Federico y Mary no se vieron en los tres meses y medio que siguieron a la muerte de la reina Ingrid. Él necesitaba despedirse de su abuela. La pareja mantuvo un estrecho contacto en la distancia y Mary, que ya sabía lo que era perder a un ser querido, le ayudó a sobrellevar aquel dolor. Aquella relación desde lejos fue, sin embargo, acercándolos más y más. Como ella misma lo define, 'no es posible ocultarse detrás de las palabras'. En aquellas cartas no hablaban mucho del trabajo de Federico que trataba de protegerla y no quería asustarla.

La primera vez que Federico fue a visitarla, para pasar con ella dos semanas, Mary estaba tan nerviosa que ni siquiera pudo entrar al aeropuerto a buscarlo. Viajaron en coche y se alojaron en casa de unos amigos junto a la playa. Todo fue a las mil maravillas.

Su siguiente encuentro fue en Europa. En Caix, Mary conoció a algunos amigos de Federico. Viajaron durante dos semanas. En ese momento se dieron cuenta de que necesitaban pasar más tiempo juntos, pero ignoraban cómo hacerlo. La única solución era que Mary se trasladara a Dinamarca. Era un gran paso y había muchas cosas en juego, pero valía la pena intentarlo.

'Partí libre como un pájaro. No estaba segura al cien por cien del desenlace final, pero sabía que aquello era algo que tenía que hacer'. Cuando Mary se decidió a dejar Australia, en un primer momento fue a casa de su padre en Inglaterra y después pasó un tiempo en París, porque no quería ir directamente a Dinamarca. Era un poco precipitado y ambos preferían tomárselo con más calma, ya que el tiempo que pasaban juntos era tan intenso que veían absolutamente necesario ir introduciendo paulatinamente algo de normalidad en su día a día.

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