El príncipe Harry llena de rugby el corazón de África

Algunos dicen que llegó al corazón de África para limpiar la imagen de playboy de la noche, que en los últimos tiempos se reproducía hasta la saciedad en la prensa de su país; otros apuntan a un paso más en su formación integral (su hermano Guillermo, también vivió unos intensos meses sabáticos en el continente africano). Sea cual sea la motivación última de estos meses trabajando como voluntario en un orfanato rural de Lesoto, lo cierto es que el príncipe ha demostrado estar a la altura de las circunstancias. Ha asumido sus obligaciones en la Casa de Niños Mants'ase de Mohales Hoek y ha aportado ideas y actividades para dar más vida a todos esos niños y adolescentes, asolados por la enfermedad y las carencias afectivas y económicas.

El rugby como terapia
Al príncipe Harry se le ocurrió organizar un partido de rugby en el que participaran muchos de los niños del orfanato. No importaban las equipaciones poco ortodoxas. Lo principal era vivir con pasión el juego. Y eso hizo el propio Harry que actuó de jugador y entrenador, que corrió de un lado a otro del improvisado campo y gritó con fuerza indicando jugadas a los pequeños que se reían constantemente. No cabe duda, que al príncipe le caló muy hondo el triunfo de Inglaterra en esta disciplina deportiva en la Copa del Mundo.

Harry contó con una ayuda excepcional: una pequeña de once años que, ataviada con un vestido rosa de flores, luchó cada balón con furia. La niña se rió al asegurar a los medios que Harry le parecía: "guapo y divertido".

Sin duda, el príncipe se sentirá muy orgulloso de sí mismo. Está trabajando por una de las causas más queridas de su madre; está contagiando sonrisas a los rostros de los auténticos desheredados: los niños africanos afectados por el sida. Tal vez, al ver el coraje de estos pequeños el príncipe se sienta más fuerte para enfrentarse con las tormentas informativas que enturbian su vida familiar.

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