preciadas piezas.

Sin embargo, los hijos de François no se dormirían en los laureles sino que seguirían no sólo creando joyas de gran valor sino dignificando la profesión joyera. Así los Mellerio fueron claves en la creación del Gremio de Joyería francés. Asimismo en este periodo se produciría una revalorización de las joyas creadas previamente a la Revolución Francesa, lo que favorecería el negocio de los Mellerio de forma notable. Especialmente importante en estos años es la apertura de una sucursal en Madrid en 1850, con el nombre de Mellerio-Hermanos. La firma se haría igualmente muy conocida en España, ya que se los Mellerio se convirtieron en los joyeros preferidos de la reina Isabel II y de la futura Emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo. Entre las obras maestras creadas para la corte española destaca la tiara de diamantes en forma de conchas y perlas que recibiría la infanta Isabel de su madre, la Reina. De esta época data igualmente la famosísima diadema Mellerio que luciera la reina Margarita Teresa de Saboya al casar con el príncipe Humberto. Esta espectacular pieza había sido adquirida por el rey Víctor Emmanuel II durante la exposición universal de París de 1867 y está considerada como una de las grandes obras maestras de la joyería, una suerte de exaltación poética del estilo naturalista en boga en esos momentos.

 

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A finales del siglo XIX sería la corte holandesa la que encargaría piezas icónicas a los Mellerio. Así en la Navidad de 1888 el rey Guillermo III regalaría a la reina Emma, su esposa, un fabuloso juego de piedras preciosas, compuesto con 36 rubís de máxima calidad, y que hoy en día aún se puede admirar cuando la reina Máxima de los Países Bajos lo luce en ocasiones excepcionales

Ya en el siglo XX, de la mano de Charles Mellerio (1879-1978) la firma se diversificaría, convirtiéndose en una importante fabricante de objetos religiosos —entre los que destacan la corona y la espada de San Miguel en el Monte Saint-Michel o la corona de la Virgen de Lourdes— y de trofeos deportivos, como la copa de Roland Garros, la mítica Copa de los Mosqueteros o el Balón de Oro.

 

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En 2004 la firma creó su propio diseño de joya, el llamado Corte Mellerio, compuesto de 57 caras en forma de óvalo. En los últimos años la firma Mellerio no ha faltado a la cita de la alta costura en París. Coincidiendo con el 400 aniversario de la firma el año pasado, la firma francesa rindió tributo a su primera gran clienta, la reina María de Médici, con una colección de haute joaillerie creada por la famosa diseñadora canadiense Edéenne formada por dos collares y un par de pendientes. El collar Dentelles de Lys, en el que un diamante amarillo toma el protagonismo del conjunto, el collar Éclats de Lys, que presenta ocho posibles posiciones y que incluso puede ser usado como brazalete y finalmente los pendientes a juego con el primero de los collares. Con tiendas en Japón —en 1993 la princesa Masako recibió de su padre como regalo de boda un reloj Mellerio— y Estados Unidos, la firma sigue expandiéndose y acrecentando su leyenda.

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