Ríos de tinta, nunca mejor dicho, ha vertido sobre el papel, uno de los inventos más populares del siglo XX: el bolígrafo.

Fue el barón Marcel Bich que, con gran visión de futuro, supo apreciar el enorme talento creativo del inventor austriaco Friedrich Schaechter y extendió, y comercializó por todo el mundo, una nueva versión de la patente que hiciera, en 1938, el periodista húngaro Laszlo Biró, aunque mucho más cómoda y económica.

Así, el popular objeto, que puede llegar a escribir hasta 5 kilómetros de palabras, se convirtió en un instrumento totalmente accesible para la sociedad. Y es que Marcel abarató su precio de los 100 dólares iniciales, durante la década de los años 40, a 4 ó 5 dólares, gracias al empleo de unos materiales mucho más asequibles, a la vez que ligeros.

Bic naranja, Bic cristal
Fue el principio del éxito. Marcel Bich, el gran visionario del siglo XX, convirtió su marca, Bic -derivada de la pronunciación de su nombre-, en una de las más conocidas de todo el planeta y logró batir el récord de consumo de 15 millones de bolígrafos por día.

De inconfundible perfil aristocrático y gusto refinado por lo tecnológico, Marcel hizo de la vida fácil y cómoda su meta y, aunque los principios no fueron fáciles -antes de saborear el éxito tuvo que trabajar como vendedor a domicilio de ropa interior y otros objetos-, su espíritu de superación no se vio truncado nunca, ni siquiera tras el estallido de la SGM (Segunda Guerra Mundial). Bic naranja y Bic cristal, sus dos grandes creaciones, conquistaron los mercados de Europa, África y Nueva Zelanda. Y, después, los del mundo entero. Era su sueño. Y lo logró.

Apasionado del mar
Pero el infatigable navegante -la vela era su otra gran pasión- surcó otros mares. Además de los populares bolígrafos, rotuladores, lápices, marcadores fluorescentes y portaminas comercializó un sinfín de cachivaches, al margen del mundo de la papelería, que facilitarían la vida cotidiana de millones de personas. Entre ellos, el mechero y la maquinilla de afeitar desechable.

Después de sus innumerables victorias en las regatas de la vida, a lo largo de sus 80 años, Marcel atracó -esta vez, para siempre- en 1994 y dejó a su numerosa familia -se casó tres veces y tuvo once hijos- una fortuna cercana a los 600 millones de euros, aproximadamente unos 100 mil millones de pesetas.

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