Eduardo Martínez Somalo: cabeza de la Iglesia y regente del Vaticano

Tal y como estaba previsto, y según confirmó la Conferencia Episcopal nada más fallecer Juan pablo II, el Vaticano ha quedado en manos del cardenal español Eduardo Martínez Somalo. El hombre que estará al frente de la Santa Sede hasta que sea designado el sucesor de Juan Pablo II, fallecido el pasado sábado.
Licenciado en Teología y Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, Somalo fue ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1950, tras lo cual ejerció su ministerio en su diócesis de Calahorra y La Calzada (La Rioja), su tierra natal. Siguió su carrera y sus estudios en la Pontificia Academia Eclesiástica y en la Pontificia Universidad Lateranense y se doctoró en Derecho Canónico en agosto de 1956. Fecha en la que, con sólo 39 años de edad, se incorporó a la Secretaría de Estado de la Santa Sede. En 1993, Wojtyla le nombró camarlengo -jefe de la cámara apostólica-, un puesto de máxima confianza. Desde entonces, gracias a su discreción, fidelidad y capacidad de trabajo, se ha acreditado como uno de los pilares fundamentales de la Iglesia romana.

Figura de enorme peso en el Vaticano
Somalo ha ejercido a lo largo de su vida eclesiástica funciones de gran responsabilidad política con cinco papas: Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, y tiene un enorme conocimiento de los asuntos de la curia. Por ello, el cardenal español ha sido calificado como un funcionario diplomático de alto nivel y una figura de enorme peso en Vaticano.
Las responsabilidades del cardenal español, comenzaron en el mismo momento en que el Papa falleció. Él fue responsable de llamarlo tres veces por su nombre de pila para verificar que había muerto y pronunciar la frase "vere vere papa mortus est (en verdad el Papa está muerto)". También el de realizar los pasos más simbólicos del fin de un pontificado: retirar el anillo del Pontífice, destruirlo junto al sello papal, y cerrar con lacre los dormitorios privados del Pontífice con una cinta que lleva estampada el escudo Vaticano.

Poder limitado
Ha sido su firma, por lo tanto, la que ha quedado estampada en el acta de deceso de Juan Pablo II y, también, en la preparación de las exequias ya que, como camarlengo, está a cargo de los funerales y de las ceremonias de duelo y despedida del Pontífice.
No obstante, y aún siendo la cabeza de la Iglesia en este momento, su poder está limitado ya que las leyes eclesiásticas actuales no pueden ser corregidas ni modificadas por él. Sin embargo, su influencia puede ser decisiva en el próximo cónclave ya que, según la nueva Constitución Apostólica promulgada por Juan Pablo II, será el encargado de proponer que el próximo Papa sea elegido por mayoría simple y no por los dos tercios de los votos si, después de 30 votaciones, los cardenales no logran resultados.

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